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Envuelven a Acapulco violencia y extorsión

Envuelven a Acapulco violencia y extorsión


Publicación:09-05-2022
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Llegó enero y los empresarios comenzaron a denunciar que los criminales los asfixiaban con las extorsiones.

Acapulco, GRO.- Todo estaba listo para abrir su taquería. Eran las cuatro de la tarde de un domingo de finales de enero. Jaime, su esposa, sus dos hijas y su suegra se sentaron en una mesa en la banqueta del negocio. Comenzaban a comer. A unos 20 metros se detuvieron dos camionetas. Jaime las vio y tuvo un presentimiento. Gritó a su esposa, a sus hijas y su suegra que corrieran, que se metieran al local. Él también corrió para agarrar su pistola. Mientras su familia se refugiaba, de las camionetas bajaron dos jóvenes, cuenta Jaime. Los dos, armados, caminaron directo a la taquería y abrieron fuego. Jaime intentó defenderse y también les disparó. Cuando terminaron de disparar, casi caminando regresaron a las camionetas, se subieron y se fueron. “No creas que se fueron rechinando las llantas, iban bien tranquilos”, recuerda Jaime. Las dos patrullas de la Policía Turística de Acapulco, Guerrero, que estaban a una cuadra no intentaron perseguir a las dos camionetas, se quedaron como si nada hubiera ocurrido. Las mujeres resultaron ilesas, pero su esposa y su suegra tenían crisis nerviosa. Cerraron el local y se fueron a un hospital. Jaime dice que sabía que en cualquier momento eso podía pasar. Semanas atrás recibió mensajes donde le exigían dinero. Lo estaban extorsionando. Primero le exigieron 50 mil pesos. Se negó. “Les dije que podía con 10 mil. No podía más”, dice. En el último mensaje le advirtieron: “Si no nos das los 50 mil pesos te vamos a llegar con largos”. Con armas, con rifles. Jaime cerró y ahora atiende con mucho miedo y mucha precaución. Sus hijas no le ayudan en el negocio, pero la menor sigue soñando que los hombres armados regresan y lo matan. La nueva etapa de la violencia. Hace unos meses, las autoridades —desde el Presidente hasta la alcaldesa— presumían que en Acapulco los homicidios dolosos, y en general la violencia, estaban en sus niveles más bajos. Las cifras, así lo decían. Pero vino el cambio de gobierno en la alcaldía (30 de septiembre) y en la gubernatura (15 de octubre) y la violencia se desató. Esta nueva etapa de violencia comenzó minutos antes de que Abelina López Rodríguez (Morena), rindiera protesta como alcaldesa de Acapulco. La noche previa hombres quemaron la discoteca Baby’O y le siguió la quema del tianguis de la colonia Zapata, el asesinato de ocho choferes de la ruta de la Costera Miguel Alemán, decapitados, más asesinatos y homicidios en la playa. Llegó enero y los empresarios comenzaron a denunciar que los criminales los asfixiaban con las extorsiones. La noche del 19 febrero, desde casi cualquier punto de la ciudad, se vio una columna de humo; 80 puestos del mercado central fueron quemados por hombres armados. Una de las versiones es que un grupo criminal los quemó porque los locatarios un día antes se negaron a protestar para exigir que militares dejarán de vigilar esa central de abasto. Durante los meses siguientes continuaron las ejecuciones, los tiroteos, los asesinatos en la playa. Así, la violencia ha ido recordando a la ciudad que el terror que se instaló hace más de 15 años no ha terminado. Desde ese tiempo, Acapulco está lleno de militares que no han podido detener la violencia. Ausencia de Estado. Carlos Juárez Cruz, director del Instituto para la Economía y la Paz (IEP), es acapulqueño y ha estado aquí gran parte de su vida. Es contundente en su análisis de la situación: no se ha hecho ni el intento por entender qué pasa. “Me parece que en Acapulco hace falta entender los patrones, tendencias que con los años se han hecho muy claras. Sabemos que en las elecciones se eleva la violencia y cuando pasan, gane quien gane, hay como una especie de reajuste, nuevos equilibrios negociados o no negociados. Esa información debería servir para prevenir”. Explica que en el IEP detectaron que al final del gobierno del priista, Héctor Astudillo Flores, hubo una caída en la violencia. Guerrero pasó de la posición 31 a la 25 en el índice de paz. “Para este año esperamos que no cambie mucho, pero estamos viendo que la tendencia está empeorando por el aumento de la violencia”, dice. En Acapulco ya hay tendencias muy claras de la violencia. ¿Por qué no se atiende? ¿No te parece que hay una omisión deliberada?, se le pregunta. “Lo que está pasando en Acapulco me parece grave. Hay una ausencia del Estado. Si grupos del crimen organizado controlan territorios, cobran impuestos, si proveen la seguridad, si los ciudadanos les rinden cuentas, eso es un repliegue del Estado. Un grupo criminal no podría espontáneamente apropiarse de un territorio,”.


« El Universal »