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Opinión Columna


¿Qué debo hacer con eso?


Publicación:30-01-2019
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Pregunta que demanda necesariamente, la inclusión de quien pregunta, su implicación creativa.

¿Qué debo hacer con eso? Pregunta que a menudo es expresada por más de una persona. Si nos detenemos un momento a analizarla, de entrada evidencia varias cosas sobre nuestra condición humana: por un lado, la imposibilidad de saberlo todo, de explicarlo todo, al tiempo que la multiplicación –por no decir explosión- de infinitas opciones, de ahí que se produzca la duda, la indecisión, e incluso hay quien puede experimentar un bloqueo ante tantas alternativas, “¡De tantas opciones ahora no se qué hacer!” “¿Hago esto o estotro?”, “¿Qué es lo mejor?”; por otro lado, un hecho fundamental de nuestro ser-hablante consiste en nombrar cosas. Al hacerlo creemos que estamos más en posesión de ese algo, de la esencia de las cosas, bajo el supuesto de que las palabras y las descripciones que se construyen con ellas son equivalentes a las cosas en sí mismas, es decir, que hay una correspondencia directa entre cosas y palabras, cada una es un perfecto reflejo de la otra, que cuando logremos arribar a nombrar con palabras exactas y precisas las cosas, descubriremos todos los misterios que nos rodean, agotar lo desconocido. Cosa, por supuesto imposible. ¿Por qué decimos esto?


Al tomar una experiencia, simple y cotidiana, podemos darnos cuenta que todos, a un cierto nivel y con sus respectivas diferencias, hablamos y hablamos, todos los días, todo el tiempo, en persona, por los teléfonos, escribiendo mensajes, en las redes sociales… ¿Por qué no hablamos una sola vez y punto, callamos para siempre? ¿Por qué no dejamos de hablar, hacemos voto de silencio como monjes de claustro o ermitaños de montaña?


Por más que intentemos nombrar y describir con palabras y expresiones más exactas, no lograremos alcanzar la descripción esencial de las cosas, ni de nosotros mismos, nuestra esencia se nos escapa, es desconocida. De ahí que sigamos hablando y hablando, leyendo, escribiendo. Pues en cada palabra, no solo hacemos un recorte de la realidad, sino que creamos “eso” que construimos como realidad.


Retomando la pregunta del inicio ¿Qué debo hacer con eso? Expresa la imposibilidad de contener todo en palabras, es decir, que la pregunta—exclamación, ¿Qué hago? considera que al nombrar las opciones, digamos, lo dicho, éstas coincidirán tanto con lo que sucede como con lo que alguien cree debe realizar, lo que se terminará haciendo, cosa que la experiencia más inmediata muestra que no necesariamente sucederá así, como tampoco los efectos que se pensaba podrían suceder o no, si se hacía tal o cual cosa: “Yo pensé que si hacía…entonces iba a suceder, nuca pensé que el resultado sería…” Expresión que se puede tomar desde dos flancos: alguien que diga que esa persona no consideró todas las variables, que en el futuro debe tener un mejor método de evaluación y medición de riesgos, antes de tomar una decisión, que si eso hubiera hecho habría controlado mejor las variables y garantizado con ello los resultados. Es decir, una opción obsesiva con su ilusión: si las palabras y planes son las cosas en sí, puedo entonces controlar las cosas (personas, sí mismo, vida, etc.) al controlar la forma de hablar de ellas. Otra opción sería incluir la imposibilidad de las palabras y planeaciones de contenerlo todo, de decirlo todo. No viendo en ello un error, ni un deseo de exhaustividad, frustrado, como quien desea controlarlo todo, sino más bien, considerando que el control, al ser algo imposible, no se toma como algo vital, algo para erradicar del todo, como quien cree poder hacerse inmune al azar, a lo que surge de pronto, a la casualidad, sino que “eso” que escapa a la comprensión, lo incognoscible, se incluya en la experiencia como algo que forma parte, no como estorbo o error, sino como algo con lo cual se va a convivir y a partir del cual, crear. En ese sentido, ¿Qué hago con eso? Ya no se intentaría responder creyendo que las respuestas (lo verdadero, correcto y bueno) pre-existen y habitan en un lugar determinado y que solo hay que descubrirlas para seguirlas al pie de la letra, para obtener lo que prometen, sino mas bien, inventar una respuesta única y singular a cada ocasión que se nos presente, transformando el ¿Qué debo hacer con eso? En ¿Qué invento a partir de eso? Pregunta que demanda necesariamente, la inclusión de quien pregunta, su implicación creativa.


camilormz@gmail.com



« Redacción »
Camilo Ramírez Garza


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