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Opinión Editorial


El estilo echeverrista de gobernar (II)


Publicación:25-02-2019
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Retomo el ensayo de Daniel Cosío Villegas sobre Luis Echeverría (El estilo personal de gobernar, 1974). Dice Cosío que en la campaña electoral, Echeverría ofreció casi una revolución: "Renovar sus instalaciones ferrocarrileras, incrementar sus formas de productividad, elevar la producción agropecuaria y los niveles de vida de los campesinos, descentralizar la industria… hacer más fácil y humana la vida en las regiones áridas, incrementar la producción pesquera… Transformar el sistema educativo… y dar empleo a los egresados en las escuelas". Consideraba que en provincia se hallaba una especie de "reserva moral" que había que fomentar y que provocaría un cambio de conciencia en el país. Decía Echeverría: "Es allí donde las ideas mexicanas siguen en forma permanente, alimentando lo mejor de nuestro espíritu y delineando y acendrando lo mejor de la Patria".
Por otro lado, el gusto por la expresión hablada, los foros y los mítines era igualmente un rasgo del echeverrismo: "No sólo se tiene la impresión de que hablar es para Echeverría una verdadera necesidad fisiológica -dice Cosío- sino de que está convencido de que dice cada vez cosas nuevas, en realidad verdaderas revelaciones. Es más, llega uno a imaginarlo desfallecido cuando se encuentra solo, y vivo y aun exaltado, en cuanto tiene por delante un auditorio". De modo que "Puede considerarse como imposible que un hombre, así sea de singular talento, de cultura enciclopédica y con un dominio magistral del idioma, puede decir todos los días, y a veces dos o tres al día, cosas convincentes y luminosas. En este caso particular resulta mucho más remoto porque la mente de Echeverría dista de ser clara y porque su lenguaje le ayuda poco". Y Cosío agrega otra característica del estilo echeverrista de gobernar: "La incapacidad de reposar, la prisa con que se mueve, la prisa con que quiere hacer las cosas y la prisa con que quiere que otros, todos, las hagan. Y esto, a su vez, está ligado a su insistencia en que él cumple cuanto ofrece… Su campaña electoral causó asombro por varios motivos, pero el principal fue el salto continuo y pronto, la movilidad de azogue que lo llevó prácticamente a todos los rincones del país".
A lo cual añade don Daniel que, ya en la presidencia: "Sus escapadas semanarias a la provincia y su prédica diaria de que ver in situ los problemas, palparlos allí donde están, es el primer paso necesario para resolverlos". Y por eso una declaración del propio Echeverría: "Muchas veces los indispensables escritorios y teléfonos nos ocultan la realidad del país; frecuentemente nos burocratizamos los funcionarios más destacados de la República; frecuentemente nos aislamos de nuestros conciudadanos por obra y gracia de nuestras oficinas". Dice Cosío: "Creo que ningún otro Presidente nuestro se ha expuesto tanto a la mirada pública... una exposición continua y a los cuatro vientos". Hay algo en que también se distinguía Echeverría según don Daniel: la cerrazón ante la crítica o disidencia. Dice que su diálogo con la Nación "se trata en realidad de un monólogo… Esto, sin considerar que el gobierno, no ya la Nación, elige el tema del monólogo y la forma de tratarlo". Y agrega que "Nuestro presidente suele conducirse más como predicador que como estadista… (y) acude a la exageración para convencer mejor a su grey". Y también señala: "Mi conclusión se basa en la desproporción de sus reacciones o las de sus allegados ante la crítica, y en la pobreza increíble de los argumentos con que la contestan". Y ello en parte se debe a que "Echeverría está convencido de que, quizás como ningún otro presidente revolucionario, se desvive literalmente por hacer el bien a México y los mexicanos. De ahí salta a creer que quien critica sus procedimientos en realidad duda o niega la bondad y la limpieza de sus intenciones". Habría que recordar finalmente aquello de "los emisarios del pasado", su enemigo genérico, y lo de "Echeverría o el fascismo", de Carlos Fuentes.
Twitter: @JACrespo1



« Redacción »
José Antonio Crespo

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