Opinión Editorial


La Revolución 2022


Publicación:24-11-2022
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La revolución de 1910 fue una lucha armada para acabar con la tiranía de poder, injusticia y desigualdad

Como cada año en México, recordamos la revolución de 1910 que representó el inicio de nuestra democracia. Fue el acontecimiento más importante en el siglo 20 por sus implicaciones en la vida actual de México. Como todo proceso de cambio de esta naturaleza, fue sangriento y en un ambiente de injusticia, corrupción e impunidad. Por eso algunos se cuestionan si es algo que se debe recordar con ánimo festivo.

La revolución de 1910 fue una lucha armada para acabar con la tiranía de poder, injusticia y desigualdad. Había una exigencia mayoritaria en el pueblo para tener condiciones para una vida digna ante una profunda crisis en lo económico, político y social.

Buscaba un cambio en la sociedad mexicana y particularmente contra el presidente Porfirio Díaz quien gobernó el país por casi 30 años entre 1876 y 1911. Su dictadura con tintes militares si bien impulsó el desarrollo económico de México generó que el 90 por ciento de la población mexicana viviera en pobreza. Además, había fuertes violaciones a los derechos humanos principalmente de los campesinos. 

Después de la derrota de Díaz, el país fue configurado por líderes revolucionarios que en un entorno de traiciones pelearon por el poder prometiendo derechos, justicia y libertad al pueblo de México. Argumentos que todavía se utilizan en las campañas políticas.

Recordar la historia siempre es interesante a la luz del contexto presente, es decir, responder: ¿qué nos dejó la revolución?, ¿se lograron los ideales por los que lucharon Madero, Zapata, Pancho Villa, Venustiano Carranza, Victoriano Huerta, Pino Suárez y Pablo González, entre muchos otros, junto con el pueblo?, ¿qué sigue pendiente? ¿qué similitudes tiene con la actualidad?

No hay duda de que los principales logros de la Revolución Mexicana fueron el establecimiento de un sistema democrático de elecciones y la Constitución de 1917. Con muchos agregados y omisiones, tenemos un conjunto de leyes cuyo reto es su cumplimiento cabal. Así mismo, tenemos también un sistema reconocido de derechos y obligaciones, y mayor participación ciudadana. 

Sin embargo, seguimos con muchos pendientes. México sigue teniendo una gran desigualdad social y continúa peleando por el estado de derecho y sus instituciones. Además, tenemos un ambiente de violencia e inseguridad agravado por el narcotráfico y favorecido por la impunidad de un sistema judicial debilitado. Así mismo, con grandes áreas de oportunidad en los sistemas de salud y educación como derechos básicos. Con economía estancada e instituciones amenazadas. Todo lo anterior, promovido o permitido por el gobierno de la 4T.

Seguimos defendiendo la democracia como sistema de gobierno que permite la participación ciudadana ordenada y transparente; con diálogo inteligente, con instituciones sólidas, con equidad y fortalecimiento a la multiculturalidad. 

Si bien no tenemos la figura de la reelección, el autoritarismo de AMLO es muy evidente y preocupante. Maneja las leyes y la justicia de manera discrecional y hace lo que se le pega la gana con las instituciones y procedimientos gubernamentales. Las amplias tareas asignadas al ejército son solo una referencia de sus múltiples decisiones totalitarias y del tinte militar de su gestión presidencial.

Siempre es interesante advertir los aspectos que los líderes políticos actuales destacan cuando recordamos estos acontecimientos históricos. Como es de suponer, en la pasada conmemoración por el 112 aniversario, AMLO reiteró su compromiso con hacer valer las libertades, la igualdad, la justicia, la democracia y la soberanía.

Además, expresó que las dictaduras no garantizan la paz ni la tranquilidad social, y que los gobiernos democráticos solo pueden tener éxito si atienden la demanda de las mayorías. 

Alabó la figura de Francisco Madero y expresó: “En todo caso, la traición contra Madero ayuda a entender el porqué de nuestra estrategia política. Si no estuviéramos respaldados por la mayoría de los mexicanos, y en especial por los pobres, ya nos habrían derrotado los conservadores o habríamos tenido que someternos a sus caprichos e intereses para convertirnos en simples títeres o peleles de quienes ya se habían acostumbrado a robar y a detentar el poder económico y político en nuestro país, ya se sentían los dueños de México”.

“Ahora, en esta nueva transformación, como en los orígenes, existe una convivencia estrecha y fraterna entre el pueblo uniformado y el pueblo civil. Tanto la Secretaría de la Defensa como la Secretaría de Marina son pilares fundamentales del Estado de derecho democrático y social…Con las nuevas reformas a la Constitución, el Ejército y la Armada nos continuarán apoyando en labores de seguridad pública y la Guardia Nacional se terminará de consolidar bajo la dirección de la Secretaría de la Defensa”.

Por su parte, el General Luis C. Sandoval, secretario de la defensa nacional, señaló que los caudillos revolucionarios contaban con idealismo heroico, sentido humanista, ímpetu social, invencible voluntad, audacia y ecuanimidad, cualidades que los movieron en la lucha revolucionaria para mantener los derechos individuales, fomentar la paz y el progreso de la sociedad.

Discursos emotivos y que llevan agua “al molino” de cada uno, porque lo que no dicen es que los ideales de la revolución de 1910 de igualdad, justicia y bienestar siguen pendientes; seguimos en debate por un proyecto de nación para el bienestar de todos los mexicanos.

Los indicadores de ayer y hoy, serán los mismos: la dignidad, el respeto, la libertad y la democracia. 

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com



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