Opinión Editorial
Somos migrantes
Publicación:22-09-2022
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Cuando escuchamos la historia de Monterrey podemos comprender que todos somos migrantes en alguna forma
Nací en Nuevo León en el año de 1983, pero tengo sangre migrante en mis venas. Mi familia viene en parte de San Luis Potosí, mi madre ha vivido más años en Nuevo León que en su estado natal. Según la Constitución de Nuevo León mi madre es neolonesa porque ha vivido aquí más de dos años, en realidad ha sido medio siglo.
Al igual que mi madre muchos padres y madres de otras personas han tenido que migrar a Nuevo León por ser un centro de gran calidad educativa y por ser un espacio de oportunidades laborales, además es lugar de paso para quienes intentan obtener posibilidades legales o lamentablemente ilegales para llegar a EUA.
Las personas migrantes sufren distintas situaciones que yo no he tenido que atravesar porque siempre tuve un lugar al que llamar hogar, ellas son personas admirables que luchan aún sin nada en sus manos, son capaces de viajar con los bolsillos vacíos, de forjarse un futuro de la nada, solo con un sueño, solo con la necesidad, quizás con hambre, sed y sueño pero con fuerza para continuar.
Hace 426 años familias migrantes llegaron a fundar la ciudad de Monterrey, no habían nacido aquí, no tenían certeza de la suerte que les deparaba, pero tomaron el riesgo, gracias a esas migraciones existimos nosotros y poblamos este lugar, gracias a todas las personas migrantes nuestro Estado tiene la grandeza que ahora es reconocida en todas partes.
Cuando escuchamos la historia de Monterrey podemos comprender que todos somos migrantes en alguna forma, quizás nuestras madres, abuelas o bisabuelas, quizás nuestros padres, abuelos o bisabuelos, también es muy probable que nosotros mismos seamos migrantes.
La migración es un fenómeno natural, sucede en todo el planeta por diversas situaciones económicas, climáticas o políticas. Nuestro país es un referente internacional, ya que ha recibido a refugiados en situaciones complicadas. El nuestro es un país de brazos abiertos, de mucho corazón y humanidad.
Nuestro país ha visto siempre con buenos ojos a los migrantes y les ha permitido establecer sus industrias. Considero que es labor de todas y todos los funcionarios honrar ese orgullo patrio, esa vocación de recibir a todas las personas y tratarlas con dignidad. Las personas migrantes son parte nuestra.
Cuando nosotros visitamos tierras extranjeras queremos ser bien recibidos, por lo tanto debemos ofrecer lo mismo a quienes llegan a nuestras tierras. La transformación verdadera implica forzosamente mirarnos en los ojos ajenos, apoyar y acompañar, no es nada complicado es finalmente cuestión de humanidad.
« Jessica Martínez Martínez »



