Opinión Editorial
¿Qué, les digo a mis hijas y nietas que las matarán?
Publicación:24-04-2022
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Todo parece fútil junto al drama que estamos viviendo. Todo ese odio que emana de la clase política mexicana, francamente da náuseas
Solo la escucho.
No sé qué más hacer.
No sé cómo responder a su pregunta.
Ha caído una nube de pesadumbre sobre el ánimo de ella (y el mío).
Una niebla oscura y pesada que se extiende hacia miles de personas a través de las redes sociales: el caso de Debanhi,
la joven levantada y luego asesinada en Nuevo León, nos ha sacudido —otra vez— la conciencia.
Nos ha sacado de esa postración colectiva que normaliza la violencia feminicida, las muchas violencias cotidianas contra las mujeres, en este país tan macho y misógino que cada vez debe avergonzarnos más porque, de muchas maneras, avala lo inadmisible. Y lo hace cotidianamente, nueve o diez veces al día, porque ese es el infame promedio diario nacional de mujeres víctimas de feminicidios y homicidios dolosos en este México del 2022.
Con la mirada tristísima, con los ojos inundados de lágrimas, con el semblante abatido, me vuelve a repetir mi amiga Valentina:
—¿Qué les digo a mi hija y mis dos nietas? ¿Qué les digo, que un día las matarán?
Silencio.
"¿Qué les digo a mis nietas cuando crezcan? ¿Qué tal vez una madrugada terminen como Debanhi, vejadas, golpeadas, aterrorizadas, asesinadas, tiradas y hundidas en una cloaca? ¿Qué les digo a mis nietas, eh? ¿Que no vayan a una fiesta con sus amigas? ¿Qué ahí habrá hombres que abusarán de ellas y que nadie podrá impedirlo? ¿Que no se suban y luego bajen de un taxi si el chofer del mismo intenta manosearlas, que se aguanten? ¿Qué en este país no pueden esperar a la vera de un camino a que alguien las lleve sin peligro, otro taxi, porque algún monstruo vendrá a exterminarlas de la forma más horrenda sin que nadie lo impida?".
Silencio.
"¿Sabes?, esta mañana quise tuitear algo hermoso, algo positivo, algo gracioso, algo estimulante hacia el fin de semana, quizá un tuit sobre la Fiesta del Libro y la Rosa, que este weekend regresa de forma presencial en el Centro Cultural Universitario de la UNAM, y no pude. Simplemente no pude. Sentí que no tenía derecho a gozar nada frente al dolor de los padres de esa joven. Así la losa, el sepulcro emocional…"
Silencio.
"¿Qué les digo a mis nietas? ¿Que en México siempre vivirán con miedo, que un día alguien de su entorno familiar o amistoso puede abusar de ellas? ¿Qué en la escuela y en la prepa y en la universidad y luego en el trabajo las acosarán sexualmente? ¿Qué un día un novio o esposo las puede golpear, vejar, humillar, violar? ¿Qué en sus trabajos las menospreciarán por ser mujeres y que les pagarán menos? ¿Qué las agobiarán mentalmente hasta hacerlas dudar de ellas mismas?".
Silencio. Me mira como implorando que la ayude a terminar con una tiranía que es visible porque ahí está, en decenas de historias cotidianas, en las cifras que avergüenzan porque dan cuenta de miles de mujeres asesinadas, pero es incontenible porque está agazapada en la invisibilidad de una sociedad cómplice del impune machismo que la corroe.
Hoy, al ver una y otra vez las noticias sobre la desgracia de Debanhi, que será la de 240 o 270 mujeres al terminar abril, la de alrededor de tres mil 240 mujeres al acabar este año, la de 3,240 familias mutiladas cuando concluya 2022, y tal como le sucede a mi amiga, todo parece gris. Todo parece fútil junto al drama que estamos viviendo. Todo ese odio que emana de la clase política mexicana, donde unos tachan de traidores a la patria a otros, y esos otros les llaman fascistas a los unos, francamente da náuseas por la insensibilidad que exhiben y esparcen.
Cuánto dolor, cuánta desesperanza.
Correo: [email protected]
Twitter: @jpbecerraacosta
« Juan Pablo Becerra-Acosta »




