Opinion Columna


¿Qué nos pasa?

Gabriel Guerra Castellanos


Autor: Gabriel Guerra Castellanos | Publicacion:25-04-2019
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Regresando antenoche de un largo viaje de vacaciones, queridos lectores, me metí a revisar redes sociales para tratar de ponerme un poquito al día de lo que anda sucediendo en nuestro querido país.


Estoy razonablemente al tanto de las noticias principales: buenas, malas y regulares, pero con frecuencia encuentro que son las más cotidianas, o chuscas o inusuales, las que a veces nos sirven para tener mayor contexto, para ver los árboles y no sólo los bosques, para darle el rostro humano a las muchas cosas sobre las que a veces platicamos en abstracto.


Así pues, mientras esperaba la llegada de maletas primero y más tarde en el trayecto a mi casa, me eché el clavado y salí con dos perlas que nos dibujan de cuerpo entero como país y como sociedad.


La primera me hizo soltar una carcajada de inicio: es el video tomado por una patrulla de la Policía Federal que muestra cómo llevan a un menor de edad a alcanzar al vehículo de sus familiares que lo dejaron olvidado en un Oxxo en la carretera. Sí, leyeron ustedes bien: olvidado en un Oxxo. El comportamiento del niño en la patrulla y después las reacciones de su parentela cuando se dan cuenta de lo ocurrido son de carcajada, es el típico video que conviene ver para quitarse telarañas o distraerse así nada más.


Pero entonces, después de las risas, caí en cuenta de que quien parece ser el papá del niño, o al menos el adulto a cargo, no le da ni siquiera las gracias a los policías, que con el mayor profesionalismo y cortesía les permitieron que todo quedara en una anécdota simpática. Lo mismo aplica a los demás adultos en el vehículo: ni el más mínimo reconocimiento, la más mínima atención.


La segunda perla me la encontré ya en la noche cuando me metí a Facebook y me fui de espaldas: en uno de esos grupos de vecinos de equis o ye colonia, uno narraba cómo mientras conducía su automóvil, un policía de tránsito le marcó el alto y él, en sus palabras "hice casi omiso y continué la marcha del vehículo (lo hice sabiendo que iba en la velocidad correcta, en el carril correcto y sin haber cometido ninguna falta administrativa al reglamento de tránsito), sin embargo, el policía de tránsito corrió para ponerse frente al vehículo (casi con la intención de que lo arrollase con el auto) para lo cual, bajé el vidrio del auto y le dije "¡¿Qué te pasa?, ¿te has dado cuenta que debido a tu imprudencia casi te arrollo con el auto?!".


Este "ciudadano" continúa su relato refiriéndose al agente como "animal con uniforme" y señala que, en resumen, decidió ignorar su llamado a detenerse y se dio a la fuga. Concluye con una serie de "consejos" para ignorar, evadir, desobedecer y/o escaparse de la policía.


Hay algo en común en estas dos cápsulas, queridos lectores: la falta de respeto a la autoridad, la sensación de que estas personas creen que se merecen todo, que pueden hacer cualquier cosa incluyendo aventarle el coche a una persona y poner en riesgo su integridad física, que ellos son los únicos capaces de determinar si están o no en falta, si deben o no obedecer al "animal con uniforme" o si se pueden mofar de él, amenazarlo, agredirlo y luego denunciarlo por hacer su trabajo.


Y no les voy a mentir, me dio asquito. Sin el diminutivo: asco de la gente que cree que está por encima de las leyes, por encima de los demás. De los que critican la criminalidad, pero no ponen el ejemplo obedeciendo normas elementales de convivencia civilizada. Que emplacan en otros estados, que evaden impuestos, que no le pagan a sus empleados o proveedores y luego tienen la desfachatez de quejarse de la corrupción. Y sólo me quedó rascarme la cabeza y preguntarme: ¿Qué nos pasa?


Posdatas en combate al plagio de ideas y anécdotas: 1. La inspiración para el título de este artículo se la debo al inolvidable Héctor Suárez y su programa de televisión del mismo nombre. 2. El video del niño olvidado lo vi gracias a mi querido Javier Risco. 3. Fue mi Tokayen Gabriela Warkentin quien me hizo reparar en que los papás ni las gracias dieron a los agentes. 4. El patán que embistió al policía de tránsito quedará en la oscuridad del anonimato que se merece.


Twitter: @gabrielguerrac



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