Opinión Editorial
La respuesta al llamado de las buscadoras
Publicación:15-06-2026
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Nadie pidió que dejáramos de celebrar el triunfo de México.
Nadie pidió que dejáramos de celebrar el triunfo de México, no pidieron que retiráramos el ánimo ni el apoyo a la selección nacional; no pidieron que no se fuera al estadio. La voz de una mamá buscadora (de su hija) fue clara: "No queremos arruinar la fiesta del mundial, pero alguien tiene que oírnos ... pero alguien tiene que voltear a vernos". No hay que dejarlas de ver.
Es natural que las protestas de las madres buscadoras se lleven a cabo comunitariamente en un evento que sería visto por el mundo. Como bien dice la mamá de Carlos Emilio: "No es contra el Mundial, no es contra el deporte, no es contra la celebración". Reclaman la indiferencia y el silencio que provoca. No hay nada que nos permita a los mexicanos olvidarnos de estas madres buscadoras bajo el pretexto de un evento internacional de futbol y —parece obvio— mucho menos si se trata de una jefe de estado o de gobierno o gobernador.
Me es inevitable escribir también sobre la actitud del Estado mexicano y particularmente de quien lo representa. La semana pasada fue lamentable casi todo. Vayamos de menos a más: empiezo por la inauguración del Mundial a la que debió asistir la Presidenta. No sólo no asistió, sino que en el sentido patrimonialista con el que ven el poder los integrantes de Morena, creyó que ese asiento era suyo y no del jefe o jefa del Estado mexicano, es decir, ahí no podía mandar ni a una niña ni a un familiar ni a una amiga ni a nadie. El lugar se quedó vacío. Tampoco fue al Zócalo, que era el segundo lugar en el que pensé que iba a estar; pero se fue a la Gustavo A. Madero porque podrían cuidarla más y quizás asegurar aplausos. Fue con la pobre de Clara Brugada, quien seguramente tenía más ganas de ir a su lugar en el estadio.
Pero eso no fue lo grave. Lo verdaderamente grave es la respuesta del Estado Mexicano a través de la Presidenta: despreciando la manifestación, la protesta de las madres buscadoras y, por si faltara poco, les dijeron que las iban a investigar porque la preocupación del Estado no era dónde estaban sus hijos sino quiénes las habían financiado para que vinieran a la CDMX a manifestarse el día de la inauguración del Mundial. Una de las tantas respuestas contundentes de las mamás la transcribo: "¿Quieren saber cómo llegamos? Fue de la misma forma que llegamos a cada búsqueda: con los pesos contados, cansadas, con hambre, rezando y sin saber si comeremos".
Pero las respuestas de estas mamás son, en realidad, un llamado a todos los mexicanos. Están solas, tan solas que unos jóvenes pueden quitarle una manta de fotos de desaparecidos y llevársela para protegerse de la lluvia en una de las más terribles agresiones y faltas de respeto que se ha visto en las redes. No los disculpo, pero desde la autoridad también se desprecia al movimiento, y en general, se articulan discursos de odio, burlas, descalificaciones, polarizaciones y se niega el diálogo. Todavía no entienden que ese tipo de actitudes desde el poder sin duda influye en el comportamiento de los gobernados.
Permítanme compartirles algo personal. Ayer asistí a la misa dominical; el Evangelio (Mateo 9, 36,10,8) era fácilmente aplicable a lo que estamos viviendo hoy en México, porque exige despertar, se nos pide compadecernos ante el desamparo; es un llamado a todos para dolernos del dolor de los otros, en este caso, de las mamás. Todos estamos llamados a responder el clamor de estas madres buscadoras; estamos obligados a actuar, no a hacer proselitismo, sino hacer lo necesario para aliviar el sufrimiento humano, para ser compasivos y sanadores.
@Mzavalagc
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