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Opinión Editorial


Irredentas e irreverentes


Publicación:08-03-2022
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El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no es una celebración

     El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no es una celebración.

     

     Es un día para refrendar que la lucha histórica de las mujeres por una sociedad igualitaria y justa continúe por todo el mundo, que siga adelante el gran propósito reivindicatorio por el que miles de mujeres han luchado a lo largo del tiempo, impulsando transformaciones y conquistando cambios en las estructuras patriarcales aun dominantes.

     

     Recordemos a las mujeres en los campos de batalla durante la Revolución Francesa de 1789, que lucharon en las calles de Paris junto con los hombres al grito de “¡libertad, igualdad y fraternidad!” buscando reclamar no únicamente los derechos de los varones.

     

     En contrapartida, es Olimpia de Gouges quién en la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de 1791, reclamó para las mujeres los mismos derechos políticos que gozaban los hombres. Su atrevimiento la llevó a la guillotina.

     

     Así, desde la Declaración de Sentimientos en Seneca Falls (1848), la lucha impulsada por los movimientos sociales, civiles y religiosos en pro de los derechos de las mujeres -entre otros el sufragismo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948-, se ha mantenido hasta nuestros días como una constante y sostenida lucha de la mujer por conquistar sus derechos al igual que el hombre.

     

     La condición biológica de la mujer ha “atado” a la mitad de la población mundial en concepciones patriarcales de exclusión, subordinación y marginación, paradigma que en el curso de la historia se ha roto, como fue después de la Primera y Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres se incorporaron al mercado laboral para salvar la economía y sustituir la mano de obra de los hombres que murieron en las trincheras defendiendo los privilegios e intereses de aquellos que los mandaron a la guerra.

     

     El valor social de las mujeres en los grandes movimientos independentistas, revolucionarios y guerras se redimensiona al ser parte del equilibrio económico y social, mas no político. Esta zanja en la actualidad se encuentra en la dialéctica del cambio.

     

     ¡No más subordinación! Las mujeres han demostrado sus fortalezas en todos los campos, no sólo en el hogar. Intelectualmente las mujeres destacan al igual que los hombres en cualquier ámbito.

     

     La paridad de género es hoy por hoy uno de los grandes retos por alcanzar. Mientras exista la marcada disparidad económica, política, jurídica y social, las luchas legales hay que hacerlas valer. Por mencionar un ejemplo, las mujeres siguen ganando un 24 por ciento menos que los hombres en trabajos iguales, esto pese a que nuestra Constitución, tanto federal como estatal, establece que a trabajo igual corresponde salario igual, sin considerar raza, género, edad, discapacidad, condición social, salud, religión, preferencia sexual, estado civil u otra que atente contra la dignidad humana.

     

     Aunque la paridad de género ya es ley, en el plano administrativo, judicial y municipal todavía hay camino por recorrer.

     

     La violencia contra las mujeres es otra herencia que se arrastra del sistema patriarcal. Esta lucha es una de las banderas de mayor fuerza de los movimientos feministas, de organizaciones sociales y de toda voz progresista que repruebe cualquier tipo de violencia contra niñas, jóvenes y adultas. Cualquier mujer violentada somos todas, cualquier feminicida o agresor debe castigarse, cualquier acto de violencia de género, ya sea política, sexual, patrimonial, física, psicológica y social, no debe quedar impune.

     

     Si las propias mujeres hemos avanzado en nuestros derechos en los marcos legales y en acciones afirmativas de género, todavía nos falta sacudirnos el mostro neoliberal, autoritario, vertical, represivo y excluyente.

     

     Cabe decir que el proceso del actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador por democratizar el régimen político, abre la esperanza para que la Cuarta Transformación abandere y legitime las históricas demandas de las mujeres por la igualdad, la equidad, la justicia y la inclusión, así como por el respeto irrestricto de todos los derechos.

     

     Irredentas e irreverentes continuemos en pie de lucha ¡¡¡



« Lupita Rodríguez Martínez »