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Opinión Columna


¿Qué hay detrás de ISIS en Sri Lanka?


Publicación:28-04-2019
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Esas otras víctimas, las de los efectos psicosociales, no parecen ver el final de la historia, aunque políticos como Trump sigan declarando la victoria.

 

Hay una guerra de narrativas. Una de las partes (Trump), indica que ISIS ha sido derrotada. La otra parte en cambio, ISIS, busca transmitir que goza de buena salud, que está en todas partes y que cualquiera de sus enemigos es una víctima en potencia. Ninguno de estos relatos es materialmente correcto. Sin embargo, esta es una pugna psicológica, que tiene mucho más que ver con cómo se habla, cómo se transmiten los mensajes, qué contenido tienen y cómo los sienten las audiencias que los reciben. El día de su toma de protesta, Trump se comprometió a "erradicar" al terrorismo de la faz de la Tierra. El haber concluido la labor de arrebatar a ISIS el territorio que controlaba en Irak y en Siria es sin duda un avance que él necesita mantener comunicando y explotando. El problema es que ISIS desea comunicar precisamente lo contrario.


Primero, pensemos en el aspecto material, tanto de ISIS como de los ataques de Sri Lanka. Sabemos que ISIS llegó a controlar una tercera parte de Irak y la mitad de Siria. Sabemos también que ISIS ha perdido ya el 100% de ese territorio. No obstante, incluso tras sus derrotas, esa organización hoy conserva unos 20 a 30 mil combatientes en su centro operativo (Siria/Irak) desde donde, por cierto, se mantiene cometiendo atentados (18 solo en las primeras tres semanas de abril en esos dos países), además de operaciones en unas 26 naciones.


Luego, si revisamos los ataques de Sri Lanka desde el punto de vista táctico, es en efecto impensable que un grupo local casi desconocido y con ninguna experiencia en la ejecución de atentados terroristas coordinados, simultáneos y de semejante magnitud, hubiese podido hacer lo que hizo sin apoyo de una organización internacional precisamente como ISIS.


Dicho lo anterior, sin embargo, lo que sabemos es que estos atentados fueron perpetrados por ciudadanos de Sri Lanka, no por extranjeros y que, por tanto, el involucramiento real de ISIS está por determinarse.


Con todo, la parte esencial va más allá de las siempre lamentables víctimas directas e indirectas, y lo ocasionado a Sri Lanka. Al reivindicar los ataques, ISIS consigue posicionar de manera efectiva el mensaje de que sigue viva, con capacidad de dañar, incluso en esos países en donde anteriormente no había atacado. Como lo hemos explicado, esto consigue un doble efecto. De un lado, se propaga un estado de terror que viaja lejos de Sri Lanka y que logra un sentimiento de vulnerabilidad y de víctimas en potencia en decenas de países, lo que genera presiones psicológicas e incluso políticas entre distintas sociedades. Del otro lado, ISIS consigue proyectarse como vigente y relevante, como una organización que resiste ante el embate de coaliciones de países y superpotencias pues la jihad que representa está destinada a sobrevivir ante sus enemigos. Este mensaje es muy atractivo para sus seguidores.


En efecto, mucho se ha escrito acerca del terrorismo, de sus motores y causas, y acerca de potenciales estrategias para combatirle. Pero de todo, quizás lo más importante es entender el funcionamiento de este tipo de actos comunicativos cuyo objetivo es provocar impactos en la psique colectiva de sociedades enteras, tanto las directamente afectadas, como otras mucho más alejadas, a quienes, como escribe Zimbardo, el monstruo se les ha colado en la alcoba, en el armario, bajo la almohada. Esas otras víctimas, las de los efectos psicosociales, no parecen ver el final de la historia, aunque políticos como Trump sigan declarando la victoria.


Twitter: @maurimm



« Redacción »
Mauricio Meschoulam

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