Opinión Editorial
Naranja dulce
Publicación:08-10-2021
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Así como hay personas honorables y dispuestas en su gabinete, así las hay de otro tipo. Y ese es el riesgo
En el fondo no es tan grave que el gobernador Samuel García haya cambiado el diseño del escudo de Nuevo León, lo verdaderamente grave es que incorpora en puestos de relevancia a personas que han sido cuestionadas en su pasado, por no hacer su trabajo y prestarse a otros fines que no son de su puesto, que pertenecen a instancias políticas no gratas.
Si bien el gobernador ha hecho un esfuerzo por tener en el gobierno a funcionarios pertenecientes a la iniciativa privada y a las cámaras intermedias, con el fin de garantizar transparencia y eficiencia, con ciertos nombramientos ha palidecido. Peor aún, ha recurrido a emisarios de la vieja política, la que quiere desterrar, identificados con otros intereses, no con los del gobierno naranja.
Uno de ellos es Humberto Ramos Hinojosa, propuesto para dirigir el Metro. Ramos ya trabajó en el Metro, propuesto por el Bronco Jaime Rodríguez, como encargado del viaducto de la línea 3. Su perfil técnico desdice con las irregularidades detectadas en la construcción de la mencionada línea. Pertenece a la mafia del Metro, junto con Alfonso Reyes, propuesto para director en primera instancia y renunciado antes de asumir, y con Manuel González, actual Director. Se entiende entonces por qué el Metro se encuentra en las peores condiciones imaginables, con el riesgo de sufrir un colapso. Ramos Hinojosa fue denunciado por organismos ciudadanos ante la Federación. Y su ficha está pendiente de resolución.
Otro de ellos, bueno además del Bronco Alfo Fasci, es Bronco: Felipe Flores, propuesto para Obras Públicas dependiente de la Secretaría de Movilidad a cargo de Hernán Villarreal. En la administración pasada Flores fue director de un llamado Instituto Constructor y luego fue Subsecretaría de Construcción. No se sabe qué era ese Instituto ni qué hacía. Lo más seguro es que empalmaba funciones de otras dependencias. Pero se dice que era para negociar los permisos, los moches y las cantidades de inversión.
Hay otros. Pero por la importancia estratégica del Metro y la construcción es necesario ponerlos a la vista de todos. Quizá el gobernador no lo sepa, quizá le hayan orientado mal, pero es su decisión. Y esa puede derivar en acciones de mala calidad para los ciudadanos. Y eso es lo grave.
Con tanta Secretaría y tres gabinetes, a Samuel le pueden pasar desapercibidos asuntos que dilaten la aplicación del bien común y helar los proyectos prioritarios que ha dado a conocer: el transporte, la seguridad y la infancia. Entre tanta papelería los señalamientos importantes se esconden y lo no relevante aparece. La burocracia es uno de los peores males de todo gobierno. Y en el de Samuel no será la excepción.
Así como hay personas honorables y dispuestas en su gabinete, así las hay de otro tipo. Y ese es el riesgo. Por un prietito se afea toda la sopa. Una vez que pase la luna de miel para Samuel será hora de volver a la realidad. Y para todos o casi todos, la realidad es chata, boluda, cacariza.
« Arnulfo Vigil »




