Opinión Editorial


Twitter, Musk y Latinoamérica


Publicación:14-05-2022
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El potencial "efecto Musk" en cómo se use Twitter en una región donde la desinformación y la mentira pululan sin mayor contrapeso y control en redes sociales

La metáfora de la Torre de Babel explica en gran medida lo que le ha sucedido en la última década a muchas sociedades alrededor del mundo -empezando con Estados Unidos e incluyendo a México- y las naciones fracturadas en las que ahora habitamos. El surgimiento y peso de las redes sociales constituye, sin duda, uno de los factores -ciertamente entre muchos otros- que han contribuido a esa fragmentación y polarización sociales e ideológicas en la esfera pública. Se trata de la ruptura, de todo y entre todos. El resultado es que hoy pareciera que todos estamos desorientados, habitando compartimientos estanco separados, incapaces de hablar el mismo idioma, de identificar lo que nos une y reconocer la verdad. Hoy estamos tribalizados, balcanizados.

Por ello, la decisión de Elon Musk de buscar comprar Twitter ha desatado un vendaval de preocupaciones y debate en torno a lo que ello implica, desde su decisión de impulsar la libertad de expresión por encima de todo hasta el potencial regreso de Donald Trump -expulsado (Musk discrepó con la decisión) después de su intentona sediciosa del 6 de enero de 2021- a la red social. Musk se presenta a sí mismo como un libertario, defensor de la libertad de expresión, decidido a tomar medidas enérgicas contra una gestión de Twitter que él cree modera el discurso hasta el punto de la censura y suprime ciertos puntos de vista políticos. Pero su postura podría crear nuevas incertidumbres sobre todo fuera de EE.UU, en donde está la gran mayoría de la base de usuarios de Twitter.

De todas las regiones del mundo, Latinoamérica pesa poco en el radar de Musk, pero éste poseerá y dirigirá una red social clave que define en buena medida la narrativa política de la región. Ello podría tener consecuencias importantes en naciones donde las redes sociales han sido usadas desde el poder para manipular, desinformar y acosar. No es coincidencia que la adquisición de Musk fuera celebrada y aplaudida por Nayib Bukele vía su cuenta de Twitter y que Andrés Manuel López Obrador -que en su momento criticó que Trump fuese expulsado de la plataforma- haya declarado que espera que Musk garantice que no haya censura. Y es que en las últimas décadas, líderes latinoamericanos han construido grandes redes de manipulación en redes sociales. Hugo Chávez construyó una de las cuentas de Twitter con el mayor número de seguidores en el mundo, y dejó un legado de censura, control y manipulación de las redes sociales que continúa hoy en Venezuela. En México, Enrique Peña Nieto recurrió a granjas de botnets para manipular la narrativa pública; luego, López Obrador lo superaría con sus redes de bots hostigando 24 horas al día a sus críticos y opositores y operando a tope y con eficacia.

Bolsonaro, Bukele y Lopez Obrador siempre han entendido que una mentira potente es más atractiva y memorable que una verdad aburrida. Musk ha dicho que está obsesionado con la verdad y que eso es lo que lo motiva al encarar el reto de encabezar una plataforma como Twitter. El problema sin embargo es, como apuntó Timothy Snyder, que el momento en el cual en una sociedad la verdad se vuelve oracular en vez de fáctica, la verdad y los datos duros se vuelven irrelevantes. El potencial "efecto Musk" en cómo se use Twitter en una región donde la desinformación y la mentira pululan sin mayor contrapeso y control en redes sociales es sin duda preocupante.



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Arturo Sarukhán

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