Opinión Editorial


De estudiante a secuestradora


Publicación:14-10-2021
version androidversion iphone

++--

En la audiencia, Melissa se enteró que la acusaban de secuestro. Sin conocer a la víctima ni a los miembros de la presunta banda, y sin pruebas en contra

Conocí a Melissa. A sus 24 años, llevaba 5 años privada de su libertad. Cuando entró a prisión tenía 19 años y soñaba con ser criminóloga. Su familia, originaria de una comunidad en el Istmo de Tehuantepec, invirtió todos sus recursos en hacer el sueño de Melissa realidad, y tras años de esfuerzo, lograron rentar un cuarto y mandar a Melissa a la universidad en la ciudad de Oaxaca.

Melissa conoció a Adriana y se hicieron amigas cercanas. Melissa no hizo muchas más amigas. "Adri era como mi familia", me platicó, nostálgica.

Un día recibió una llamada de Adriana, en la que pedía ayuda. Le dijo que estaba en un hotel, y que su novio la había golpeado. Melissa corrió a donde supuestamente estaba Adriana herida.

Al llegar, Adriana estaba perfecta; en cambio, en la cama había un joven amordazado y con los ojos vendados. Melissa comenzó a alterarse preguntándole a Adriana qué estaba pasando. "No supe a quién llamar", fue lo único que contestó Adriana.

Antes de que Melissa pudiera salir corriendo, los policías irrumpieron. La golpearon y la subieron en una patrulla para llevarla a lo que describe como separos. Ahí, la torturaron y la violaron, "hasta que no confieses, no te dejaremos ir", le decían. Melissa no entendía, "les hubiera dicho lo que sea con tal de que me dejaran ir, pero no sabía ni por dónde empezar o qué inventar".

En la audiencia, Melissa se enteró que la acusaban de secuestro. Sin conocer a la víctima ni a los miembros de la presunta banda, y sin pruebas en contra, hoy sigue esperando que le dicten sentencia.

En 5 años, solo ha visto a su abogado un par de veces. Su familia no ha podido visitarla, pues el trayecto es imposible pagar.

Salí del penal destrozada, pensando a cuántas personas les hemos fallado dentro de nuestro podrido sistema de justicia penal.

Le pregunté si todavía soñaba con ser criminóloga. "Si salgo de aquí, me gustaría dar clases de criminología. Pero le contaré la verdad a mis alumnos. Que nada de lo que les enseñan es cierto, que la cárcel es solo un lugar donde los sueños vienen a morirse".

Pensé que quizás es la descripción más atinada sobre la cárcel. Ojalá algún día las cientos de jóvenes que, como a Melissa, les hemos fallado, vuelvan a conocer la libertad. Pero que cuando la obtengan, puedan enseñar a sus alumnos y contarle a la sociedad un concepto diferente de lo que es la prisión en nuestro país.



« Daniela Ancira »
Daniela Ancira


Publicaciones del autor