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Linaje materno y el encuentro con la lengua

Publicación:16-07-2026
TEMA: #Cultura
La escritora habla de la lengua oculta de su madre y mostrar que infancia no es destino.
CIUDAD DE MÉXICO, julio 16 (EL UNIVERSAL).- Leche de silencio (Páginas de Espuma), el nuevo libro
de Socorro Venegas, es como ella lo apunta, una obra mestiza, que deambula entre el ensayo, la biografía, las memorias y la novela con un lenguaje de gran carga poética y nacido desde varios afluentes que confluyen en una historia sobre su linaje materno, pero en el que también habla del náhuatl, la lengua que le hicieron silenciar a su madre, la vulnerabilidad de las infancias, los secretos familiares, los cuidados, la muerte y el duelo, y la decisión de una niña de nueve años de romper con su destino manifiesto.
Luego de siete borradores en los que intentó distintas maneras de contar esta relación entre madre e hija, es decir su madre y ella, la escritora habla de la lengua oculta de su madre y mostrar que infancia no es destino, "quise hablar de la infancia de mi madre, el dolor del silencio y el dolor de perder a un hijo. Es un libro que atraviesa distintos afluentes que la convierte en una historia que universaliza distintas experiencias porque se trata en el fondo de traspasar la experiencia humana que compartimos, con códigos familiares, lo que no se debe decir, con la manera en que se asumen los secretos familiares o el duelo".
Pero también está el tema de los cuidados, "yo aprendí a cuidar con mi madre, yo vi cómo ella se partía no en dos, no en tres, sino era como distintas mujeres que trabajaba, que cuidaba de mi hermano para llevarlo a su tratamiento contra el cáncer, que estaba pendiente de que hubiera comida en la alacena, con mi padre que estaba inhabilitado emocionalmente y no sabía llevar ese barco, y mi madre ni siquiera se lo preguntaba. Mi madre es la que estaba allí y yo quería mostrar ese lugar que se le asigna a las mujeres porque es urgente cambiar esa normalización de la responsabilidad de cuidar de todos".
Venegas dice que este libro nació a partir de la pregunta de por qué ella no habla la lengua de su madre y que derivó en la estructura que tiene el libro: una conversación entre dos mujeres que creen que se conocen perfectamente, que se saben las historias que se han leído a lo largo del tiempo entre madre e hija, pero que apenas al conversar se autodescubren.
"Eso ha sido uno de los hallazgos en este libro, lo primero que me sucedió cuando quise llevar a la escritura estas conversaciones tan entrañables con mi madre, me di cuenta de que era un libro que me pedía otra forma... al final, me quedo con la noción de la contra narrativa, de estar contando una historia de una manera muy distinta a cómo e se ha contado la historia de las lenguas indígenas, casi siempre desde el registro museístico, antropológico, sociológico; yo quería hablar de cómo se ven estas historias desde adentro, cómo es prácticamente desentrañar estas experiencias", afirma.
Esa le parece una transgresión, la otra tiene que ver con decir que la infancia no siempre tiene que ser destino. "Mi madre, a los 9 años, deja su pueblo porque se rehúsa a seguir el destino manifiesto, a ser una niña que va a tener que guardar silencio, a la pobreza, al hambre, a cuidar de todos sus hermanos, después de sus padres ancianos, pero ella no quiere eso, y que una niña a esa edad decida que tiene que irse, para mí era la revolución que este país no puede sostener tampoco. ¿Cómo es posible que los niños puedan verse en esa disyuntiva?", plantea Socorro Venegas.
Reconoce en la historia de su madre y sus conversaciones con ella una "épica íntima", en la que busca un trazo sanguíneo de las mujeres de su familia, porque además de Elia, su madre, está Lina su abuela, también indígena, pero que preservaba varios códigos patriarcales, y Sara, su tía, mujer, indígena y sorda.
"Me gusta el libro porque revela esta anomalía de resistir, de estar y de poder romper estos silencios, de poder decir lo que significa guardar en silencio una lengua materna que además por la propuesta del título justo también me interesaba mostrar que cuando tu madre te transfiere su lengua te está de alguna manera dando un alimento esencial como la leche materna, ahí está vinculada la lengua también, y eso que es esencial yo no lo recibí", apunta la también autora de Vestido de novia y Ceniza roja.
La escritora señala que en este libro no usa ningún artificio, sino que es "profundamente honesto".
Luego de siete borradores en los que intentó distintas maneras de contar esta relación entre madre e hija, es decir su madre y ella, la escritora habla de la lengua oculta de su madre y mostrar que infancia no es destino, "quise hablar de la infancia de mi madre, el dolor del silencio y el dolor de perder a un hijo. Es un libro que atraviesa distintos afluentes que la convierte en una historia que universaliza distintas experiencias porque se trata en el fondo de traspasar la experiencia humana que compartimos, con códigos familiares, lo que no se debe decir, con la manera en que se asumen los secretos familiares o el duelo".
Pero también está el tema de los cuidados, "yo aprendí a cuidar con mi madre, yo vi cómo ella se partía no en dos, no en tres, sino era como distintas mujeres que trabajaba, que cuidaba de mi hermano para llevarlo a su tratamiento contra el cáncer, que estaba pendiente de que hubiera comida en la alacena, con mi padre que estaba inhabilitado emocionalmente y no sabía llevar ese barco, y mi madre ni siquiera se lo preguntaba. Mi madre es la que estaba allí y yo quería mostrar ese lugar que se le asigna a las mujeres porque es urgente cambiar esa normalización de la responsabilidad de cuidar de todos".
Venegas dice que este libro nació a partir de la pregunta de por qué ella no habla la lengua de su madre y que derivó en la estructura que tiene el libro: una conversación entre dos mujeres que creen que se conocen perfectamente, que se saben las historias que se han leído a lo largo del tiempo entre madre e hija, pero que apenas al conversar se autodescubren.
"Eso ha sido uno de los hallazgos en este libro, lo primero que me sucedió cuando quise llevar a la escritura estas conversaciones tan entrañables con mi madre, me di cuenta de que era un libro que me pedía otra forma... al final, me quedo con la noción de la contra narrativa, de estar contando una historia de una manera muy distinta a cómo e se ha contado la historia de las lenguas indígenas, casi siempre desde el registro museístico, antropológico, sociológico; yo quería hablar de cómo se ven estas historias desde adentro, cómo es prácticamente desentrañar estas experiencias", afirma.
Esa le parece una transgresión, la otra tiene que ver con decir que la infancia no siempre tiene que ser destino. "Mi madre, a los 9 años, deja su pueblo porque se rehúsa a seguir el destino manifiesto, a ser una niña que va a tener que guardar silencio, a la pobreza, al hambre, a cuidar de todos sus hermanos, después de sus padres ancianos, pero ella no quiere eso, y que una niña a esa edad decida que tiene que irse, para mí era la revolución que este país no puede sostener tampoco. ¿Cómo es posible que los niños puedan verse en esa disyuntiva?", plantea Socorro Venegas.
Reconoce en la historia de su madre y sus conversaciones con ella una "épica íntima", en la que busca un trazo sanguíneo de las mujeres de su familia, porque además de Elia, su madre, está Lina su abuela, también indígena, pero que preservaba varios códigos patriarcales, y Sara, su tía, mujer, indígena y sorda.
"Me gusta el libro porque revela esta anomalía de resistir, de estar y de poder romper estos silencios, de poder decir lo que significa guardar en silencio una lengua materna que además por la propuesta del título justo también me interesaba mostrar que cuando tu madre te transfiere su lengua te está de alguna manera dando un alimento esencial como la leche materna, ahí está vinculada la lengua también, y eso que es esencial yo no lo recibí", apunta la también autora de Vestido de novia y Ceniza roja.
La escritora señala que en este libro no usa ningún artificio, sino que es "profundamente honesto".
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