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Descubren en Coahuila al Xenovenator espinosai, un nuevo dinosaurio

Descubren en Coahuila al Xenovenator espinosai, un nuevo dinosaurio


Publicación:13-01-2026
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El nombre Xenovenator espinosai hace referencia a su carácter inusual ("extraño") y a su condición de depredador.

TORREÓN, Coah., enero 13 (EL UNIVERSAL).- Un nuevo dinosaurio carnívoro, Xenovenator espinosai , ha sido oficialmente descrito y publicado en la revista científica internacional Diversity, representando un avance significativo en el conocimiento sobre la evolución de los dinosaurios en México y Norteamérica.
El fósil fue descubierto en el estado de Coahuila, en rocas pertenecientes a la Formación Cerro del Pueblo, una unidad geológica ampliamente reconocida por su riqueza paleontológica y con una antigüedad aproximada de 74 millones de años, durante el Cretácico Tardío (Campaniano)
El estudio fue realizado por un equipo internacional de investigadores, encabezado por paleontólogos mexicanos del Museo del Desierto en Coahuila y la Universidad Humanista de las Américas, en colaboración con la University of Bath (Reino Unido).
Héctor Rivera-Sylva, jefe del departamento de Paleontología del Museo del Desierto, explicó que el estudio se basa principalmente en un endocráneo excepcionalmente bien preservado, acompañado de material craneal referido correspondientes a al menos tres individuos diferentes, que permitió identificar una combinación única de caracteres anatómicos.
Mencionó que estos rasgos confirman que Xenovenator pertenece a los Troodontidae, un grupo de dinosaurios terópodos pequeños a medianos, altamente especializados y estrechamente relacionados con el origen de las aves. Con base en comparaciones anatómicas con otros troodóntidos, se estima que Xenovenator espinosai pudo alcanzar un tamaño de poco más de 3 metros de longitud y un peso de entre 160 y 160 kilogramos, lo que lo sitúa entre los miembros de mayor tamaño dentro de su grupo.
"Poseía ojos muy grandes, lo que le permitía cazar con precisión incluso en condiciones de poca luz. Contaba con un oído muy desarrollado", amplió el paleontólogo.
Este material principal fue clave para el reconocimiento y diagnóstico del nuevo taxón, mientras que los otros fragmentos aportan información adicional que refuerza su asignación taxonómica.
Los científicos utilizaron una tomografía computarizada para analizar el interior de las piezas óseas. Lo que permitió concluir que se trataba de una especie nueva debido a las líneas de sutura y la estructura frontal del cráneo.
Los troodóntidos se caracterizan por ser dinosaurios pequeños a medianos con un alto grado de especialización. Presentaban cerebros relativamente grandes en proporción a su tamaño corporal, lo que sugiere comportamientos complejos, así como sentidos muy desarrollados, especialmente la visión y el oído.
Su dentición finamente serrada indica una dieta especializada u oportunista, y su anatomía los sitúa entre los dinosaurios más cercanos al origen evolutivo de las aves, comentó Héctor Rivera.
El Xenovenator presenta una morfología craneana altamente diagnóstica que lo distingue de otros troodóntidos conocidos. Sus afinidades anatómicas con formas asiáticas aportan nuevas evidencias de intercambios faunísticos entre Asia y Norteamérica durante el Cretácico Tardío, un periodo caracterizado por conexiones intercontinentales y una notable diversificación de dinosaurios carnívoros.
"El descubrimiento de Xenovenator demuestra que el registro fósil mexicano aún guarda una diversidad significativa por descubrir, incluso en grupos relativamente bien estudiados como los troodóntidos," señaló el doctor Héctor Rivera-Sylva.
El paleontólogo añadió que este fósil con antigüedad de 74 millones de años, amplía el entendimiento sobre la distribución geográfica y la evolución de los pequeños dinosaurios carnívoros en Norteamérica, y confirma que México fue una región clave en estos procesos evolutivos.
El nombre Xenovenator espinosai hace referencia a su carácter inusual ("extraño") y a su condición de depredador, mientras que el epíteto específico honra a Luis Espinosa, paleontólogo pionero en el estudio de los dinosaurios de México y mentor de numerosas generaciones de paleontólogos.
Espinosa, director del Museo de Geología de la UNAM, estuvo en la presentación, y destacó que las rocas y las células tienen memoria, por lo que cada vez más los geofísicos y geoquímicos ayudan a desentrañar la memoria de las rocas.
Además de su importancia taxonómica, el trabajo discute implicaciones funcionales del cráneo, comparándolo tanto con otros dinosaurios como con animales actuales, lo que permite explorar hipótesis sobre el comportamiento, la biomecánica y la ecología de estos depredadores que habitaron lo que hoy es el norte de México hace más de 70 millones de años.


« El Universal »