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Entre ruidos, silencios y frases

Entre ruidos, silencios y frases


Publicación:19-11-2022
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El arte de escribir y escribir bien textos creativos era un milagro que algún ser superior realizaba

El vuelo del cóndor

Carlos A. Ponzio de León

Pedro conectó al micrófono un extremo del cable. La otra punta iba a la bocina. Encendió la corriente y dio un pequeño golpe con los dedos a la rejilla. Toc, toc: escuchó correctamente el sonido proveniente del altavoz. “Bueno, bueno… probando”. Se apartó del pedestal para acercarse al guitarrista: “¿Listo?”. “Dame un segundo”. Las cuerdas metálicas sonaron: una escala de blues que subía y bajaba dos octavas completas: un toque azul profundo bajo los girasoles del campo. “Listo”. Pedro se dirigió a la computadora y comenzaron a sonar el resto de los instrumentos: bajo y batería, programados. Se trataba de un cover: “You Really Got Me”, como lo grabaron The Kinks en un sencillo de 1964. Tu pum pum ta ra. Pedro afinó con exactitud en el sol natural cuando comenzó a cantar: “Girl, you really got me goin’…”. Y luego de haber bebido dos jaiboles, su voz era la del viento bramando con la fuerza de una tempestad. El estupor del guitarrista era evidente. No había escuchado cantar a Pedro con esa vehemencia, en dos años de ensayos. Pedro mismo sentía que su canto era soberbio… incluso si se le comparaba con el del vocalista de The Kinks. Concluyó el primer verso con la seguridad que otorga la longevidad de una montaña. El segundo verso casi igualó al primero. Luego vino el solo de guitarra que fue como una colisión de estrellas y finalmente: el último verso en la voz afilada de Pedro. Cantante y guitarrista se felicitaron. Silencio. Entonces escucharon que por la ventana entraba la voz de un vecino aullando: Auuuuu.

Pedro se acercó a la ventana. No daba crédito. Regresó a sentarse en una silla. “Eso no va a detenerme”, se dijo a sí mismo y le dijo en voz alta al guitarrista, quien sonrió y le preguntó: “¿A poco si es un vecino aullando?”. “Acércate a la ventana”. Los dos estaban igual de sordos. “Parece que sí”. Se quedaron quietos, pensativos sobre lo que estaban presenciando. Nunca les había ocurrido luego de veinticuatro meses. ¿Habría perdido la paciencia el vecino luego de tantos fines de semanas de ensayos?

Pedro y su guitarrista se habían conocido tres años antes, en una reunión del colegio de sus hijas en las que la directora presentó a los padres de familia la nueva iniciativa de clase de música para los alumnos. Cada viernes, los niños formarían bandas de rock y los padres tendrían oportunidad de asistir a escucharlos al final del semestre. Cuando resultó que las hijas de Pedro y su amigo tocaban en el mismo grupo, ellos descubrieron que habían dejado inconclusos sus estudios de música como carrera en la misma época. Decidieron reunirse para practicar y sacar a flote sus deseos frustrados. Ambos habían estudiado piano clásico, pero acordaron que el rock sería una buena opción ahora, a los treinta y cinco años. Comenzaron a reunirse los sábados por la mañana en el departamento de Pedro, antes de que comenzaran las actividades familiares.

Los aullidos continuaban: Auuuu. “Ya fue mucho, ¿no?”, preguntó el guitarrista acercándose nuevamente a la ventana. “Yo creo que es un perro aullando”, le dijo a Pedro, quien decidió levantarse y volver a prestar atención. “Podría ser”, y volvieron al interior del estudio para sentarse prestando atención. La pierna de Pedro temblaba ansiosamente. Los aullidos no paraban. “Yo creo que es una alarma”, dijo el guitarrista. Y volvieron a asomarse por la ventana, tratando de aguzar el oído lo mejor posible. “Son aullidos demasiados exactos el uno del otro", dijo Pedro, “podría ser una alarma”. Y volvieron a sentarse. “Yo creo que podrías tratar de cantar más abajo, donde sientas más cómoda la canción”, le dijo el guitarrista.

Pedro asintió, pero se quedó entristecido, sentado en su lugar unos minutos, pensando que ahora, cada vez que cantara, estaría nervioso de que al final volvieran a escucharse los aullidos. No sabe que, en cinco años, él y su guitarrista tendrán listas varias canciones: “Wild Thing”, “I Want to Hold Your Hand”, “Your Song”, “Oh, Pretty Woman”, “Brown Eyed Girl” y “Great Balls of Fire”, entre muchas otras. En cinco años, estarán cantando y tocando en bares de la Ciudad de México, tendrán sus propias canciones y habrán grabado un disco que se venderá como cubrebocas en pandemia dentro de la plataforma de Bandcamp. En cinco años estarán presentándose en conciertos a las afueras de la Ciudad de México, con otros grupos y público en vivo que ha pagado por una entrada. En cinco años, la voz de Pedro volará a la misma altura a la que vuela el cóndor… y el vecino se convertirá en un fan que nunca más volverá a aullar.

Ideas y frases en pocas palabras

Olga de León G.

Tormenta

“La vi venir y no me hinqué”: dejé que pasara encima de mí. El remojo me reanimó. Entonces, pensé: nunca más me vencerá una tormenta aun sin tomar en cuenta su tamaño ni su dirección, ¡y no me hincaré! La mujer pasó sus últimos días recluida en un convento: …siempre estaba hincada.

Miedo

“El miedo no anda en burro”: tampoco en bicicleta. Cuando te encuentras un oso a la entrada de tu casa… No lo invitas a pasar. Te vuelves adentro, cierras con llave, llamas a Protección de los animales y, al mismo tiempo, buscas un rifle o carabina: ¿será precaución, o miedo?

Una de tamales

“El que nace para tamal, del cielo le caen las hojas”. Nunca hizo nada bueno en su vida, tampoco algo muy malo; pero siempre halló lo que buscaba: entre la familia, los amigos y también algunos desconocidos. Hoy se queja de que no lo dejaron ser ni hacer lo que quería: ¿ta-mal o ta-bien?

El teléfono

“Rin, rin, rin…” Suena cinco veces el teléfono, antes de que pueda levantar el auricular y contestar: “-Diga” (silencio)… “Bueno” (más suave y amable). Del otro lado una voz distorsionada (efecto logrado, quizás, con un pañuelo sobre la bocina): -¡Tía…! (casi canturreando) –¿Quién habla? –Yo tía, tu sobrino. -¿Quién? Pues yo… ¡Ay!, tía tan pronto me olvidaste… -No reconozco la voz, ¿cómo te llamas, quién eres?… -¡Ay, ya no te acuerdas de los pobres! …Silencio de ambas partes y cuelga el que marcó. ¿Cómo se llama la historia?... “Molestas llamadas desde algún reclusorio” o, “Intento de extorsión”.

Oficio real o fingido

“Una mujer alta tocó a la puerta”. Fíjate, hijo, que ayer vino una mujer buscando trabajo, pero no tiene recomendaciones porque acaba de llegar del estado de Hidalgo; le dije que viniera el jueves, me dijo que sí. Luego, me pidió para el camión… Cerré la puerta y fui por una moneda de $10, un plátano y una manzana… Ya me arrepentí de decirle que viniera… -Qué bárbara, mamita y, ¿cómo era? –muy alta y de algunos cuarenta y algo de años. Está por allí mi papá. –Sí. –Pásamelo. Oye, papito, ten a la mano el bate que guardan detrás de la puerta de la alacena, para el jueves… Carcajadas de ambos lados del teléfono… La mujer no vino.

“El arte de saber escribir

Ella fue siempre una perfeccionista en su oficio. Sufría lo indecible cuando se daba cuenta de que había mandado un texto con el menor error: "no hay errores de dedo, ni errores pequeños", solía decirles a sus alumnos. Crear metáforas, comparaciones o símiles para ideas sencillas era algo que solía salirle fácilmente; no sabía si le llegaban de arriba, del cerebro; o de afuera, es decir, del cielo o las nubes; o si brotaban solas, de las teclas al golpearlas suavemente con las yemas de sus dedos. Pero, eso no siempre sucedía; por eso pensaba que el arte de escribir y escribir bien textos creativos era un milagro que algún ser superior realizaba por ella.

Et al.

"Y otros", eso significa el latinismo "et al." Algunos desconocen que al es una abreviatura de alii y et es una palabra completa, la conjunción: y. Por esa razón es necesario colocar una coma después de "al." si el enunciado continúa con minúsculas, lo mismo para separar el año que se escriba después de "et al". No es difícil aprender esto... por qué, entonces, hay quienes lo aplican solo a veces, si no es adivinanza: a ver cuál es lo correcto.

"Gracias por la oportunidad"

Uno de esos días entre grises y cansados, ella se quejó en voz alta de que personas muy preparadas, Másters o Doctores (grado superior), pareciera que se olvidaban de los signos de la puntuación y de acentos primarios en palabras comunes y de uso frecuente: ¡es increíble como escriben! Pareciera que el español no fuera su lengua primera. Tras escucharla, alguien que la quiere bien y mucho, exclamó con suavidad: "deja que sigan haciéndolo así de mal"... Gracias a ellos tú siempre tendrás trabajo, que no entiendo por qué, pero sé que te gusta realizarlo.



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