Opinion Editorial


Candil de la calle

Nelly Cepeda González


Autor: Nelly Cepeda González | Publicacion:05-08-2019
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Es cierto que el marco legal internacional no prohíbe el desplazamiento de personas de una ciudad a otra, de un país a otro; aún sin afán de enfrascarme en un controversial foro sobre si se debe frenar o no, me queda claro que México es parte importante del corredor migratorio más transitado en el planeta gracias a su vecindad con Estados Unidos.

Esta situación se ha acrecentado en el último año y solidario, México ha puesto a su alcance puntos de atención; nos hemos topado con casos como el de “Lady frijoles” y otros incidentes variados, pero no creo que algo que trascienda más allá de un par de días de atención mediática.

Y así, gradualmente, no sólo hemos atestiguado el flujo de centroamericanos rumbo a un país al que insisten en entrar. Un gran número de ellos no logra hacerlo y las condiciones de su patria les impide regresar a seguirse muriendo de hambre o de falta de condiciones para sacar adelante a las familias. Así que el problema se queda en México.

México, de acuerdo con la criticada CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), poco más de 50 millones de mexicanos vivimos con al menos un par de carencias, lo que nos convierte en “pobres”.

Si tomamos el rasero del Banco Mundial, sólo el 4 por ciento de los mexicanos viven en condición de pobreza (cuando sus ingresos equivalen diarios a  4 dólares, esto es, poco más de 90 pesos por día).

Más allá de la vara con la cual se quiera medir la pobreza en México, de que hay pobres, los hay, y pareciera que con todos aquellos que no llegan a Estados Unidos y se quedan en nuestro territorio, creamos un nuevo segmento de pobres para el que no hay albergues, ni comida, ni ropa suficiente.

El presidente Andrés Manuel López Obrador informó a mediados de junio un paquete de apoyos a El Salvador, por 30 millones de dólares que se tomarán del Fondo Yucatán con la finalidad de generar empleos y oportunidades para los salvadoreños.

Este monto forma parte de un paquete mucho mayor de recursos para las naciones menos favorecidas.

Y aunque ya le han “llovido” críticas suficientes al presidente mexicano en foros y redes, quisiera comentar el caso de Nuevo León donde ya no sólo en cruceros vemos a estas personas pidiendo una moneda, sino tocando casa por casa buscando un espacio en medio de la cara de espanto de quien les abre la puerta.

Al presidente se le olvidó su máxima de los tiempos de lucha y de las campañas, que es convocar a consulta pública, en este caso, para preguntarnos si estamos o no de acuerdo con destinar semejante cantidad de dinero a otros países cuando en casa hay “n” cantidad de problemas sociales por resolver.

Una consulta seria, no de votaciones económicas que siempre gana de todas, todas.

El presidente apoya a que otros países crezcan para frenar el flujo hacia Estados Unidos, pero ¿y los que ya se quedaron por acá? ¿qué hay de ellos? ¿los pondrá a estudiar, a trabajar, les conseguirá un hogar? Y si así fuera ¿también piensa hacer lo mismo con los mexicanos sin vivienda, sin empleo y sin estudio? No se puede ser candil de la luz y oscuridad de la casa.

Comentarios: nelly.cepedagzz@gmail.com



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