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Sigue violencia sin ‘El Marro’

Sigue violencia sin ‘El Marro’
Continúan los ataques contra policías, así como el tiradero de cuerpos.

Publicación:02-08-2021
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Quedaron atrás las acciones de “narcoterrorismo”, pero siguen los tiroteos en las calles, las emboscadas y ataques a negocios

Un año después de la detención de José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro”, presunto líder del “Cártel de Santa Rosa de Lima”, el escenario de guerra cambió en Guanajuato con la expansión del “Cártel Jalisco Nueva Generación” y la presencia del “Cártel de Sinaloa”, que tiene a esta entidad como la más violenta del país.

En el territorio estatal quedaron atrás las acciones de “narcoterrorismo”, pero siguen los tiroteos en las calles, las emboscadas, ataques a negocios, en el interior de viviendas, contra policías, así como el tiradero de cuerpos y las extorsiones, el comercio de drogas, aumentó la desaparición de personas y surgió el desplazamiento forzado por la violencia en algunas regiones.

Especialistas en seguridad pública coinciden en que la captura de “El Marro” debilitó al “Cártel de Santa Rosa de Lima”, mas no lo eliminó, y trajo consigo la movilidad de cárteles con actividad igualmente letal, sólo que, a diferencia del apogeo de “El Marro”, ahora se montan pocas narcomantas en espacios públicos de León y no hay circulación de videos o mensajes en redes sociales.

Yépez Ortiz, quien fuera identificado por el Eje de Seguridad de Guanajuato como el principal generador de violencia, fundador del “Cártel de Santa Rosa de Lima” y líder huachicolero, se encuentra preso desde el 2 de agosto de 2020, fecha en la que fuerzas federales y estatales lo detuvieron en una finca de crianza de gallos en la comunidad Franco Tavera, del municipio de Juventino Rosas.

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Desde la prisión, durante algún tiempo, “El Marro” tuvo contacto con varias de las células de su grupo delictivo, pero ya fue incomunicado para evitar que siga girando órdenes e instrucciones a la organización. Fue aislado y no tiene contacto con el exterior, asegura un perito en seguridad.

Un cártel cada vez más debilitado. Jéssica Vega, investigadora en seguridad pública de la Universidad de Guanajuato, explica que en la nueva dinámica delictiva el “Cártel Jalisco Nueva Generación” busca el dominio, absorbió gente que era del “Cártel de Santa Rosa de Lima” y trata de imponerse con aquellos que no están de acuerdo con el grupo o que fueron muy frontales en la pelea por el territorio cuando se encontraba “El Marro”.

El “Cártel de Santa Rosa de Lima” tiene algunos adeptos, pero cada día está más debilitado. El “Cártel Jalisco Nueva Generación” está absorbiendo a los que eran integrantes del “Cártel de Santa Rosa de Lima”, que están aceptando ser parte de él, porque hay otros que no están aceptando y por eso el nivel de agresividad y la violencia se expresa a través de estos castigos hacia ellos”, explica la académica.

“Las desapariciones tienen que ver con un claro tema de pelea entre los grupos delictivos, donde efectivamente hay integrantes de estos grupos del crimen organizado involucrados; en muchas ocasiones los jóvenes terminan involucrando a la familia. También se ha detectado que estos grupos del crimen organizado terminan asesinando a integrantes clave de la familia, como lo es, por ejemplo, la madre”.

Vega explica que “El Marro” era un líder interno, conocía la lógica de la propia comunidad y esto permitía que hubiera cierto respeto a la cultura provinciana, de “no se meten con la familia” o con determinados actores. “En la medida que lo detienen, estas peleas entre los grupos implicaron que hubiera una mayor letalidad hacia, no solamente las personas, sino a la familia”.

Un reflejo de ello son los atentados ocurridos durante velorios o funerales en Celaya, Salvatierra, Moroleón y Uriangato, o en las propias casas del fallecido. En varias ocasiones llegaron los grupos armados y abrían fuego contra los asistentes.

Esto es una muestra del escalamiento de la violencia que se presenta en el estado, particularmente en el sur de Guanajuato.

Pelea por el territorio. Una investigación en curso de la Universidad de Guanajuato refleja que a partir de la detención de “El Marro”, los enfrentamientos son por el dominio del territorio por parte del “Cártel Jalisco Nueva Generación”, y en ella tienen identificado un alto nivel de desapariciones forzadas en la región que va de Celaya a Irapuato.

“También en Irapuato tenemos un alto nivel de desapariciones y también tenemos desapariciones en Celaya y Salvatierra. En algunos casos estas desapariciones no son consideradas todavía como tales [hasta estar formalmente denunciadas]”.

En el estudio han documentado desplazamientos forzosos por la violencia en el sur del estado, donde familias enteras se mueven de una localidad a otra y a nivel de municipios. Asimismo, detectaron que policías han renunciado a sus puestos en algunos de esos municipios para no verse involucrados o tener que apoyar a algún grupo delictivo.

Otro fenómeno que no existía es la violencia contra candidatos a cargos públicos, como el registrado en contra de la abanderada a la alcaldía de Moroleón, Alma Rosa Barragán (Movimiento Ciudadano), asesinada días antes de las elecciones.

“Hay presión por parte de los grupos de la delincuencia organizada sobre a qué candidatos van a permitirles estar en estos espacios, lo cual puede significar dos cosas: que ya haya arreglos previos con estos grupos o que estos candidatos que estuvieron [en la campaña] no representaran una amenaza al momento de ser elegidos [alcaldes]. Eso no podemos saberlo ahorita, pero sí que va a presentarse posteriormente”, analizan los investigadores.

Violencia disparada. La captura de “El Marro” debilitó al “Cártel de Santa Rosa de Lima”, que de tener el control de aproximadamente 16 municipios ahora tiene una presencia acotada en cuando menos ocho, y además trajo consigo un ligero descenso en la cifra de homicidios, “del que las autoridades han hecho un poquito de alarde de manera injustificada”, dice David Saucedo, especialista en temas de seguridad pública.



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