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Problemas de salud, efectos colaterales del 11-S

Problemas de salud, efectos colaterales del 11-S


Publicación:09-09-2021
TEMA: #11-S  
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Han desarrollado varias patologías relacionadas con su exposición a las ruinas y los polvos de las torres colapsadas

WASHINGTON, EU.- Los efectos de los atentados del 11-S siguen presentes en aquellos que estuvieron expuestos al lugar de la catástrofe. Los años se acumulan, se conmemoran aniversarios —se está a punto de llegar al vigésimo—, y en paralelo las consecuencias en la salud de los que vivieron los ataques en primera persona, los que fueron al rescate de emergencia, pero también aquellos que trabajaban o paseaban o vivían por la zona de Manhattan donde hubiera las Torres Gemelas, se amontonan. Según datos federales de EU, se calcula que al menos medio millón de personas, 90 mil de los servicios de emergencia y el resto ciudadanos de a pie sin nada que ver con los esfuerzos de rescate, han desarrollado varias patologías relacionadas con su exposición a las ruinas y los polvos de las torres colapsadas, a la ceniza, el fuego y millones de partículas de fibra de vidrio y toxinas de todo tipo el que otrora fuera símbolo de Nueva York. Los estudios han detectado hasta 70 tipos de cáncer relacionados con la exposición a estas toxinas, además de múltiples enfermedades respiratorias, cuadros de estrés postraumático y desarrollo de enfermedades autoinmunes. Las investigaciones médicas que lo demuestran se acumulan. Las relacionadas con temas respiratorios son incontables. Una de las más recientes se hizo público este martes, en el marco del Congreso Internacional de la Sociedad Respiratoria Europea, donde el doctor Rafael de la Hoz presentó un estudio que resuelve que los que estuvieron como trabajadores de emergencias y voluntarios en el World Trade Center en las tareas de rescate son más propensos a desarrollar Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). La EPOC se caracteriza por la existencia de una obstrucción de las vías respiratorias generalmente progresiva e irreversible que causa dificultad para respirar, tos y sibilancias que empeoran con el tiempo. Lo más habitual es hallarlo en fumadores o aquellos expuestos a los humos de la quema de combustibles; en este estudio, la mayoría de los supervivientes afectados por EPOC no habían fumado nunca, pero estuvieron en el lugar del atentado los primeros días de las tareas de rescate. "Sabemos que los trabajadores de emergencia que llegaron después del desastre del World Trade Center enfrentan mayores riesgos de enfermedades de las vías respiratorias, como asma, bronquitis crónica inespecífica y bronquiolitis, probablemente causadas por el humo y el polvo tóxico que persistió en el aire días y semanas después del ataque", expresa De la Hoz en un comunicado. De la Hoz, médico neumólogo y profesor en la facultad de medicina del hospital Mount Sinai de Nueva York, explica a EL UNIVERSAL a través de correo electrónico que después de los atentados, "observándolo desde la distancia, intuía que el aire del sitio del desastre podría causar lesiones a todo lo largo de las vías respiratorias, y ese era un tema que ya me venía interesando por varios años como neumólogo especializado en Medicina Laboral". A finales de 2002 se integró a un equipo de investigación sobre los efectos respiratorios de los que estuvieron en la Zona Cero; su primera tarea fue catalogar de forma "minuciosa y sistemática" los síntomas presentados por los pacientes expuestos a las toxinas desprendidas por el derrumbe. "Las sorpresas eran parte de la rutina. Ha sido un trabajo fascinante (...) Las enfermedades respiratorias eran diversas y desafiaban clasificaciones convencionales, así que mucho de mi trabajo consiste en caracterizarlas". Si bien dice haber empezado su trabajo "sin preconceptos", confiesa que, aunque las enfermedades diagnosticadas "eran crónicas", "hubiera esperado que se extinguieran, así fuera lentamente". Pero hay factores que no lo permiten, argumenta, como el envejecimiento, "que trae nuevas enfermedades que constantemente los pacientes y muchos de sus médicos insisten en atribuir a su trabajo en el WTC hace 20 años". En el comunicado de anuncio de su más reciente estudio, De la Hoz explica que "es importante que sigamos monitoreando a estos trabajadores para comprender los impactos a largo plazo de su exposición mientras trabajaban en el sitio porque algunas condiciones pueden tardar muchos años en desarrollarse". Es lo que pasó, por ejemplo, con el ya fallecido Luis Álvarez, que se convirtió en imagen visible de la lucha de aquellos supervivientes que tuvieron que lidiar con enfermedades derivadas de su exposición al lugar de los atentados. Álvarez, fallecido en junio de 2019, fue diagnosticado en 2016 de cáncer colorrectal, una enfermedad que se vinculó a los tres meses que estuvo buscando desaparecidos y restos alrededor de las Torres Gemelas. "Enfermé 16 años después del suceso. Y hay algunos que dicen: 'Esto no me va a pasar a mí, estoy bien, el tiempo ha pasado'. No, el tiempo no va a pasar", añadió. Su testimonio ayudó a que se aprobaran fondos hasta más allá de 2090 para costear las facturas médicas. A todos los efectos más físicos detectados hasta ahora, y su evolución a patologías más severas y crónicas, ahora hay casos de demencia y problemas cognitivos en adultos en la cincuentena más propios de aquellos que superan los 70 años, como contaba este fin de semana un artículo en el The Washington Post.


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