Opinión Editorial


El síndrome de la combi verde


Publicación:17-08-2020
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Era temprano por la mañana, la combi verde se encontraba en el camino que va a Texcoco.

Era temprano por la mañana, la combi verde se encontraba en el camino que va a Texcoco, los pasajeros veían sus teléfonos celulares o escuchaban música con sus audífonos, otros simplemente miraban distraídos por la ventana.

Todo parecía transcurrir como de costumbre, hasta que en una parada la puerta corrediza se abrió y saltaron dos varones, uno de ellos entró hasta el fondo de la combi el otro no logró sujetarse y  se quedó afuera.  El que entró comenzó a amenazar a los pasajeros, esgrimiendo las frases ya conocidas que utilizan los asaltantes de transporte colectivo para intimidar y lograr la colaboración de las víctimas: “¡A ver hijos de su puta madre ya se la saben…!”. Lo que desconocía este inoportuno ladrón es que su socio, quien por cierto portaba el arma de fuego, ya no estaba con él en la combi para amedrentar a los pasajeros.

Así comenzó con el pie izquierdo este asaltante, quien recibió como respuesta la furia de cinco pasajeros que comenzaron a jalonearlo, a golpearlo y patearlo. La tunda no tuvo tregua, durante varios minutos recibió un golpe por segundo. Aunque el ladrón imploraba que lo dejaran de golpear, los pasajeros ahora transformados en expertos pandilleros, lo pateaban sin cesar, respondiendo a las súplicas del asaltante con un: “¡Para que sientas lo que sentimos…!”.

El chofer continuó con su recorrido ordinario  y, al llegar a la siguiente parada, allí bajaron al tristemente célebre ladrón de la combi de Texcoco, a quien empujaron como se baja un costal de papás, simplemente lo avenaron al asfalto, y allí, ya sin ropa, quedó boca arriba y casi inconsciente.

El chofer de otra combi ubicada en la parte posterior también video grabó este momento póstumo cuando   lo dejaron tirado sobre la banqueta: “¡A ver compañeros, miren, ahí está la rata, ya la agarraron…!”. Este ladrón tuvo suerte de sobrevivir a la paliza, ese mismo día se notificó de otro ladronzuelo que también, había sido vapuleado por una multitud enardecida, y que con menor suerte, falleció por los golpes recibidos.

Los ciudadanos  tienen hambre de justicia, claramente al no obtenerla por parte de sus autoridades, deciden ejercerla por propia mano, aunque sea en contra de lo que dicta nuestra Constitución. La impunidad que gozan los delincuentes en el país, cuando sólo un 2% de los delitos son juzgados y castigados, ha encontrado una respuesta popular básica: el que la hace la paga en el acto.

El caso de la paliza en la combi verde, no es un acto aislado, en el Estado de México conocemos múltiples casos de justicia inmediata por propia mano. Cuando el estado falla la justicia popular toma su lugar.  Otro caso reciente, fue en Tabasco, cuando un exgobernador en estado de ebriedad, embistió con su vehículo a unos pasajeros en una moto taxi, la población se indignó y trató de lincharlo, sin éxito ya que la policía intervino.

Debido a lo constante y a la cada vez mayor incidencia de este tipo de actos, donde la población actúa por su propia cuenta para hacer justicia, un periódico de la Ciudad de México, El Financiero, se dio a la tarea de aplicar algunas encuestas para tratar de entender mejor este fenómeno, las conclusiones del mismo fueron expresadas, recientemente,  en un artículo de Alejandro Moreno.

De acuerdo con los entrevistados, un 68% está de acuerdo con lo que ocurrió en la combi verde, posteriormente reculan un poco, al disminuir a un 61% cuando se les pregunta si están de acuerdo  o no con la justicia por propia mano. El perfil que identificaron con base en este estudio, es que las personas que están a favor del síndrome de la combi, han sufrido recientemente por cuestiones económicas vinculadas a su situación laboral. Además, tienen una opinión negativa del gobierno, por lo que su posición política es de crítica hacia la autoridad, especialmente la de carácter local.

Seguramente la crisiseconómica está generando un estrés cada vez mayor en la población, y la corrupción crónica que ha dañado el erario y la moral pública, es cada vez más evidente, el hartazgo de la población por la incapacidad de los gobiernos por brindar la seguridad hacia los ciudadanos va en aumento.

Lo que falta agregar a esta apreciación derivada de las encuestas, es el audio del video de la paliza de la combi verde, donde el asaltante suplicaba que ya no lo golpearan, pero los pasajeros no paraban de hacerlo, al contario, cuando arremetían una y otra vez, le decían: “¡Pinche ratero…venías bien león… para que sientas lo que sentimos…!”.

Es claro que los pasajeros como víctimas se habían transformado en agresores victimarios, y  el ladrón, otrora agresor, ahora era la víctima, los roles se habían invertido en cuestión de segundos, y la vida del asaltante estaba en un hilo.

Como diría el filósofo y gobernador del estado de New Lion, “¡Así es el Karma!”, y agregaríamos, el karma inmediato. Las consecuencias por el mal comportamiento no se hicieron esperar y en cuestión de segundos, el ladrón estaba aprendiendo la lección moral de su vida: respetar a los seres humanos. Aunque en realidad no sabemos si  aprendió la lección,  puede ser que no, inclusive que ocurra todo lo contario, que continúe cometiendo sus fechorías ahora con mayor crueldad. En los caminos de la delincuencia es difícil realmente que las personas rectifiquen y se arrepientan de sus actos criminales.

Según un reportaje posterior, los delitos por asaltar a mano armada en el transporte público disminuyeron en ese trayecto de la carretera Texcoco en el Estado de México. Una situación sintomática por parte de los delincuentes, quienes seguramente le pensaron dos veces en actuar nuevamente asaltando transporte de pasajeros.

Pero si los delincuentes no entienden, el pueblo bueno del que habla el presidente, ese sí aprende, y ahora sabe cómo inhibir a los delincuentes cuando la autoridad falla. Aplicarles un principio psicológico conductual básico, denominado “reforzamiento negativo”, que consiste en aplicar un castigo inmediato a la conducta indeseada.

En términos generales consistiría en hacerles ver a los criminales que cada vez que se suban a una combi a asaltar, habrá alguien dispuesto a responder y defenderse de manera violenta para hacer justicia por propia mano. La ley de la selva aplicada cuando la policía y las autoridades son incompetentes.

Básicamente el síndrome de la combi representa un sentido de orfandad ante la criminalidad, un malestar derivado de los procesos de victimización que sufren los ciudadanos de manera cotidiana, donde el gobierno no les proporciona la seguridad en el empleo, en su economía, en el sustento familiar cotidiano; un malestar derivado del reconcomiendo de que la autoridad no brinda la seguridad que debería asegurar a la población; un malestar latente que busca encontrar una válvula de escape y que estallará cuando menos se espere.

 




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Arturo Delgado Moya

Arturo Delgado Moya


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