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Opinión Columna


Respuestas ante la angustia


Publicación:10-04-2019
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La angustia es una experiencia que toca lo más íntimo del ser, su seguridad, mostrándonos nuestra condición

El cuerpo es un regalo del lenguaje
Jacques Lacan

Mientras que médica, psiquiátrica y psicológicamente, la angustia es catalogada como una disfunción, un trastorno anímico que expresa un mal funcionamiento de los afectos, con tendencia al aumento o a la disminución, sea el caso; la clínica psicoanalítica considera a la angustia como una experiencia humana que cumple una función de señal, es decir, la angustia posee una cualidad para cada persona; investigar tal función de sentido singular, posibilita construir formas creativas de respuesta ante la misma.


La angustia es una experiencia que toca lo más íntimo del ser, su seguridad, mostrándonos nuestra condición: ser seres paradójicos, construidos en torno a un vacío. Los humanos no disponemos de un único organizador como en el caso del resto de los animales, hemos perdido nuestra sincronía directa con la naturaleza, ante tal perdida de referencia debemos inventar nuevos referentes. “Todos nosotros somos GPS ambulantes, corregimos rutas a cada segundo” (Jorge Forbes)


No obstante nos constituyen células –ser seres de tierra, de polvo, dirá la tradición religiosa- los humanos somos seres sobre todo culturales, confeccionados a través del “impacto” que el lenguaje produce en nuestros cuerpos, de ahí que vivamos tomados y afectados por las palabras, ellas nos amplifican y extienden horizontes, además de enredarnos y colocarnos permanentemente en el contexto del mal-entendido. Sin embargo las palabras también poseen un límite, por más que se hable y se hable, algo siempre se escapa, quedando imposible de nombrar. Precisamente esa es la experiencia de la angustia: experimentar los límites de las palabras, algo se suscita más allá de las mismas, toma el cuerpo, lo toca, lo afecta. De ahí el estremecimiento del cuerpo, el latido apresurado del corazón, la sudoración, el hueco en el estómago…


Al recibir un diagnóstico de una grave enfermedad, por ejemplo, además de conocer el nombre de dicha entidad o condición padecida, el pronóstico y tratamientos posibles, se recibe algo más, un reto. Algo irrumpe cambiando la temporalidad de la vida; algo extraño habita el cuerpo, ¿Cómo dar sentido a ese extraño, a ese malestar e intentar subvertir sus efectos? Cada cuerpo es un personaje extraño para quien se siente dueño de su cuerpo. El yo no es amo en su casa –exclamó Freud. Eso mismo bien podría aplicarse al cuerpo, tenemos un cuerpo más no somos los propietarios del control del cuerpo, de su irreversibilidad, de su finitud. De ahí que la muerte y el luto, como el amor y el enamoramiento, sean experiencias que nos rebasan y trascienden, nadie elige de quien enamorarse, cuándo comenzar o terminar de vivir. ¿O sí?


Existen muy variadas respuestas ante la angustia, unas quizás mejores que otras, según los efectos y la apreciación de cada quien. Veamos algunas: alguien ante la angustia padecida, puede responder con enojo, culpando a los demás de sus calamidades, haciéndolos responsables eternos de lo que le sucede, colocándolos en una posición de deudor; otros, intentan cerrar filas ante lo sucedido, estableciendo un modelo basado en el control, medición y monitoreo de las contingencias, pretender con ello no volver a padecer eso que sorprende y se escapa, “que no tiene nombre ni nunca tendrá” (Chico Buarque) estar vigilantes; como los que asumen todo desde una posición de sacrificio constante, pensando que al sufrir permanentemente, la vida y sus contingencias, serían más benevolentes con ellos, solo por el hecho de sufrir para ganar puntos, una especie de fuero, de inexistente protección; y están los de espíritu artístico –que no quiere decir que sólo sean los llamados formalmente artistas-sino las personas que ante la angustia, reconocen una experiencia fundamental de vida, parte de la condición humana, que no es posible desterrar del todo, y que su función es la de señalar que algo pide modificarse, que algo está des-conectado en relación al deseo que habita; de ellos –podemos decir- es el reino de la sorpresa y lo contingente, de la creatividad y transformación constantes, de la pérdida de un único referente, para estar listos a múltiples posibilidades y caminos
camilormz@gmail.com

 



« Redacción »
Camilo Ramírez Garza


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