Nacional Mas Nacional


‘Cooperas con el narco o cuello’

‘Cooperas con el narco o cuello’
En Hidalgo opera el Cártel de Los Correa, liderado por Daniel Correa Velázquez El Tigre.

Publicación:26-04-2021
++--

La Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán describe que en el municipio de Hidalgo opera el Cártel de Los Correa, liderado por Daniel Correa Velázquez

 "Te voy a ser sincero. Yo no tengo permiso para mi aserradero. Traté de sacarlo y poder ser legal, pero es costoso, tardado y no cumplimos los requisitos. ¿Y sabes qué? Lo hacemos clandestinamente, cortamos el árbol, lo traemos, lo trabajamos y lo vendemos", reconoce Alberto, un maderero con un pequeño taller de máquinas hechizas en el municipio de Hidalgo, al noroeste de Michoacán.

"Debo decir que sí reforestamos. Es nuestra defensa. También compramos madera de fuera, al que venda, nos da igual si es legal o no, para no andar sacando tanto de nuestros bosques. No damos factura. Si alguien necesita papeles para mover la madera, los conseguimos, pero le sale más caro. Sabemos que está mal, que es ilegal. Pero tenemos que sobrevivir", argumenta.

Junto a Jungapeo y Tuxpan, Hidalgo forma un área de 895 kilómetros cuadrados. Es una de las 122 zonas con procesos críticos de deforestación que ha marcado la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), debido a la alta incidencia de tala clandestina relacionada con grupos del crimen organizado.

Alberto (los nombres han sido cambiados por seguridad) y los otros dueños de pequeños aserraderos entrevistados cuentan, como si susurraran, que cada uno de ellos paga mil pesos al mes al "grupo delincuencial", más otros mil por cada vehículo que tengan. Que los ganaderos están empezando a pagar cinco pesos por cada kilo de res que venden.

Un informe de la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán describe que en el municipio de Hidalgo opera el Cártel de Los Correa, liderado por Daniel Correa Velázquez El Tigre. Su familia comenzó controlando en estos bosques la tala clandestina y diversificó hacia la producción de marihuana y droga sintética, extorsiones y otros delitos. Mantienen una alianza con La Familia Michoacana y una guerra por el control de territorio con el Cártel Jalisco Nueva Gene-ración.

¿Por qué les pagan?

La respuesta es igual en todos los casos:

— Nos protegen

— ¿De quién?

— De ellos mismos. O cooperas o te dan cuello. Y primero es la vida de uno. Es como cuando en la escuela el güey más fuerte te pedía que le invites una torta —apunta el agricultor Ricardo.

"Yo trabajo con mis hijos. Les pago. Sacamos tres mil pesos a la quincena cada uno. Hacemos tablones, polines, astillas, aserrín. Vendemos a fábricas de tablas, a papeleras, a mueblerías... A mí me gustaría estar regularizado, pero los técnicos que hacen los estudios cobran mucho dinero. En esta región, todos somos ilegales. Nos gustaría pagar impuestos. ¿Sabes para qué? Para poder hacer presión al gobierno, para poder exigirles", matiza.

Él y los otros madereros entrevistados calculan que, además de 20 aserraderos grandes legalmente constituidos, hay unos 300 pequeños talleres familiares y clandestinos en esta zona. Trabajan entre tres y cuatro días a la semana, ocupando en cada jornada tres mil pies tablares de madera, sobre 40 árboles de 40 centímetros de diámetro. Sus productos van a los acaparadores en Ciudad Hidalgo, que luego los mueven a empresas grandes en la Ciudad de México o Morelia.

Siete millones de metros ilegales. La carretera es de terracería. Mientras la camioneta avanza lenta, tambaleándose como un borracho, por el terreno escarpado surge a la derecha un diminuto aserradero, otro tallercito a la izquierda, uno más a la izquierda y luego otro a la derecha. En menos de 300 metros, una decena de pequeños negocios familiares se dedican a comprar madera y transformarla en tablones y polines... que luego irán a las empresas que fabrican muebles, papel y construyen casas.

Los últimos datos oficiales hablan de que en los bosques de México se produjeron, de forma legal, 8.5 millones de metros cúbicos de madera en 2018. El informe Estado que guarda el sector forestal en México 2019, de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), estima que de los aserraderos salen al año 7 millones de metros cúbicos de madera que tienen su origen en la tala clandestina. En 2016, cuando salieron de los aserraderos una cantidad similar de madera legal, su valor en el mercado fue de 7 mil 600 millones de pesos., con los mismos canales de comercialización: en el argot se dice lavar madera.

"El lavado de madera se practica principalmente mediante el uso ilícito de remisiones y reembarques forestales, que son usados para acreditar la legal procedencia y transporte de las materias primas y productos forestales, desde los predios bajo aprovechamiento hasta los centros de almacenamiento y transformación, como son aserraderos, madererías y carpinterías, con los que se hacen más de un viaje de madera", explican desde la Profepa vía correo electrónico.

La técnica clásica es cargar el vehículo con madera ilegal y dejar espacios clave de esa documentación en blanco: fechas de expedición, vencimiento, especie, número de piezas, volumen. Si el viaje al aserradero es tranquilo, ese documento se guarda, pero si la policía para el camión y pide la documentación, se rellena rápidamente y se entrega.

"El mal uso de la documentación o su falsificación es uno de los fenómenos que ocasionan el contrabando y tráfico ilegal de materias primas y productos forestales", argumentan los agentes de la Profepa.

"Cuando las áreas forestales son muy pequeñas, los bosques con manejo forestal son rentistas, es decir, el aprovechamiento lo hacen madereros y contratistas de fuera de la comunidad: compran el árbol y hacen la extracción con personal ajeno a la comunidad", explica un ingeniero forestal nativo de Michoacán que pide el anonimato.

"Estos madereros usan esa documentación forestal de transporte para amparar madera de otros predios sin aprovechamiento y se mezcla la madera legal con la ilegal. Para ello inflan las tasas de aprovechamiento. Si van a sacar mil metros cúbicos, ponen mil 500 —advierte—, pero esto es sola una variante".



« El Universal »