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Opinión Editorial


Entre el fuego cruzado


Publicación:09-03-2022
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En política exterior, una y otra vez México ha actuado con apego a principios de no intervención y respeto a la soberanía

So pretexto de la “autodeterminación de los pueblos”, en política exterior, una y otra vez México ha actuado con apego a principios de no intervención y respeto a la soberanía. ¿Será ese el principio rector del país que llegó a ser la novena mayor economía del mundo en el año 2000, aunque ahora seamos la décimo quinta? Una máxima germánica es que lo que hay que hacer y decir, se hace y dice sin miramientos ni vacilaciones. La retórica acomodaticia del gobierno mexicano parece más bien una escusa para justificar su tibia inacción que una verdadera política de estado. 

No se trata de “nadar de muertito”, ya lo advertía Santo Tomás de Aquino: “Si el objetivo más importante de un capitán fuera preservar su barco, podría mantenerlo en el puerto para siempre”. Si México pretende ser respetado globalmente, tiene que tomar decisiones firmes y con sentido, recordando que quien que es valiente, es libre. Al respecto, el gobierno mexicano vive una realidad alterna, siendo valiente para aliarse con los zagueros, pero cobarde al criticar, envidiar y obstaculizar a los delanteros.

Uno de los tantos ejemplos fue lo que sucedió en noviembre del año pasado, cuando la OEA cuestionó la legitimidad democrática de que las elecciones en Nicaragua. Igualmente, la Unión Europea dictaminó que no se respetaron las garantías individuales, España las caracterizó como un burla y EUA dijo que fueron “una elección de pantomima”.  Casos enteramente opuestos fueron los de Rusia y Venezuela espetando que estuvieron “en pleno respeto a la legislación nicaragüense” e instando a “rechazar la injerencia de Washington en América Latina”. En medio del camino quedaron las irresponsables abstenciones de México y Argentina, consideradas por Human Rights Watch como “vergonzosas y decepcionantes”. 

¿Cómo puede México no alzar la voz contra las corruptas elecciones en países totalitarios como Nicaragua, Venezuela o Cuba y por otro lado invitar al presidente Biden a poner fin a la “política de agravios” y a levantar el bloqueo contra Cuba? Así es, cuando apoyar ideológicamente a los primeros es absurdo, retrógrada y económicamente fútil, pelearse con su principal socio comercial es un suicidio. Insisto, estar en la prédica y en la práctica del lado de quien no respeta los derechos humanos, la vida, las libertades individuales y concentra todo el poder, es un acto criminal.

No se trata de proceso político o un tema de derechas o izquierdas. Es una disputa entre la libertad y el oprobio totalitario, una confrontación entre la democracia la dictadura, una contienda entre el neoliberalismo occidental y el Castro-Chavismo emanado de Rusia … es una guerra entre el bien y el mal. Ahora bien, la tendencia absolutista no en un problema encapsulado en América Latina, es un asunto mundial.

Los actos de lesa humanidad y los crímenes de guerra en Ucrania han sacudido al mundo invitándolo a reconocer que Rusia, Cuba, Venezuela, Nicaragua y Corea del Norte son verdaderamente peligrosas dictaduras. De alguna forma, dicha cruenta invasión ha puesto en evidencia que los regímenes totalitarios de Maduro y Ortega, son y han sido en los últimos 23 años, plataformas de Putin. Es indubitable que el cáncer dictatorial ha invadido a dichos países, pero hay señales de alarma en otros donde coyunturalmente aún no se ha producido metástasis.

Tal es el caso de regímenes para-dictatoriales como el de Argentina y México donde se declaran democráticos, pero apoyan a las dictaduras.  Con prácticas abiertamente totalitarias el gobierno de MORENA ha ahuyentado sistemáticamente la inversión nacional y extranjera cambiando las reglas jurídicas, se negó a apoyar a las PYMES durante la pandemia y, para colmo, considera a los empresarios sus enemigos. Perdón, pero no se puede ser un país para-dictatorial en pleno siglo veintiuno estando pegado y económicamente dependiente del país que ondea la bandera neoliberal.

Es un hecho, México no puede jugar a perder, no puede aliarse con quien zozobrará y tampoco se puede quedar parado en medio de un campo de batalla. Aunque el presidente no entienda o no quiera entender, el destino de México está y seguirá estando, íntimamente ligado a la economía estadounidense y, por ende, al neoliberalismo.



« Eugenio José Reyes Guzmán »
Eugenio José Reyes Guzmán

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