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Opinión Editorial


Educación y movilidad social


Publicación:19-02-2020
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Espero en Dios que a lo largo y ancho del país podamos tener la movilidad social de la cual gozan los países nórdicos

La Universidad Autónoma de Nuevo León otorgó hace unos años el reconocimiento Flama, Vida y Mujer a la Señora María Contreras-Sweet quien acababa de terminar su gestión como Administradora del “Small Business Administration” (SBA), el programa de préstamos a PYMES más grande del mundo.  Por la naturaleza de mi trabajo en la UANL, tuve el privilegio de acompañarla durante varios días a reuniones con destacados empresarios regiomontanos.  Al compartir con ella y su marido el pan y la sal, me habló de cómo, siendo una niña tapatía, migró a los EE.UU. sin saber una palabra de inglés y con tímidas perspectivas a futuro.  En son de broma me platicó que su abuela le decía que si se esforzaba llegaría a ser una secretaria y años más tarde fue electa por el Presidente Obama como parte de su equipo ministerial.  Durante 4 años se reunió semanalmente con el Presidente quien apasionadamente le repetía que la falta de oportunidades de movilidad social entre los más pobres era una “traición al ideal americano”, y que, al igual que su testimonio de vida, había que actuar en consecuencia.

Para situarnos en un terreno de juego parejo, la movilidad social es un concepto sociológico vinculado a la meritocracia en las clases sociales que consiste en medir los desplazamientos que hacen los individuos, familias o grupos de una clase social más baja a una más alta.  Es un indicador que mide la igualdad de oportunidades económicas y de educación en una sociedad; a mayor el índice mayor la movilidad social.  Todo ser humano nace en un ecosistema determinado por al menos dos loterías; la del país de nacimiento y la de sus condiciones socioeconómicas.  Así es, es un tema de suerte, destino, karma o voluntad de Dios, que parcialmente condiciona las oportunidades de las personas en su entorno.  En mayor o menor grado, pero de forma indiscriminada, la movilidad social de las generaciones futuras está supeditada a las condiciones socioeconómicas de sus antepasados.  Hay países donde la movilidad social es rápida y exponencial y otros donde son lacerante e injustamente lentas.

Según el Reporte Global de Movilidad social del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), los países nórdicos como Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia tienen un índice superior a los 80´s, comparado con Ecuador, México y Brasil que están en los 50´s o Guatemala y Honduras que están en los 40´s.  Pero, ¿qué nos dicen esos números? Pues bien, soportado por el rigor científico de la WEF, si una persona nórdica nace en una familia muy pobre, le tomará en promedio 2 generaciones alcanzar el nivel de clase media. En cambio, si un brasileño o un mexicano nace en circunstancias similares, se requerirían de hasta 9 generaciones para alcanzar dicha posición socio económica, esto es aproximadamente 225 años.  El tema es ¿qué se puede hacer para aumentar la movilidad social en los países y reducir las asimetrías económicas?  Pues bien, la perspectiva del estatus socioeconómico la describe Torche (2009) con base en dos características: el grado de educación y el nivel económico; ambos subordinados al crecimiento del PIB.  Según un estudio de Raj Chetty de la Universidad de Harvard, otros factores que afectan de manera positiva la movilidad social son: el porcentaje de jóvenes que trabajan desde la adolescencia, los resultados académicos, la proporción de familias con progenitores casados e incluso el que los puestos de trabajo estén a menos de 15 minutos de distancia.

Quisiera atestiguar la nobleza de naciones con altos niveles de movilidad social a través de algunos ejemplos en nuestro vecino país del norte.  George Soros es un magnate húngaro de origen judío que amasó su fortuna partiendo de cero al migrar a los EE.UU.  El fundador de Starbucks, siendo de origen muy pobre, se ganó una beca en la Universidad del Norte de Michigan, facultándolo para tomar buenas decisiones de negocio.  La conocida conductora afroamericana Oprah Winfrey nacida en el quintil 1 de pobreza, obtuvo una beca en la Universidad del Estado de Tennesse, que la proyectó para lograr su éxito televisivo. Un último ejemplo es el coreano Do Won Chang, quien migró sin recursos a los EE.UU. y tuvo que trabajar tres turnos hasta que poco a poco lograra crear el emporio de ropa Forever 21.  Hago hincapié que, en todos los casos, fue la educación de calidad y un entorno favorable para los negocios lo que les permitió a los mencionados subir la escalera socioeconómica.

¿Y cómo vamos en México en el tema de movilidad social? Según el Informe 2019 del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, en el norte del país las personas que nacieron en los hogares más pobres fue el 23% y de ellas el 8% pudo salir de la trampa.  En cambio, en el Sur de México, del 67% de las personas que nacieron en los hogares más pobres, solo el 2% logró prosperar y moverse social y económicamente.  Dicha asimetría de movilidad social es en consonancia con la diferencia en crecimiento económico por estado ya que, según datos del INEGI durante los primeros 9 meses del 2019, Nuevo León experimentó un crecimiento económico de 2.7% comparado con un decrecimiento de 7.9% en Tabasco, 2.6% en Chiapas y 2.3% para Campeche.  Es imposible la movilidad social si no hay crecimiento económico.

Hablando con Roberto Siller de la Fundación UANL y con base a una investigación del Centro de Investigaciones Económicas de la Universidad Autónoma de Nuevo Leon, dicha universidad ha jugado un rol crucial en la movilidad social ya que en los últimos 40 años ha cuadruplicado la cantidad de egresados mientras la población del estado se duplicó. Más aún, a pesar de que el 76% de sus egresados son hijos de padres sin estudios o solo con primaria terminada y viven en áreas de baja o muy baja marginación, el 70% de ellos se colocan en empresas privadas, logrando con ello aumentar sus posibilidades de movilidad social.  Recalco que la educación superior pública es particularmente relevante ya que, el asistir a una universidad más cara no tiene la misma correlación con la movilidad social pues muchos de dichos estudiantes ya provienen de familias de clase media o alta.

Recientemente vi con cierta tristeza un video con tintes políticos haciendo alarde de los logros de gobiernos anteriores en México y recordé la frase de San José María Escrivá “No vueles como un ave de corral, cuando puedes subir como las águilas”.  Sin duda y en grado superlativo, en los rubros de educación y crecimiento económico precursores de la movilidad social, el costo de oportunidad de no haber hecho en México lo posible, es inconmensurablemente mayor a los resultados hasta hoy obtenidos.  Nuevo León, sin embargo, se cuece aparte siendo un referente nacional por sus empresas y sus universidades.  Espero en Dios que a lo largo y ancho del país podamos tener la movilidad social de la cual gozan los países nórdicos y que recabemos en México tantos ejemplos de movilidad social como los hay en el vecino país del norte.



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