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Opinión Columna


Deshonestidad, ¿podemos resistir la tentación?


Publicación:24-01-2019
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En la vida nos encontramos con momentos y situaciones que ponen a prueba nuestros valores, la clave definitivamente es la educación

Los seres humanos tenemos algo que nos hace tener sentido y una justificación positiva a nuestra existencia. Se trata de los valores, que son todas aquellas conductas, principios y cualidades buenas. Nos caracterizan si están presentes, pero nos marcan cuando no lo están y sobre todo, su ausencia genera consecuencias negativas.

Algunos valores tienen su contraparte y se le llaman antivalores, en particular del que me interesa hablar es el de la honestidad como valor y la deshonestidad como su antivalor. Por una parte, celebro que cada vez se le de mayor difusión a los valores, pues en mi opinión, es la clave para mejorar socialmente; sin embargo, la deshonestidad está tan arraigada en nuestra sociedad y cultura, que la simple difusión de valores no es suficiente.
Podría llamar a la deshonestidad como un antivalor capital, pues de él se desprenden muchos antivalores que nos dañan cada vez más, no solamente de manera individual sino también en el tejido social, político y hasta en el religioso.

Nuestros gobernantes y políticos demuestran sobradamente la ausencia de valores, pues además de ser deshonestos, son cínicos. Nosotros como votantes a veces nos vamos a un nivel más allá de ingenuos -por decirlo de una forma sútil-, pues es tan fácil creer que nunca serán capaces de robar, o que serán la solución a la corrupción y lo primero que llegan haciendo una vez en el poder, es tráfico de influencias, abuso de autoridad, malversación de recursos, y un despilfarro para engrandecer su imagen.

Por ahí circula una “Cartilla Moral” en una versión adaptada, escrita originalmente en 1944 por Alfonso Reyes, a encargo de Jaime Torres Bodet, secretario de educación de México en aquel tiempo. La intención de su difusión y reedición actual es promover lo valores, una lamentable iniciativa cuando quien se encarga de encabezar este proyecto, ha demostrado la ausencia de valores y el desbordamiento de antivalores por más de 18 años, sembrando el odio y la división en la sociedad. Sin decir nombres “tú ya sabes quién” -la mejor forma de promover esta cartilla es aplicándola y predicando con el ejemplo-.

La política es uno de los actores principales de la deshonestidad, pero es un poco injusto juzgar y criticar solo el vértice, cuando el origen del problema está en la base, pues los políticos, como bien se ha dicho, no son sino una muestra representativa de la sociedad.

La sociedad misma es un caldo de cultivo de conductas alejadas de los valores. La deshonestidad se siente, se respira y se toca por donde quiera que uno se mueva. La gente miente con total facilidad y a veces lo hace sólo por placer, -aunque ni las mentiras piadosas deberían estar justificadas-, otras, por obtener un beneficio, o por ocultar algo que les avergüenza o los deja vulnerables.

El engaño y la deshonestidad es lo de hoy; pues basta dar un recorrido superficial por los perfiles en redes sociales o profesionales donde encontramos que las fotos están trucadas, ves a la persona que no se parece en la vida real de tantos filtros y ediciones que le hacen a sus fotos de perfil; la gente miente en su información, y aunque es algo muy “simple”, es solo un reflejo de lo fácil que es ser deshonestos; pues quien no puede ser honesto en lo “simple”, no lo será en lo “complejo”.

No solo las redes sociales y la información pública son evidencia de deshonestidad. En lo privado la gente también es falsa y deshonesta; hay veces que por orgullo, otras por malicia, otras tantas la causa es la vergüenza, y unas más, por múltiples razones; pero a la gente le cuesta mucho ser honesta y hablar con la verdad, anda por la vida con máscaras tratando de dar una cara falsa y ocultando su falta de honestidad.

Como ciudadanos, todos nos sentimos los más honestos, sabemos los reglamentos y los “seguimos al pie de la letra” cuando de juzgar a otro se trata, pero no somos capaces de resaltar cuando nosotros cometemos la falla, y peor aún, si ya conocemos el deber ser, ¿Por qué fallamos?, la respuesta está sobreentendida, pero un resquicio de orgullo y soberbia nos impide aceptar que podemos tener ocasionalmente conductas deshonestas. ¿Porque entonces cómo le llamaríamos a…? no devolver deliberadamente algo que nos prestaron, cobrar de más, apropiarse de algo que no es tuyo ya sea robando, o encontrarlo y no buscar devolverlo, sabiendo que tiene dueño; la evasión de impuestos, pasarse un semáforo en rojo, meterse en una fila sabiendo que hay gente esperando desde antes, o quienes participan en una extorsión o sobornos.

Lo religioso y espiritual no se escapa de la deshonestidad, hay organizaciones lucrando con la fe, la buena voluntad, y en su mayoría, hasta de la ignorancia o confianza ciega de quienes los siguen; pero por otro lado, nosotros mismos no somos fieles y honestos con los principios aprendidos, cualquiera que fuera la doctrina profesada -finalmente todas se enfocan en el bien propio y del prójimo- si nuestra educación y valores morales no son los suficientemente firmes, nuestras creencias religiosas podrían ser lo que nos salvara, pero lamentablemente no es así tampoco, y nos dejamos llevar por conductas deshonestas.

Es importante dejar claro, que la falta de honestidad no es exclusiva de ninguna clase social, sexo o edad. La deshonestidad empieza en lo individual, pero se solapa y multiplica en lo colectivo. A veces pareciera que hay un acuerdo no escrito donde este tipo de conductas se toleran y se aceptan como válidas, dando lugar a una cultura deshonesta y que vergonzosamente nos posiciona en los primeros lugares mundiales en este rubro.

En la vida nos encontramos con momentos y situaciones que ponen a prueba nuestros valores, la clave definitivamente es la educación y su promoción, pero estos, más allá de enseñarlos con cartillas y panfletos, se debe hacer con el ejemplo, y eso está, en el aquí y en el ahora, no en el futuro. Resistir a la tentación de conductas deshonestas sólo se logra con decisión.

Twitter: @cristobelizondo
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« Redacción »
Cristóbal Elizondo


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