Joven U-ERRE


El papel de la mujer en la política


Publicacion:09-04-2018

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México ha sido, junto a Rusia, el país peor evaluado del G20 y el peor evaluado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).


Cuando me pidieron escribir un artículo sobre el papel de la mujer en la política por ser el mes de la Mujer y me imagino que por el desempeño profesional que he llevado desde mi graduación en 1991, lo primero que vino a mi mente fue…. bueno sí, con gusto lo escribo, pero, yo no me considero una persona propensa a la misandria. Haré el artículo, pero, no para defender a “diestra y siniestra” la postura de la mujer sino para compartir con ustedes mi experiencia y lo que opino de la contribución de la mujer en el mundo de la política.
Primero quisiera dejar claro que el mundo en el que vivimos se mueve por actos de “amor” o de “odio”, y que ambos actos son producto de ambos: hombres y mujeres; pienso que, “hombres y mujeres”, o “mujeres y hombres” si lo prefieren, “juntos” creamos el presente y el futuro que vivimos en nuestras comunidades. Trabajando juntos, alcanzamos proyectos y metas que benefician a la academia, la empresa o comunidad a la que pertenecemos, por lo tanto, “buenos proyectos” son el resultado armónico de ambas fuerzas a favor de nuestras sociedades.
Ahora, hablar de política en sí es ya un “gran compromiso”, la política por definición es la actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos. Asimismo, puede definírsele como una manera de ejercer el poder con la intención de resolver o minimizar el choque entre los intereses encontrados que se producen dentro de una sociedad.
El término proviene de la palabra griega polis, cuyo significado hace alusión a las ciudades griegas que formaban los estados donde el gobierno era parcialmente democrático. La utilización del término ganó popularidad en el siglo V A.C., cuando Aristóteles desarrolló su obra titulada justamente “Política”. La política a través de la democracia se basa en representar las ideas de un pueblo, sin embargo, muchas veces este proceso es imperfecto, ya sea por malos “líderes políticos” que representan a las comunidades o, por la “misma sociedad” que no se encuentra necesariamente preparada para tomar decisiones hacia un rumbo adecuado.
En los últimos años se ha hecho énfasis en la igualdad y en la participación cada vez mayor de la mujer en la política, y su presencia en instituciones como el Congreso de la Unión, los Congresos de los Estados, el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo como serían las posiciones de Alcaldesas y Gobernadoras.
En mi experiencia, lo que observo es que, a pesar del esfuerzo de grandes mujeres en México en este ámbito, como sería Denise Dresser, Lydia Cacho, Isabel Miranda de Wallace, Josefina Vázquez Mota, y muchas más; y el mío propio, poco hemos logrado desde la época de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695). Cuando uno es menor, digamos entre los 20 y hasta los 30 años de edad, todo parece avanzar bien en México en cuanto a la participación de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, pero cuando uno va tomado ya suficiente experiencia se va tornando cada vez más difícil acceder a posiciones de relevancia y verdadera toma de decisiones. Pero… ¿Por qué? ¿Por qué es esto? Una de las razones tiene que ver con el “status quo” que ha prevalecido por años en México y en el mundo sobre el papel de la mujer en casa. Dos, porque a pesar de la preparación y los estudios que una mujer pueda tener seguirá pensándose por “algunos” que es solo “una mujer”, por tal motivo no debería tener tanto poder de toma de decisiones. Tres, porque entre más ética y valores morales tenga la persona al parecer “incomoda” en posiciones de alto nivel jerárquico, posiciones donde se practica desafortunadamente toda clase de “sinvergüenzadas” y malversaciones.
En México, de acuerdo al índice de percepción de la corrupción 2017 publicado por Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana, ubican a nuestro país en la posición 135 de 180 naciones evaluadas en materia de anticorrupción, dejando la impresión de que para llegar alto no se requiere preparación ni voluntad ni esfuerzo continuo, se requiere solo ser deshonesto.
México ha sido, junto a Rusia, el país peor evaluado del G20 y el peor evaluado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).
Como graduada del Tecnológico de Monterrey, con Mención Honorífica de Excelencia en estudios de arquitectura, exprofesor de esta institución por 10 años y de la Universidad de Monterrey por dos años, con títulos de maestría en Universidades como Harvard por mis estudios de Planeación Urbana y en MIT por estudios en Desarrollo Inmobiliario, no parece ser relevante por ejemplo, a la hora de escoger a un experto en México en materia de Desarrollo Urbano, donde al parecer, los intereses de los desarrolladores, dueños de la tierra, empresarios, constructoras y políticos están a la orden del día y todavía, después de esto nos preguntamos: ¿por qué están nuestras ciudades tan mal planificadas?, ¿tan desordenadas?, ¿tan feas? La respuesta es muy sencilla, porque prevalece el interés particular sobre el colectivo y predomina el egoísmo urbano.
Cuando consideremos a la ciudad, una extensión de nuestro hogar y parte de nuestra casa; al espacio público un espacio que se debe respetar para todos y podamos entonces erradicar esa hambre de poder y de enriquecimiento de funcionarios públicos y actores privados, por consiguiente, tendremos mejores barrios, ciudades, estados y países.
Regresando al papel de la mujer en la política, sí, les comparto que personalmente admiro y me identifico con Sor Juana Inés de la Cruz y con Jeanne d’Arc -Juana de Arco- (1412-1531), la primera por su sobresaliente inteligencia de la cual no queda duda histórica y la segunda por su valentía en el campo de batalla, mujer que guio al ejército francés en la guerra de los Cien Años contra Inglaterra.
En ambos casos me considero que no les llego ni a los talones a estas grandes mujeres de la historia, pero como indiqué inicialmente, desde aquel entonces digamos 1400, 1600 hasta la fecha (2018), no creo que hayamos logrado mucho en nuestro papel por impactar directamente a nuestras sociedades desde posiciones políticas y empresariales de primer nivel.
Claro está, que lo hemos hecho desde nuestras plataformas en casa, guiando a los hijos e influenciando en la formación y moral de los “ciudadanos del mañana”, pero definitivamente desde posiciones como presidenta de la República, gobernadora de Estados, alcaldesas, senadoras y posiciones similares, seguimos muy limitadas, y como mencioné antes, obligadas a seguir ciertos patrones de impureza que marcan las plataformas políticas y los sistemas de poder en nuestro país.
Pienso que en todos los países sucede algo parecido, pero en otros lugares como Chile y Europa, los líderes están verdaderamente preparados y los niveles de corrupción son bajos en la escala mundial comparativa; por lo tanto, la mujer en México se debe esforzar al doble o al triple para hacer notar sus puntos de vista, y que sea respetada, valorada y tomada en cuenta como líder político, académico o empresarial.
Hay mucho camino por recorrer, entonces nosotras, las que tenemos ya un poco de experiencia, invitamos a las nuevas generaciones a estar presentes, a hacerse oír, a prepararse para dar lo mejor, a continuar con los valores éticos y morales que permitan una mejor comunidad y un mejor mañana, y a ser líderes, luchadoras incansables “hombro a hombro” con hombres que también vivan los valores morales y juntos logremos armonías de futuro.



« Por Alicia Guajardo »
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