Opinión Editorial


Estamos en guerras narcas


Publicación:14-08-2022
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Una y otra vez, desde hace años, vuelven a lo mismo: que los militares se regresen a los cuarteles

Una y otra vez, desde hace años, vuelven a lo mismo: que los militares se regresen a los cuarteles.

Que los soldados no anden en las calles.

Que no combatan a los criminales, porque son muy letales y están entrenados para matar. No, ¿de veras? La nota aquí y en cualquier lugar del mundo sería que los delincuentes tuvieran más poder y capacidad de fuego, lo cual resultaría vergonzoso.

Criminal, en el país que sea, que desafía a las Fuerzas Armadas, esas mismas que velan por el Estado, por cualquier Estado, ya saben a lo que se atienen. Y lo mismo con la Marina. Y así debe ser también con la Guardia Nacional.

O, ¿qué quieren que hagan? ¿Que nuestros militares reciban plomo calibre .50 y se queden ahí paraditos, como soldados de plomo aguardando el tiro al blanco de feria?

Me parece que todos los mexicanos quisiéramos que el país tuviera 32 policías estatales ejemplares, numerosas, perfectamente preparadas, capacitadas, atléticas, muy equipadas, muy letradas, universitarias, con súper salarios y las mejores prestaciones existentes, con divisiones especiales entrenadísimas para combatir los crímenes que más laceran a la sociedad, como el secuestro, la extorsión, el feminicidio, la trata de personas con fines de explotación sexual, el robo en transporte público, todo lo que más nos inquieta.

Perfecto. Y para conseguirlo, está muy bien empujar desde la sociedad civil: hay que seguir exigiéndoles a los gobernadores que lo hagan, porque llevan décadas sin hacer nada, absolutamente nada, salvo dos que tres excepciones.

La idea idílica era que la Guardia Nacional, con entrenamiento militar y luego policial, y bajo mando absolutamente civil, apoyara con decenas de miles de efectivos los trabajos de esas 32 policías de ensueño. Fantástico, pero hoy, eso no existe. Mañana, en el medio plazo, desgraciadamente tampoco, porque ni el gobierno federal ni los gobiernos estatales se han abocado a ello, a concebir, establecer y desarrollar esos cuerpos de seguridad interior.

Y ante esa realidad, con la mayoría de las policías municipales sometidas por el crimen organizado y algunas estatales también; con fiscalías que tienen un bajísimo nivel de eficiencia en la procuración de justicia; cuando los militares son última línea de contención del Estado mexicano (o de contención tardía y a medias, como recién vimos en Guanajuato, Jalisco y Chihuahua), y ante la creciente locura y la insaciable codicia de los capos, ¿qué es lo que escuchamos hoy en redes sociales y en buena parte de la comentocracia? Un solo coro: "¡No a la militarización!"

Militarización. ¿Qué entienden por militarización? ¿Dónde aprendieron el término? Antes pensábamos que se trataba de un régimen donde no había libertades porque la sociedad estaba bajo yugo militar, como en España (en tiempos de Franco durante los años 60 y 70), Chile, Argentina, Uruguay, Brasil o México en esos mismos tiempos, pero hoy no veo que algún militar me censure o me encarcele cuando le digo al Presidente mentiroso (porque ha mentido muchas veces), o misógino y macho (por apoyar a un presunto violador guerrerense), o que es un inepto (como él y su gabinete han demostrado en tantos temas).

Quienes hoy exigen que no haya militares en las calles (Ejército, Marina y buena parte de la Guardia Nacional) hablan como si viviéramos en Costa Rica, en Uruguay, en España, o en Finlandia. Vivimos en un país azotado por guerras narcas, por guerras regionales donde los combatientes guerrean sin reglas ni misericordia y donde las poblaciones están a su merced, como quedó de manifiesto en las últimas horas en varias ciudades de algunos estados donde los sicarios quemaron coches, negocios, mataron civiles y sembraron terror.

Así que anden, dejen sus tertulias y sus redes y vayan con la gente de Irapuato, de Ciudad Juárez, de Zacatecas, de Michoacán, de Guerrero (ustedes escojan el municipio o el estado donde haya residentes aterrados, o desplazados angustiados); vayan a notificarles que ya tendrán a las Fuerzas Armadas cerca... porque es políticamente correcto esgrimir: "¡No a la militarización"!

Ahí me cuentan lo que les dijeron allá, en la realidad...

BAJO FONDO

A veces platico con algunos activistas cuya vida está consagrada a combatir la presencia de los militares en funciones de seguridad interior, y de verdad que casi-casi me dicen que lo que le conviene al país es que las Fuerzas Armadas nada más se dediquen a ayudar damnificados en desastres naturales, y claro, a quemar dos o tres plantíos por ahí, en alguna zona serrana donde nadie los vea, o a decomisar algún cargamento en alguna carretera o aeropuerto. Y ya.

A casi todos los respeto por su inteligencia y preparación, pero hay algunos que, cuando los escucho, casi siempre me he preguntado si, además de su temor genuino y fundamentado por lo represivas que fueron las Fuerzas Armadas mexicanas con guerrilleros, estudiantes y disidentes en los años 60 y 70 del siglo pasado (siempre bajo órdenes de civiles autoritarios, hay que subrayar), me cuestiono si no hay un dejo de racismo en sus palabras. Quieren policías escandinavas, como si viviéramos allá. Me queda claro que para los criminales el mejor soldado es el soldado que no está en sus plazas; entiendo que los narcos los odien y no los quieran ver porque saben que ellos sí los pueden someter, pero, ¿acaso hay una pequeña parte de la clase media alta y alta medio ilustrada que es racista con los soldados mexicanos y no los quiere encontrar en sus calles porque su presencia los confronta con nuestra tremebunda realidad?

Solo pregunto.

Con la Marina sucede algo similar, aunque a ellos los suelen ver "más altos y blanqueados". Una y otra vez, desde que inició el siglo, insisten en idéntico activismo contra la Marina: que no estén en las calles. Que no hagan operativos. Que son muy rudos. Que asustan. Pues sí, los delincuentes les tienen respeto y hasta miedo, y otra vez, la nota sería que los irrespetaran y se mofaran de ellos.

Y de nuevo, casi-casi desean que los marinos que se vayan a navegar los mares, pero eso sí, de lejitos, que no vigilen las costas, no sea que vayan a molestar los piratas modernos y los pescadores furtivos, pobrecitos ellos, y no sea que se enojen los narcos porque sus lanchas tiburoneras y sus submarinos hechizos, repletos de drogas, puedan ser incautados. Además, claro, afean los paseos en sus yates: qué horror ver esos buques grisáceos, lo único shulo "es el velerote ese para cadetes, aunque qué nombre más ñero le pusieron."

En fin, solo consigno lo que les he escuchado a algunas y algunos por ahí.

Yo les he dicho que no es tan complicado entender, solo hay que acercarse a la gente que no está en su círculo cuando viajen por el país: la mayoría quiere a los militares patrullando sus calles porque confían en ellos como última tabla de salvación, como último muro de contención, como una especia de oasis de seguridad ante el desastre cotidiano, y por ello ahí están los altos niveles de confianza que les tienen: el Ejército y la Marina son las instituciones del país con mayor nivel de aprobación, 63% y 64%, seguidos de la Guardia Nacional, con 61%, y el INE, con 60%.

Justo quienes salvaguardan nuestra imperfecta democracia.

jp.becerra.acosta.m@gmail.com



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