Opinión Editorial
La falta de un padre
Publicación:08-06-2022
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La correlación entre ausencia de una figura paterna y crímenes es tan alta, que obliga replantear la importancia de una familia natural unida como pilar
La noticia del reciente tiroteo en Uvalde, Texas donde murieron 19 niños y 2 adultos de manos de un joven perturbado de 18 años, la peor matanza en una escuela tejana sacudió y entristeció a una nación obligándola a indagar sobre la causa raíz. Naturalmente, los motivos que orillan a un joven a tomar una decisión tan extrema y antinatural son variados y multifactoriales. Sin embargo, en un estudio del Dr. Warren Farrell encontró que había un común denominador entre el asesino tejano, Salvador Ramos, y 26 de los 28 asesinos en masa más recientes en la unión americana, todos fueron varones y crecieron sin una figura paterna.
El escritor y politólogo neoyorquino, en su libro intitulado “La crisis de los niños”, habla de cómo los infantes varones que crecen en familias disfuncionales y sin una figura paterna son más propensos a tener desórdenes mentales y emocionales. Claro está, lo único absoluto es Dios y lo que presenta el interfecto son estadísticas y no premoniciones condicionadas. Dicho ello, el Dr. Farrell ha encontrado que la falta de un papá que ame, guíe y aliente a los hijos hace que, en comparación a quienes sí tienen el privilegio de ser coeducados por alguna figura paterna, son apabullantes. Los lamentables números hablan de una crisis épica al ser esos niños cinco veces más propensos a vivir en pobreza y a cometer algún crimen y tienen 20 veces más probabilidades de acabar en prisión.
Tal cual, en EUA, de 1972 a 2013 ha hubo un incremento de 700% de personas en prisión, 93% de ellos varones y la mayoría privados de un padre o una figura paterna. Como ejemplo, lo último que posteó en Facebook el asesino de Oakland, Anthony Sims, fue: “Me hubiese gustado tener un papá”. Es un hecho que la familia es la base de toda sociedad y es donde se forjan los valores, principios y virtudes, pero, a pesar de que la ausencia de un padre, real o percibida, afecta psicológica y emocionalmente a niños y niñas, los asesinos casi siempre son varones. Otra estadística que refuerza el argumento es la tasa de suicidios siendo la misma entre ambos sexos antes de los 9 años, de los 10 a los 14 los varones duplican a las niñas, de 15 a 19, la cuadruplican y de los 20 a los 24, los hombres se quitan la vida seis veces más que sus pares mujeres.
Pero la falta de una figura paterna no se queda solo en casa, también sucede en las escuelas donde los maestros son principalmente mujeres cuya forma de comunicarse no es cabalmente entendida por los estudiantes varones. Nuevamente hablando de estadísticas, es un hecho que el desempeño de los niños es mayor cuando su profesor es varón. A falta de ellos, de acuerdo a un estudio de Naciones Unidas, la rendición académica de los niños en comparación a las niñas se ha quedado atrás en el 100% de las 70 naciones más avanzadas.
Antes de continuar y considerando el cuantioso número de valientes madres que amorosamente educan solas a sus críos, es preciso mencionar que, en ausencia de un padre, un tío, un abuelo o alguna otra figura paterna pudiera coadyuvar a formarlos en valores y a ser un virtuoso ejemplo a seguir.
Regresando al tema, la correlación entre ausencia de una figura paterna y crímenes es tan alta, que obliga replantear la importancia de una familia natural unida como pilar de toda sociedad. Tocante a ello, de acuerdo con el INEGI, solo el 62.8% de las familias en México corresponde a una familia natural, con padre y madre presentes. Aunado a lo anterior, datos del mismo instituto de estadística indican que, en la última década, la tasa de divorcios ha incrementado 57.26%, mientras que los matrimonios han disminuido 24.68%. Así es, digan lo que digan los pregoneros de falsas ideologías, el daño por la disgregación familiar es la causa raíz de muchos de los males que atañen a nuestra nación, a EUA y al mundo entero.
Al atar todos los datos anteriores vemos que, si se quiere disminuir el índice de criminalidad en el país, habrá que prestar más atención y defender a la familia como pilar de un sano desarrollo de sus integrantes. A través de la interacción con los progenitores los hijos aprenden a formar lazos de unión, respeto y confianza. Pero es por medio de la convivencia con el padre como las niñas anhelarán a casarse con un “gigante” tan grande y virtuoso como su papá y los niños tendrán un patrón conductual.
« Eugenio José Reyes Guzmán »




