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Opinión Editorial


Bionce


Publicación:17-04-2023
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Tremenda impotencia y por supuesto, rabia, es la que se siente cuando nos enteramos de un nuevo caso de jóvenes desaparecidas.

Tremenda impotencia y por supuesto, rabia, es la que se siente cuando nos enteramos de un nuevo caso de jóvenes desaparecidas y de feminicidio, ya sea dentro o fuera de Nuevo León.

Ahora le tocó a Bionce Jazmin Amaya, una preciosa jovencita abandonada a su suerte en el municipio de China, caso que me resulta como turbio porque prácticamente nadie dice algo concreto, salvo que sus amigos la dejaron a la entrada del municipio y párele de contar.

El caso de esta muchachita norteamericana sólo viene a abrir heridas colectivas que no terminan de cerrar, mucho menos, de olvidar. Me hace pensar que hay una dosis de razón cuando se dice que Nuevo León ya va siendo más peligroso que Tamaulipas. Y aunque entiendo que exagero, si la tendencia prevalece, esto puede llegar a ser una monstruosa realidad.

A decir de Verificado, del 2020 al 2021 había 2 mil 630 personas desaparecidas de la cuales el 93 por ciento fueron encontradas; de este porcentaje, el 6.68 por ciento, fue sin vida. El dato no arroja cuántas de estas desapariciones correspondió a mujeres, pero como ejemplo es válido para decir que algo muy serio pasa en Nuevo León.

En 2022 trascendió la muerte de María Fernanda Contreras y Debhani, pero no fueron las únicas; hubo reporte de al menos cinco jóvenes más que quizá no trascienden, pero no significa que duelen menos.

Más recientemente apareció el reporte de búsqueda de tres mujeres Marina, Maritza y Dora que desaparecieron el 24 de marzo y ni la Fiscalía General de Justicia ni la Comisión Local de Búsqueda saben ya qué decirle a sus familiares.

Esto es totalmente inaceptable. No ha habido una estrategia oficial realmente efectiva para acabar con la violencia de género cuya forma más extrema es el feminicidio.

Surgen colectivos que alzan la voz, documentan los casos mucho más de lo que hace la autoridad, pero sigue pasando y seguimos como estado, en el top five de la inseguridad contra las mujeres en México.

Al gobierno se le llena la boca para decir que Nuevo León es el paraíso de la inversión extranjera; que tenemos que preparar un sinfín de obras para dar cabida a lo mejor de lo mejor en empresas mundialmente reconocidas; que seremos anfitriones mundialistas o al menos competimos para ello.

Quieren hacer de la entidad la mejor para lo que se viene y todo eso está muy bien; como nuevoleonesa lo aplaudo, pero también hay que trabajar para garantizar lo que nos merecemos, la tranquilidad de vivir en un gran y pujante estado, de manera segura.

Hay que prevenir, pero también hay que reaccionar; reaccionar en la medida y apremio que se requiere, con profesionalismo y con calidez para la familia de las víctimas; no dejarlas "en visto". No minimizar cada caso ni dar por sentado que uno es más importante que otro en función de una nacionalidad o de la presión mediática. Basta ya de impunidad.




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