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Nuevos procesadores Intel Core 11 Tiger Lake

Nuevos procesadores Intel Core 11 Tiger Lake
Una auténtica revolución

Publicación:07-09-2020
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Los procesadores Tiger Lake representan un salto generacional importante que parte de varias claves importantes.

El gigante del chip ha presentado en sociedad sus nuevos procesadores Intel Core 11 basados en la arquitectura Tiger Lake, una nueva generación de CPUs de bajo consumo y alto rendimiento que utiliza el proceso de fabricación de 10 nm++, más conocido como «SuperFin».

Los procesadores Tiger Lake representan un salto generacional importante que parte de varias claves importantes:

Un rediseño importante a nivel de transistores.

Una GPU basada en la arquitectura Intel Xe (Gen12).

Una revisión profunda que afecta casi todos demás los elementos que se integran en el encapsulado.

Todos esos cambios, y esas mejoras, han convertido a los procesadores Intel Core 11 en un salto evolutivo más importante de lo que imaginábamos. La GPU integrada Xe es, sin duda, uno de los pilares centrales de esa evolución, pero no el único, como hemos anticipado, así que vamos a lanzar una mirada en profundidad para descubrir todas las claves de esta nueva generación.

Intel Core 11: un 20% más de rendimiento CPU y una GPU integrada muy potente

Los nuevos procesadores Intel Core 11 utilizan un nuevo proceso de fabricación conocido como «SuperFin». Estamos ante los sucesores de los procesadores Intel Core 10 basados en Ice Lake, y fabricados en proceso de 10 nm+, lo que significa que esta nueva generación utiliza un proceso que podríamos considerar como 10 nm++. El nuevo «+» indica claramente un «tock», lo que apunta a un aumento del IPC, y sí, en esta ocasión el aumento de rendimiento a nivel de CPU que ha conseguido el gigante del chip ha sido realmente grande.

Según el gigante del chip, los núcleos Willow Cove utilizados en los procesadores Intel Core 11 basados en Tiger Lake ofrecen un 20% más de rendimiento que los núcleos Sunny Cove presentes en los procesadores Ice Lake. Pero esto no es todo, el nuevo proceso que ha utilizado Intel, unido al rediseño introducido a nivel de transistores, ha permitido al gigante del chip reducir la resistencia eléctrica sin comprometer la integridad de las puertas lógicas, una mejora muy importante que se traduce en unas frecuencias de trabajo muy elevadas (hasta 4,8 GHz) con unos voltajes reducidos (menos consumo y calor generado).

A nivel interno, nos encontramos con una configuración que conocemos de sobra. Los Intel Core 11 basados en la arquitectura Tiger Lake estarán disponibles versiones de cuatro núcleos y ocho hilos y de dos núcleos y cuatro hilos. En la imagen adjunta podemos ver todos los modelos que ha confirmado Intel, sus frecuencias de trabajo y también la cantidad de unidades de ejecución que integran sus GPUs. Recordad que cada unidad de ejecución equivale a 8 shaders, lo que significa que el modelo más potente que suma 96 unidades de ejecución equivale a 768 shaders.

El salto que representan los procesadores Intel Core 11 a nivel de rendimiento bruto en aplicaciones que dependen de la CPU es muy marcado. Las demostraciones que ha realizado Intel durante el evento confirman que estamos ante una evolución real y profunda de la arquitectura Core, y no ante un simple refinamiento con frecuencias de reloj ajustadas al máximo. Sin embargo, lo mejor ha venido cuando hemos visto la sinergia que ha sabido crear Intel entre los diferentes elementos que concurren en el encapsulado de los Core 11.

Gracias a esa sinergia, el procesador y la GPU integrada pueden sacar adelante flujos de trabajo que requieran de un buen rendimiento CPU y que sean capaces de aprovechar una unidad gráfica de alto rendimiento para acelerar la carga. Como podemos ver en las imágenes adjuntas, esto permite a los Intel Core 11 superar, incluso, a soluciones tan avanzadas como el Ryzen 7 4800U, que cuenta con una CPU de 8 núcleos y 16 hilos acompañada de una GPU Radeon Vega 8 con 512 shaders.

La arquitectura Intel Xe Gen12 representa un salto generacional tan grande que prácticamente dobla el rendimiento de las Intel Gen11, utilizadas en los procesadores Intel Core 10 basados en Ice Lake. La evolución ha sido tremenda, tanto que con estas nuevas soluciones gráficas integradas podemos, por fin, disfrutar de juegos en resolución 1080p con calidades medias o altas, dependiendo de las exigencias de cada título en concreto, y sí, con un buen nivel de fluidez.

Si comparamos la Intel Xe Gen12 de 96 unidades de ejecución con una GeForce MX350 vemos que ambas ofrecen un rendimiento muy similar, tanto que prácticamente podríamos hablar de un empate técnico. Con esto en mente, no me sorprende que NVIDIA anunciase recientemente la GeForce MX450, ya que con el lanzamiento de los Intel Core 11 con gráficos Intel Xe la GeForce MX350 deja de tener sentido.

Al extender la comparativa frente a la APU Ryzen 7 4800U tenemos también unos resultados bastante claros, la Intel Xe Gen12 supera sin problema a la Radeon Vega 8, puesto que se impone en todas las pruebas, sin excepción.

La GPU integrada es el elemento que más espacio ocupa, y justo encima de ella se sitúan los cuatro núcleos Willow Cove, que cuentan con mejoras a nivel de caché L1 y L3. También podemos apreciar mejoras en el sistema de inteligencia artificial, en los controles de alimentación y en la controladora de memoria, que ahora soporta configuraciones con hasta 32 GB de LPDDR4X a un máximo de 4.266 MHz.

Tecnologías de última generación para crear valor más allá del rendimiento bruto

Los nuevos procesadores Intel Core 11 representan una mejora clara en términos de rendimiento, pero también se integran en una plataforma de última generación rodeada de tecnologías que crean un importante valor añadido, y que concurren en el conocido estándar Project Athena.

Como sabrán muchos de nuestros lectores, Project Athena es una certificación que garantiza que un equipo cumple con una serie de requisitos mínimos, necesarios para garantizar una buena experiencia de uso. En efecto, es una especie de «distintivo de calidad» que permite al consumidor tener claro, de una manera sencilla y sin necesidad de conocimientos técnicos previos, que un determinado portátil será capaz de ofrecer no solo un buen rendimiento, sino también una buena movilidad, conectividad de última generación y una elevada autonomía.

Estas son las claves más importantes que definen al nuevo estándar Project Athena:

Procesadores Intel i5 o i7 basados en la arquitectura Tiger Lake.

8 GB de DRAM de doble canal, como mínimo

256 GB de almacenamiento SSD, como mínimo.

Más de 16 horas de autonomía en reproducción de vídeo.

Más de 9 horas en navegación web.

Sistema de carga rápida que proporcione cuatro horas de uso con media hora de carga.

Conectividad WiFi 6 Gig+ y Thunderbolt 4.

Sistemas de identificación por huella o facial.

Pantallas de 12 y 15.x pulgadas a una resolución mínima de 1080p.

Teclado retroiluminado y soporte para punteros.

Inicio instantáneo desde el estado de reposo, sin esperas.



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