Opinión Editorial


Ciegos voluntarios


Publicación:15-09-2021
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México tiene millones de personas que, consciente o inconscientemente, han decidido ser ciegos voluntarios y "sordos del corazón" y permiten ser guiados por otro ciego

A lo largo de la historia, renombrados científicos han suscrito que el cerebro humano simplemente no se puede modificar después de los siete años, pero eso es un mito ampliamente popularizado y un asidero artificial que no tiene sustento. La verdad es que existen varios tipos de inteligencia y que la mente se puede ejercitar, reeducar, adaptar y moldear toda la vida y que nunca es tarde para aprender. En cuanto al desarrollo cognitivo, el neurocientífico Mariano Sigman sostiene que: "El cerebro del ser humano nunca deja de cambiar, por lo tanto, nunca dejamos de aprender y transformarnos".

Aunque ejemplos sobran, en pleno siglo XXI predominan numerosos octogenarios, nonagenarios y hasta centenarios que bailan, cantan, levantan pesas, andan en bicicleta, han completado un maratón a los cien años y hasta ofrecen elocuentes discursos. Tal vez estas ejemplares personas tuvieron entornos y personas que estimularon su sano desarrollo cognitivo, físico, emocional y espiritual.  Quizás fueron igualmente receptivos a la influencia positiva de amigos, familiares y educadores.

Tocante al valor del educador, quien tenga vocación es como un arco que inspira a sus alumnos, cual flechas intrépidas, a acariciar las alturas y llegar lejos. Es como una vela que se consume a sí misma para alumbrar el camino de otros, equipara a quien deja huella y quien es congruentemente virtuoso y, sobretodo, es como quien brinda a sus alumnos esperanza. San Juan Bosco afirmaba que: "La buena educación es el germen de muchas virtudes". Pues bien, para los virtuosos maestros bien aplica la frase: "De lo que reboza el corazón, habla la boca". Desgraciadamente no todos son así.

Hace un par de semanas, por inverosímil que se lea, el periódico español El País, publicó una vergonzosa nota que decía: "El regreso a clases en México se topa con grandes reticencias entre maestros". Sin entrar en polémica sobre sus razones o sinrazones, el punto es que en ocasiones los maestros pudieran no dimensionar el alcance de su trabajo y enlistar endebles pretextos. No por nada dicen que cuando alguien no hace aquello que debe de hacer y que sabe que debe de hacerlo, tiende consciente o inconscientemente, a justificarse. Quizás un poco como mecanismo de defensa, pero un mal maestro pudiera moldear, modificar e incluso esclavizar a su conciencia con tal de que no le remuerda. Y reforzando el argumento subrayo el siguiente refrán: "Si no vives como piensas, terminarás por pensar como vives".

El punto es que el mal ejemplo no es privativo de académicos y educadores, sino que aplica por igual a mentores, coaches, consultores, asesores, influencers, artistas, comentaristas, políticos o cualquier persona que sea un mal modelo a seguir. Así es, una mala influencia pudiera equipararse a un ciego que guía a otro al abismo. Pero es que no es un tema menor, para quien da un mal ejemplo o consejo, hay una frase durísima en el Evangelio: "Y al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar". Como ejercicio ilustrativo, los pequeños pudieran ser los estudiantes, los jóvenes vulnerables, los ancianos, los ignorantes o cualquier persona fácilmente influenciable. 

Ejemplos de nocivos influjos hay muchos: quienes incitan a la violencia, los proxenetas que inducen a la prostitución, los traficantes que inician a jóvenes en las drogas, los padres que enseñan a sus hijos a robar, políticos que hacen al pueblo dependiente de dádivas y hasta amigos que justifiquen el obrar mal. Está claro que no se puede ni debe generalizar, pero, en muchos casos, quien da una mala enseñanza, es porque su propia vida es igualmente defectuosa. Sin ser regla de dedo, dichos individuos pudieron haber vivido ellos mismos una mala vida, luego auto justificaron sus miserias para finalmente enseñar el mismo camino equivocado por donde ellos se han metido.

Claro, quien está expuesto a la mala influencia tiene que estar abierto y dispuesto a recibirla y, si así fuera, se definiría como alguien que voluntariamente decidió ser ciego y dejarse guiar. Como ejemplo de ello, según el reporte del dos de septiembre de Oraculus, a pesar del desastre económico y los niveles históricamente altos de homicidios, el nivel de aprobación presidencial a mitad de sexenio es de 61%. Así es, todo indica que México tiene millones de personas que, consciente o inconscientemente, han decidido ser ciegos voluntarios y "sordos del corazón" y permiten ser guiados por otro ciego.

Hago votos para que los millones de ciegos voluntarios humildemente abran sus ojos y, aunque fuera cojeando, con la actitud debida, decidan libremente elegir reencausar su camino guiados por alguien que les sepa mostrar una ruta de trascendencia. A final de cuentas, como afirmaba Viktor Frankl: "Son las decisiones, no las condiciones, las que determinan quienes somos ... nuestra mayor libertad es la libertad de elegir nuestra actitud". 



« Eugenio José Reyes Guzmán »