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Viven ahora una pesadilla


Autor: | Publicacion:22-07-2019

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Marlem Pérez, de 19 años de edad, era esposa de Arturo. El viernes 19 de julio recibió la confirmación de que él había muerto

Arturo salió de su hogar a buscar el “sueño americano”. El sábado 13 de julio tomó una mochila, guardó un poco de ropa y muchos sueños; ahí iba depositada la esperanza de un futuro para él y su familia. Todo eso se perdió en el Río Bravo, donde la muerte le alcanzó, al mismo tiempo que su hija nacía.

Marlem Pérez, de 19 años de edad, era esposa de Arturo. El viernes 19 de julio recibió la confirmación de que él había muerto.

Arturo buscaba escapar de una vida llena de carencias, por eso primero emigró de Nicolás Flores, en la Sierra de Hidalgo, hacia el Valle del Mezquital, concretamente a Ixmiquilpan, donde estudió la secundaria y ahí conoció a Marlem.

Ambos terminaron la secundaria, pero no pudieron seguir estudiando. Ella con 14 años y él con 19, se casaron y se fueron a vivir a Cantemaye, un pueblo de Ixmiquilpan Hidalgo, donde nació su primer hijo, Diego, quien está próximo a cumplir cinco años.

Un segundo embarazo de Marlem, ahora de una niña, lle-vó a Arturo a emigrar a Estados Unidos. El joven llegó a Ciudad Acuña, Coahuila, ahí junto a ocho personas más, entre ellas otros tres hidalguenses, intentó cruzar el río por la serranía, pero la corriente se lo llevó y murió ahogado.

La familia de Marlem cuenta que ya había rumores de un accidente, que a través de mensajes de texto les dijeron que Arturo había caído al río y que no aparecía.

Pero entonces todavía estaba la esperanza, dice Bernardo Pé-rez, padre de Marlem, quien en-tre lágrimas cuenta que al mis-mo tiempo que llegaba la confirmación de la muerte de Ar-turo, ella entraba en labor de parto. Relata que como pu-dieron la llevaron a una clínica de Ixmiquilpan, ya que Cante-maye se ubica en medio del cerro y para llegar ahí hay 35 kilómetros, de los cuales, al menos 20 hay que caminarlos entre una vereda.

Tengo mucho pesar por Marlem, por su salud, ella ya sabe lo que pasó y ahorita está teniendo a su hija. No sabemos bien qué va a hacer, dice don “Berna”, como lo conocen en el pueblo. Arturo era el sostén de la familia, había planes para que Marlem volviera a estudiar; to-do se truncó.

Arturo nació en Nicolás Flo-res, entre carencias extremas. El Coneval señala que 84.4% de la población sufre de pobreza. En Cantemaye, Ixmiquilpan, estos jóvenes tampoco lograron un futuro mejor, una pequeña vi-vienda con un cuarto de bloque y apenas con un piso firme, que el año pasado la Secretaría de Desarrollo Social les ayudó a poner, así como choza de palos y pencas de maguey era su pa-trimonio.

Aquí la gente se dedica a la extracción de lechuguilla, es de-cir, a sacar la fibra a los mague-yes para realizar artesanías, apenas obtienen entre 50 y 100 pe-sos al día, cuando les va bien.

“Berna” llora por su hija, llora por su yerno y también por su nieta. Dice que no tiene ma-nera de ayudarlos, porque él también tiene que mantener a sus otros dos hijos y a su esposa. El futuro le parece sombrío, el “sueño americano” se convirtió en una pesadilla.



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