Opinion Editorial


Las 148 mañaneras de AMLO

Arturo Delgado Moya


Autor: Arturo Delgado Moya | Publicacion:01-07-2019
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Hoy, 1 de julio, se llevará a cabo la celebración por parte del presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), del primer año en que la oposición de izquierda, logró finalmente acceder al poder, durante las elecciones del 1 de julio de 2018.

Fue, sin duda, un hecho histórico, sin embargo, a seis meses de haber iniciado formalmente su gobierno,  la luna de miel terminó, y el desgaste que conlleva el poder comienza a mostrar sus primeros signos evidentes. La oposición que perdió de manera dramática  en esas elecciones pasadas, no termina de despertar y desarrollar los liderazgos necesarios para representar realmente lo que debe de ser: un contrapeso al poder de la institucional presidencial.

El día de ayer domingo, en la Macroplaza de la ciudad de Monterrey, se llevó a cabo una manifestación de un grupo de la sociedad civil autodenominado, los Chalecos México, emulando al movimiento antigubernamental francés, los Chalecos  Amarillos; salieron a la calle alrededor de mil personas, convocadas por este movimiento incipiente,  que deberá  representar un foco amarillo para que el gobierno de AMLO puede entender que sí hay inconformidad, la cual es natural, considerando que su gobierno, y como el mismo presidente lo ha señalado, no es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo.

Esta inconformidad la viven todos aquellos que han sido afectados en sus intereses por la  toma de decisiones de la actual administración: los trabajadores de las estancias infantiles; los empleados del SAT y otras dependencias del gobierno; miles de albañiles y trabajadores  del nuevo aeropuerto de la ciudad de  México; entre otros, que seguramente irán a votar en contra en caso de que la idea de la revocación de mandato se aplique durante este período sexenal. Una acción  temeraria por parte de AMLO, que está dispuesto a correr un riesgo innecesario, por el bien de la nación, ya que dejaría funcionando un mecanismo institucional para echar fuera a los malos gobernantes, antes de que generen más daño.

La curva de aprendizaje de los primeros seis meses del actual gobierno ya terminó, de ahora en adelante, los errores no podrán justificarse por este motivo;  hemos identificado  las dos palancas de acción que posee el gobierno de AMLO para gobernar que son básicamente: las conferencias de prensa matutinas, denominadas mañaneras y los mítines que realiza especialmente los fines de semana.

Efectivamente, estos dos mecanismos no le alcanzan para gobernar, pero le permiten mantener una narrativa que lo justifica en cuanto a sus decisiones políticas, polarizando un imaginario entre fifís identificados históricamente como los conservadores del siglo XIX, y los buenos de la película, los ganadores de la historia, los liberales que, obviamente, él y su gobierno representan.  

Si entendemos la propaganda como: una actividad de difusión o divulgación de información, ideas y opiniones de carácter político, religioso, comercial…, con la intención de que alguien actúe de una determinada manera, piense según unas ideas o adquiera un determinado producto, sin duda,  las mañaneras son un acto de propaganda política ejercido de forma cotidiana y efectiva.  Los mítines de fin de semana son, de manera complementaria,  la puesta en acto de un estilo  personal de gobernar donde, al no contar con un plan de acción a largo plazo bien definido, las decisiones tomadas  en asambleas espontáneamente  organizadas y en la modalidad de   mano alzada,  pueden parecer realmente, como decía aquel efectivo slogan electoral del 2006, un peligro para México, en donde la falta de planeación y la improvisación en la toma de decisiones relevantes, reavivan aquel  temor inventado de manera artera como parte de aquella campaña política. 

Las dos áreas más débiles que posee el gobierno son el tema del desarrollo económico marcado por la desconfianza justificada de los inversionistas; y una crisis de inseguridad que no termina de profundizarse al contar con una visión ideologizada de la misma, en donde se cree que el pueblo falto de oportunidades es el que decide apoyar el desarrollo de las organizaciones criminales, por lo que éstas en el imaginario presidencial se convierten en guerrillas de los años 70, cuando realmente estos criminales representan un fenómeno inédito muy distinto al movimiento político de aquellos años del siglo XX. Se requiere de una estrategia distinta, afortunadamente se olvidó el tema de la amnistía a delincuentes  y el proyecto de la Guardia Nacional ha permitido tener un mecanismo más realista sobre cómo abordar la problemática.

Las mañaneras le permiten fijar agenda para el día, los mítines tomar decisiones a mano alzada, pero es insuficiente para gobernar, para ello se necesita de un plan consistente, bien definido, con objetivos,  metas, acciones y mecanismos para evaluar los logros. Sabemos que  existe la exigencia constitucional de que el gobierno cuente con un Plan  nacional de desarrollo, el cual como sabemos, fue presentado y aprobado recientemente en el Congreso de la Unión. Sin embargo, este Plan es muy escueto y su contenido es un decálogo ideológico de la 4T, pero no contiene los elementos estratégicos y programáticos propios  que exige un documento oficial de esta naturaleza.

Los primeros seis meses del gobierno de AMLO son una muestra de lo que será el resto del sexenio; el estilo de gobernar del presidente es prácticamente imposible de cambiar, las mañaneras pasarán de 148 al 1 de julio de 2019, a 1,800 para el 1 de julio de 2024, entrando así seguramente al Guinness book of records, porque difícilmente otro presidente, de este u otro país, se levantará diariamente a las cinco de la mañana, tendrá reunión a las seis con sus colaboradores para tomar las decisiones que se requieren,  religiosamente todos los días laborables del año, para luego, a las siete,  presentarse y responder, a lo largo de dos horas,  a las inquietudes de un grupo acreditado de periodistas; es por ello que nadie más podrá romper el record que AMLO ha marcado  ya en materia de comunicación social de gobierno y, lo más importante, se ha convertido  en   un logrado artífice ideológico,  al establecer y sostener una vinculación propagandística con las masas  respecto a su propio proyecto político.

 

 



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