Cultural Literatura
Manuel Rojas o la escritura como aprendizaje

Publicación:18-09-2025
TEMA: #Manuel Rojas
Presentan la antología de cuentos "Hombres del Pueblo" del narrador chileno Manuel Rojas
Hace unas semanas, el departamento editorial de la Universidad de Chile me invitó a presentar una antología de cuentos del narrador sudamericano Manuel Rojas (1896-1973) en la Feria del Libro Universitario que organizó, a fines de agosto, la UNAM en la Ciudad de México. Acepté pensando que sería una buena oportunidad de explorar la obra de este autor, del que sólo conocía su emblemática novela Hijo de ladrón, publicada en 1951. Hombres del pueblo, primera entrega de la colección editorial Biblioteca Esencial, es el título propuesto por los académicos Ignacio Álvarez y Lorena Ubilla, encargados de la selección y de la nota introductoria. Se trata en concreto de siete relatos, escritos entre 1926 y 1934, es decir, en plena dictatura de Carlos Ibáñez del Campo, que nos presentan a amplio repertorio de personajes masculinos que se niegan a reproducir los modelos de conducta impuestos, de manera vertical, por la sociedad oligárquica del cambio de siglo. ¿Qué representa Manuel Rojas para la literatura chilena del siglo XX? Al hablar de Hijo de ladrón el escritor y ensayista Álvaro Bisama exclamaba con asombro en su ensayo Cien libros chilenos (2008): "Es maravilloso que la mayor novela chilena del siglo veinte la haya escrito un autor al margen de cualquier moda literaria". Y ciertamente Rojas estaba en las orillas de los centros artísticos e intelectuales: autodidacta, obrero de múltiples oficios, desde albañil hasta impresor, y poseedor de una complexión robusta, alejada de cualquier "sofisticación" (el crítico literario más influyente de aquellos días, Hernán Díaz Arrieta, también conocido como "Alone", lo describía como un gigante de brazos de atleta).
¿Cuál fue el criterio de selección? Parte de la respuesta se encuentra en el mismo diseño de la Biblioteca Esencial, la cual es "una colección que busca poner al alcance de más personas grandes obras chilenas a través de ediciones cuidadas y accesibles. La selección se guía por criterios de calidad y paridad de género para reunir voces consagradas y contemporáneas". Hablé hace un momento de un repertorio de personajes, ¿quiénes son ellos? Trabajadores "con escasa especialización" (como en el caso del cuento "Laguna"); sujetos con empleos inestables e insuficientes que deben recurrir a la actividad delincuencial ("El bonete maulino"), hasta personas que terminan, por obra del azar o del destino, en la mendicidad ("Un mendigo"). Sin faltar, por supuesto, los delincuentes "profesionales" ("El delincuente" y "Un ladrón y su mujer"). En palabras de los antólogos: "Lejos de buscar una representación prototípica -como quiso el criollismo- o idealizada -como queremos leer a veces- en los cuentos de esta antología vemos hombres que habitan con dificultad sus marcos referenciales". El mundo retratado por Rojas es el "lado oculto" (o más bien escondido) de las historias oficiales y los discursos asociados al progreso.
Su prosa posee una técnica en apariencia simple, donde prima el relato en primera persona, basado en la experiencia: "De aquella época de mi vida ningún recuerdo se destaca tan nítidamente y con tantos relieves como el de aquel hombre que encontré en mis correrías por el mundo..." Así comienza, por ejemplo, el narrador de "Laguna": un personaje que recuerda y evoca momentos de su vida pasada, casi siempre agitada y llena de aventuras y peripecias, en un mundo que oscila entre lo rural y lo marginal urbano. Repertorio de obreros, ladrones, borrachos, aventureros. Abanico de relatos, donde un personaje cuenta un cuento que se desdobla en otro. Cuando las narraciones acontecen en el campo vemos desfilar la vida del fundo, de la mina, del poblado. Escuchamos relatos de abigeo, de hurtos, de cambios de fortuna. Cuando ocurren en la ciudad, nos movemos por conventillos, por callejones, por esquinas oscuras, apenas alumbradas por la luz mercurial. El universo cuentístico de Rojas gira en torno al periodo de las oligarquías, de los fundos, de los gobiernos de hacendados o de militares (como el de Ibáñez del Campo), y se desplaza al universo de las publicaciones anarquistas y de los movimientos obreros (aún faltan algunos años para la tristemente célebre matanza del Seguro Obrero, ocurrida el 5 de septiembre de 1938, y narrada por Carlos Droguett). Escribir, para Manuel Rojas, significa aprender, aprender sobre el mundo y sobre sus habitantes.
Para los antólogos, estos relatos tratan de hombres y sus relaciones homosociales, y por lo tanto no esconden su lectura, una "lectura situada", pero consciente del lugar y del momento en que se despliega. Lo interesante, sin embargo, es que Rojas no se queda nunca instalado en algún modelo fijo o predeterminado: sus cuentos no son deterministas, ni asocian pobreza con criminalidad. Tampoco la idealizan. Al contrario: exploran la condición humana, con sus aciertos y múltiples contradicciones.
« Víctor Barrera Enderle »




