Opinion Columna


El deber ser o ¿El deber parecer?

Cristóbal Elizondo


Autor: Cristóbal Elizondo | Publicacion:08-11-2018
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Con los avances de la tecnología y la comunicación, el uso de Internet está al alcance de una gran mayoría; con el paso de los años, nos hemos ido adaptado a un mundo digital. Hoy en día hablar de la forma en cómo las redes sociales han revolucionado nuestra vida ya no es una novedad, pero no por ello deja de ser importante, por el contrario, cada día toma más relevancia estar conscientes de esto.

La tecnología avanza vertiginosamente; lo que hoy es, mañana ya fue; aplica si hablamos de hardware, como software. La evolución es muy evidente, tanto como lo es nuestra dependencia a estar conectados y actualizados con lo más “IN”, evitamos a toda costa estar “OUT”, al menos tecnológicamente. Paradójicamente, nosotros como personas no estamos a la altura de esta revolución constante. Nuestro desarrollo emocional, psicológico y moral no está preparado para entender plenamente esta nueva forma de comunicación. Aún no hemos encontrado ese punto de equilibrio para estar alineados y dominar la tecnología, hacerla parte de nuestra forma de vida, y no lo que define nuestra vida.

El papel que juegan las redes sociales es muy importante en la sociedad actual, por todas las bondades ya conocidas como medio de comunicación y por ser una plataforma de expresión, que da voz a todos por igual. Sin  embargo, el manejo de la imagen en los perfiles sociales ha tomado importancia, pues es un reflejo de quién eres, o quién aparentas ser.

Nos hemos convertido en jueces de nuestros “amigos”; calificamos o descalificamos lo que publican y comparten; hemos tomado un rol de críticos, en muchos de los casos destructivo, si sus publicaciones no encajan en el “deber ser” de lo que hemos aprendido dentro de nuestro entorno, como una verdad o norma colectiva. De tal forma que a estas alturas, ya llegamos al punto de censura, y en su mayoría de autocensura, amoldándonos a los patrones de lo que los demás esperan como correcto, estamos consciente o inconscientemente en busca de la “aprobación social”, por medio de un like.

Hay usuarios en las redes que están conscientes de esta situación y cuidan todas sus publicaciones e interacciones manipulando su imagen para proyectar “quiénes son”, qué quieren parecer, o cómo quieren ser percibidos en sus perfiles sociales y se dan a la tarea de ir construyendo día con día su imagen pública y digital, cuidando hasta el más mínimo detalle, y en algunos casos, alejándose totalmente de quiénes son en realidad.

Existe un gran miedo a ser juzgado por algún comentario hecho en redes, ya sea por un tema político, deportivo, religioso, de índole social o económico, entre muchos otros. Cada vez menos personas se atreven a opinar por temor a ser juzgados como fanáticos o radicales, pareciera que externar lo que realmente se piensa o defender tu propio punto de vista es prohibido si no va en el mismo sentido de la masa, o lo que los estándares sociales marcan como el deber ser.

La imagen en redes sociales no puede descuidarse, ni tomarse tan a la ligera. Una foto puede hablar más que mil palabras sobre nuestra persona, y no necesariamente mostrar la realidad de nuestros gustos e intereses, o lo que sentimos. Una imagen puede incrementar de forma positiva la percepción que los demás tienen de nosotros, pero también puede jugarnos en contra destruyendo nuestra imagen pública. Por eso es importante cuidar qué imágenes subir y cuáles no, y no me refiero a las clásicas fotos arregladas con filtros para quitar imperfecciones, sino al contexto de la foto.

Cuando se abusa de los check-in en cada lugar visitado, se convierte en una costumbre de pose, y se puede volver un factor en contra para la imagen de quien “presume” sus visitas. Lo mismo pasa para quien satura sus muros con lo que se va a comer o está bebiendo, pues demuestra una necesidad imperante de demostrar y parecer algo más de lo que se es. Cabe aclarar que aquí, el punto clave es, “abusar” de este tipo de publicaciones.

Si bien, las redes sociales nos dan la libertad de publicar casi todo tipo de contenido -exceptuando los que por regla de cada plataforma están prohibidos- un uso correcto de estos medios es saber qué publicar, y qué no publicar. Por ejemplo, los videos o imágenes que capturan un momento incómodo o violento, bien podrían no publicarse, lo cual evitaría generar una imagen negativa, en el momento o a futuro, porque hay que recordar que una vez que algo se ha publicado en internet, ya es muy difícil tener control sobre ello y aunque se elimine del sitio donde se publicó originalmente, en algún lugar podría estar una copia lista para ser viralizada con un solo clic.

Debemos tener siempre muy presente que, aunque no seamos famosos, basta un descuido para saltar a la fama de forma viral en un instante y tener una mala reputación por mucho tiempo. Siempre habrá una cámara dispuesta a grabar ese momento en el que algo puede salirse de control. Por eso es imprescindible cuidar lo que hacemos, cómo reaccionamos y nuestro entorno, pues en segundos alguien puede convertirnos en ladys o lords.

Algo que influye, a que las personas estén cada vez más preocupadas de su imagen proyectada en los perfiles personales, es la invasión a la privacidad por parte de las empresas. Solo basta una revisada en el perfil de una persona para convertirla en el candidato perfecto para un trabajo, o  que pierda su credibilidad y confianza, incluso hasta el empleo. Aún hay ambigüedades en este tema, falta cultura y legislación justa para los usuarios; mientras tanto, las empresas abusan de esa libertad, investigando directamente en las redes sociales al candidato o al empleado del cual quieren obtener información.

Hoy en día, las personas están más preocupadas en parecer, que en ser, y cuando aparece la autocensura para cuidar la imagen y el qué dirán, con ello va implícito que no somos lo que pregonamos ser y la autodescalificación a nuestra propia imagen.

Generar una buena reputación en línea es un trabajo constante, pero por encima de eso, deberíamos poner más atención en trabajar en nuestra persona, más que en nuestra imagen;  pues si lo que somos, lo que está dentro de nosotros, es positivo y se encuentra en equilibrio, la imagen simplemente sería algo que fluye de forma natural y no algo que dependa de un like, y tú… ¿Eres o pareces lo que publicas?

Twitter: @cristobelizondo
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