Opinion Editorial


Del nacionalismo al discurso de odio

Nelly Cepeda González


Autor: Nelly Cepeda González | Publicacion:12-08-2019
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Recientemente me tocó, de manera circunstancial, escuchar una conversación millenial que comenzó con la deliberación sobre las películas live action y que poco a poco fue llevando la charla al tema de la próxima cinta donde la nueva Sirenita no será ni pelirroja, ni blanca.

La única chica presente  pasó de la calma a la ira instantánea en cuanto se abordó el color de piel de  la nueva protagonista argumentando que si la película se inspira en un cuento europeo de Andersen donde hay vikingos y sólo personajes caucásicos ¿porqué habría de modificarse sólo para complacer los principios de equidad e igual que prosperan en el mundo actual?

En definitiva no estaba de acuerdo y lo dejó en claro imprimiéndole volumen, gestos y manoteos. El cambio de charla fue la mejor decisión que pudieron tomar los demás asistentes.

Otros, como yo, más de la generación “X”  nos miramos, nos encogimos de hombros y ya.

En el país hay tópicos más importantes por los cuales estar realmente indignados, pensé.

Recientemente en Estados Unidos murieron más de 8 mexicanos en tiroteos orquestados por americanos que abrazan el discurso del odio, del nacionalismo o el de un fanático patriotismo que los llevó a terminar con la vida de quienes veían como no merecedores de estar de aquel lado de la frontera.

La frase del estadista francés De Gaulle con que inicié este ejercicio explica un poco los sucesos ocurridos en Texas y Ohio: el odio está antes que todo lo demás.

Quizá le parezca que el ejemplo de la Sirenita y los tiroteos distan mucho uno del otro, pero no lo creo así.

Es ampliamente satisfactorio cuando vemos que hemos criado hijos excepcionales, bondadosos, inteligentes y bien preparados; en otras, la falta de amor y atención cobra la factura.

De acuerdo con el filósofo y escritor Jiddu Krisnamurti  “el nacionalismo es un proceso de aislamiento, que provoca guerras, miseria y destrucción”.

Es tan tenue la línea que divide al discurso de odio del nacionalismo, del fanatismo, del racismo y de tantas otras “enfermedades” que aquejan a nuestro tiempo y que basta un empujoncito para que se accione el gatillo, se desaten masacres, genocidios, guerras.

No es que justifique la violencia; realmente la repruebo, pero no me sorprenden, pues,  los sucesos de El Paso cuando entre nosotros, cuestionamos, criticamos y atacamos el éxito de Yalitza Aparicio ¡es tan mexicana como cualquiera de nosotros!

O como la chica que mencioné,  desata su “indignación” porque la nueva Sirenita será mulata.

“El nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia”, decía el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno.  Coincido totalmente.

Pero chiflazones o no, el nacionalismo, el discurso de odio, el racismo o cualquiera de las variedades que desee añadir a esta lista, esto siempre de los siempres, tarde o temprano –para citar a León Krauze- tiene consecuencias.

Comentarios: nelly.cepedagzz@gmail.com

 

 

 



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