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José Luis Martínez dedicó por completo su vida a las letras


Publicacion:20-03-2017

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Académico, diplomático, ensayista, historiador, cronista, bibliógrafo, editor y humanista mexicano, José Luis Martínez es recordado

México.- Académico, diplomático, ensayista, historiador, cronista, bibliógrafo, editor y humanista mexicano, José Luis Martínez es recordado a 10 años de su fallecimiento, ocurrido el 20 de marzo de 2007, por su prosa elegante, pero también por recuperar gran parte de la tradición literaria decimonónica.

Así lo considera la colección Voz Viva de México que recientemente editó un volumen con su obra reunida, cuya presentación lo recuerda también como un "desmitificador del pasado", a quien Gabriel Zaíd llegó a considerar el "curador de las letras mexicanas".

 Martínez nació en Atoyac, Jalisco, el 9 de enero de 1918. Cursó la primaria junto al escritor Juan José Arreola, compañero y amigo durante toda su vida.

Desde su infancia, relata el portal electrónico “Letras Libres”, se imaginó poeta. Su abuela, quien se encargó de él después de la muerte de su madre, así lo llamaba: “mi nieto, el poeta”.

Y fue en 1940 cuando se dio a conocer en el género con la publicación de su obra “Elegía por Melibea”.

Estudió Medicina por dos años para seguir los pasos de su padre, pero la abandonó para finalmente ingresar a la carrera de Letras españolas en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Al mismo tiempo, se dedicó a tomar clases de Historia, Filosofía y Arte.

Más adelante, José Luis Martínez calificaría su poesía como “prescindible” y decidió dedicarse a la crítica, en la que fue discípulo de Alfonso Reyes, para luego voltear hacia los estudios del pasado, hacia los orígenes de la literatura.

Esto, cuenta el sitio electrónico de la Academia Mexicana de la Lengua, lo llevó a ser un escritor prolífico de numerosos ensayos y estudios como “La técnica en literatura”, “Las letras patrias, de la época de la Independencia a nuestros días”, “La emancipación literaria de México”, entre otros.

En su crítica sorprendió, y lo hace aún, la clarividencia de su diagnóstico, dicen, ya que deshecha la literatura doctrinaria, la repetición fácil de la novela de la Revolución o el descuido de la composición y el estilo, y señala sin miramientos los altibajos de maestros consagrados.

Aunque también fue el primero en advertir el genio de Octavio Paz. En el comentario hacia “A la orilla del mundo “escribió: “Un acento personalísimo e intenso, una riqueza poética inusitada y una plenitud lírica sólo equiparable a la de algunos grandes nombres de la poesía mexicana…”.

Su obra, por otro lado, incluye publicaciones como “Nezahualcóyotl. Vida y obra”, “El mundo antiguo”, “México en busca de su expresión literaria: 1810-1910”, Origen y desarrollo del libro en Hispanoamérica, y “La literatura mexicana del siglo XX”, entre muchos otros.

Su trayectoria como humanista fue variada, también se desempeñó en el servicio público, como secretario de Jaime Torres Bodet estando al frente de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Fue además diputado por Jalisco (1958-1961) y embajador de México ante la UNESCO en París, así como en Atenas, Perú y Grecia.

En su diversa carrera dirigió también el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) de 1965 a 1970, así como Talleres Gráficos de la Nación, en 1975 y 1976, y el Fondo de Cultura Económica, de 1977 a 1982, y la Academia Mexicana de la Lengua, de 1980 a 2002.

Fue también Creador del Emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte y miembro de número de la Academia Mexicana de Historia.

Cuentan que tuvo la fortuna no sólo de conocer a diversos escritores sino también de poder corregirlos y escribir sobre ellos.

Para Adolfo Castañón: "Hacía historias de la literatura, sobre esos escritores que habían sido sus maestros o que habían sido discípulos, es una figura que se hizo cargo de la vocación literaria, en un sentido muy amplio y muy extenso".

Martínez fue ganador de innumerables galardones y distinciones, incluyendo el “Alfonso Reyes”, la Cruz de la Orden de Alfonso X y el Nacional de Lengua y Literatura de México.

Su vida, dedicada por completo a las letras mexicanas, se extinguió a los 89 años, dejando un enorme vacío.



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