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Opinión Editorial


Amor a la tierra de Zapata


Publicación:12-04-2022
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“¡Zapata no ha muerto! Aún cabalga en su caballo blanco por las montañas del sur…”

Hermano de patria, campesino hermano,

Que tu mano siembre la fértil semilla,

Que será la santa y humilde tortilla.

Que libre tu prole de hambre y tortura…

David Alberto Cossío. 1919.

     El pasado domingo 10 de abril coincidieron la tradicional celebración del Domingo de Ramos por la entrada de Jesucristo a Jerusalem, la histórica consulta popular en materia de revocación de mandato del Presidente de la República y el 103 aniversario luctuoso del General Emiliano Zapata.

     

     La casual coincidencia tiene implicaciones históricas y culturales para nuestro México, cuyo profundo significado nos debe ayudar a entender nuestro pasado y a transformar nuestro futuro.

     

     Aunque las luchas del ‘Caudillo del Sur’ parecieran lejanas, ya desde 1919 el historiador nuevoleonés, David Alberto Cossío, le dedicó en sus Obras Completas el poema El Campesino, cuya primera estrofa aquí reproducimos. 

     

     Tras el triunfo del movimiento armado de 1910 a 1920, Nuevo León no se quedó atrás en el proceso permanente de transformación social y de creación de instituciones derivadas de la Revolución Mexicana.

     

     En los 51 municipios del Estado los héroes de la gesta revolucionaria fueron reconocidos en avenidas, calles, parques y edificios públicos, donde las estatuas y los nombres de Francisco I. Madero, Francisco Villa y Emiliano Zapata permanecen y se renuevan desde hace cien años.

     

     Con motivo del Centenario Luctuoso de Emiliano Zapata, hace tres años nos tocó convocar a historiadores, investigadores, académicos, cronistas y ciudadanía, para rendirle homenaje a través de un Conversatorio sobre su vida y obra, así como para colocar un cuadro y una placa en la Galería de Héroes Patrios del Vestíbulo del Congreso del Estado, actividad conmemorativa en la que contamos con el apoyo de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, que impulsó la tarea de releer la historia de Zapata y el Zapatismo con los ojos del nuevo milenio.

     

     El Conversatorio nos ayudó a repensar la historia del pueblo levantado en armas por la rebeldía de Zapata y el proceso de transformación vivido por los mexicanos los últimos cien años, así como a señalar la traición cometida por los gobiernos neoliberales contra los ideales revolucionarios.

     

     El maestro historiador, Héctor Jaime Treviño Villarreal, nos habló de los mitos gestados en torno a Zapata y dejó en claro que la gran verdad es su amor a la tierra donde le tocó nacer: Anenecuilco, enclavado en el corazón verde de Cuautla, Morelos, con base en cuatro siglos de resistencia de su pueblo en defensa de la tierra arrebatada por los españoles y luego despojada por los hacendados y grandes terratenientes.

     

     Mientras el historiador y politólogo, Óscar Tamez Rodríguez, expuso el legado de lucha zapatista en la Ley Agraria, publicada en 1915 y convertida en el Artículo 27 de la Constitución de 1917, que reivindica el dominio del pueblo sobre la propiedad de la tierra con base en el interés colectivo sobre el interés privado, gracias a la visión de justicia social por la que Zapata luchó para cambiar las condiciones de miseria y rezago de la población rural.

     

     Sobre Zapata tenemos mucho por repensar, reflexionar y luchar, que nos haga mejores ciudadanas y ciudadanos y nos sirva para construir el país digno donde queremos vivir. Emiliano representa lo mejor de la lucha por la tierra, la justicia, la libertad y la dignidad de los campesinos, así como por las reivindicaciones de las clases oprimidas y resulta esencial su memoria histórica para enfrentar con inteligencia los retos de los tiempos por venir. 

     

     La lucha del movimiento urbano-popular que se gestó en la década de los ‘70, reivindica la figura y legado del inmortal Zapata, quien sigue y seguirá siendo nuestro símbolo de lucha en la colonia Tierra y Libertad.

     

     A partir de que cayó acribillado en la Hacienda Chinameca, un 10 de abril de 1919, emboscado por el militar coahuilense Jesús María Guajardo bajo las órdenes del nuevoleonés Pablo González Garza, la consigna a lo largo y ancho de todo México es ¡Zapata vive! y su ¡lucha sigue!

     

     Por ello bien se dice que “¡Zapata no ha muerto! Aún cabalga en su caballo blanco por las montañas del sur…”



« Lupita Rodríguez Martínez »