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Ucrania y Rusia, a través de las obras de Gogol y Solzhenits

Ucrania y Rusia, a través de las obras de Gogol y Solzhenits


Publicación:25-02-2022
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Clásicos de la literatura rusa y ucraniana entre los que también están Pushkin, Nabokov, Chéjov, Tólstoi, Ajmatova, Aksiónov y Brodsky

CIUDAD DE MÉXICO.- En 1970, Alexandr Solzhenitsyn, el escritor e historiador de padre ruso y madre ucraniana, publicó un ensayo titulado "Carta a los dirigentes de la Unión Soviética" que para el historiador Jean Meyer es uno de los textos invaluables de la literatura rusa-ucraniana; así como invaluable le parece Nikolai Gogol, el escritor ucraniano del que propone leer "El abrigo", "Táras Bulba" y "Almas muertas", para adentrarse a los universos ucranianos.
Clásicos de la literatura rusa y ucraniana entre los que también están Pushkin, Nabokov, Chéjov, Tólstoi, Ajmatova, Aksiónov y Brodsky, cercanos a Ucrania a partir de la pasión literaria que les despertara la isla de Crimea --que forma parte esencial del conflicto entre Rusia y Ucrania-- abren un panorama a través de su obra de los ambientes y territorios de esa región que desde hace varios años está en disputa y ha dejado miles de muertos, y que hoy vive en una guerra declarada.
Jean Meyer afirma que el gran Solzhenitsyn, que era mitad ruso y mitad de Ucrania por su madre, le tuvo mucho cariño y mucho respeto a Ucrania y a los ucranianos, "él condenó el hecho al gobierno soviético pero también el de otras épocas, como en el siglo XIX, donde el gobierno imperial ruso había prohibido el uso de la lengua ucraniana, Solzhenitsyn escribió una larga carta, que en realidad es un pequeño libro a los dirigentes de la Unión Soviética que todavía existía, sobre cómo reconstruir a Rusia".
En esa carta, cuenta Meyer, Solzhenitsyn dice que hay que dar la independencia a todas las naciones que han sido víctimas del imperio, las naciones musulmanas y asiáticas de Asia Central, las tres pequeñas naciones del Báltico, la parte de Polonia, las naciones del Cáucaso, en especial Chechenia que hasta la fecha sigue siendo parte de la Federación de Rusia, "después de una terrible y cruenta guerra dirigida precisamente por el presidente Putin que ha sido el hombre de todas las guerras del siglo XXI: la guerra contra Chechenia, contra Georgia y ahora la guerra contra Ucrania".
Solzhenitsyn soñaba con una unión, no política, entre Ucrania, Rusia y Bielorrusia, porque consideraba que esas tres naciones eran primos hermanos, "él dice: 'creo en la unión rusiana, todos provenimos de la preciosa ciudad de Kiev de donde nos llegó el cristianismo', porque el gran Vladimiro, duque de Kiev, en 988, hace 1034 años, adoptó el cristianismo en su forma ortodoxa, el cristianismo de Constantinopla y bautizó a su nación. o Solzhenitsyn decía: ‘es doloroso y vergonzoso recordar los decretos sobre la prohibición de la lengua ucraniana’".
Incluso el historiador habla de la propuesta que en 1990, un año antes de la desaparición de la URSS, lanza Solzhenitsyn sobre que si el pueblo ucraniano desea realmente independizarse nadie debe retenerlo por la fuerza, y cita esa frase que dice: "hermanos hay evitar tan cruel división porque se trata de una ofuscación de los años del comunismo, hemos sufrido juntos sumidos en el mismo pozo y juntos saldremos de él". Meyer, puntualiza que así hablaba generosamente el gran Alexandr Solzhenitsyn, "nada que ver con el presidente Putin que dice califica de “operación especial” el ataque para desmilitarizar y desnazificar a Ucrania".
Jean Meyer celebra también la obra de Gogol a quien considera uno de los más grandes escritores de la literatura rusa, porque él escribió en ruso pero es ucraniano, y toda su obra le parece genial, pero por el momento histórico que vivimos, recomienda leer por ejemplo, "El abrigo", "Táras Bulba" y "Almas muertas".
"Hay que leer 'El abrigo', 'Almas muertas', al Gogol de los cuentos, es todo un personaje fabuloso, trágico también, atrapado entre dos mundos, entre su Ucrania natal y entre Rusia, atrapado también entre su fascinación por Roma, por Europa y por la cultura occidental, atrapado entre el catolicismo y la ortodoxia en la cual había nacido. De hecho muere, yo no digo que se suicida, pero se deja morir de anorexia", cuenta Meyer.


« El Universal »