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Celac, un organismo herido de muerte por el contexto actual


Publicación:18-01-2020
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Nacida en contradicción, tras 10 años de existencia la CELAC no se ha consolidado como un instrumento regional de integración.

 

 

México.- La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) no tiene viabilidad en el contexto político actual de América Latina, que se muestra contrario a la generación de autonomía y soberanía en la región.

Así lo estima en entrevista con Notimex el latinoamericanista Javier Gámez, doctor en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y estudioso de movimientos populares e indígenas en América Latina.

 La Celac se creó en 2010 por iniciativa de México y Brasil, entonces gobernados, respectivamente, por Felipe Calderón y Luiz Inácio Lula da Silva, dos políticos que tenían intenciones muy diferentes al dar salida a la Comunidad, recuerda Gámez.

 “Brasil tuvo la intención de generar un instrumento de integración latinoamericana para competir en el contexto de la construcción de un mundo multipolar y de competencia económica por los recursos y los mercados”.

 “México, en un escenario de influencia estadounidense, intentó constituir y hegemonizar un proceso que compitiera con los bloques progresistas sudamericanos, como la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) o el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), y restar su influencia en la región”.

 Nacida en contradicción, tras 10 años de existencia la CELAC no se ha consolidado como un instrumento regional de integración. En todo caso sólo ha permitido solidaridad y cooperación, más formal que de hecho.

 “Ante la crisis de la izquierda electoral y los gobiernos progresistas, y ante la nueva hegemonía que está en construcción por parte de los Estados Unidos en la región (como último ejemplo tenemos el golpe de estado en Bolivia), la Celac no tiene viabilidad”, asienta Gámez.

 “Menos en un contexto contrario a generar autonomía y soberanía en la región. Aunque a contracorriente los gobiernos de México, con López Obrador, y de Argentina, con Alberto Fernández, intenten retomar el camino como instrumento de integración, los países en contra son más, como Bolivia, Chile, Brasil, Colombia, Ecuador y El Salvador, que sólo verán a la Celac como un posible instrumento político”.

 En un panorama tan desfavorable, es de esperarse que la Comunidad no contribuya a resolver las crisis políticas de países como Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia o Brasil, detalla Gámez.

 “Incluso, si la Celac tomara el camino de la integración, varios gobiernos saldrían de ella, como el caso de Brasil, donde el presidente Bolsonaro anunció la salida del país de todas las instancias de la Celac”, una decisión que fue anunciada este 15 de enero.

 

Morales y Lula ven oportunidad de retomar el poder

 

La manera en que la Celac podría alcanzar viabilidad sería constituyéndose en un instrumento de verdadera integración, en atención a los pasos del Unasur y el ALBA, algo que parece que no está impulsando México desde su presidencia pro témpore.

“Hasta lo que se puede apreciar en este momento, (la Celac en el plan de México) tiene un carácter de instrumento de cooperación económica, nada nuevo de como se ha comportado la Comunidad. Si a ello sumamos la salida de Brasil y la de otras naciones latinoamericanas, la Celac no tendrá mucho peso en los intentos de generar un instrumento político y económico que dote de soberanía a la región”, expresa el estudioso de la UNAM.

 “Incluso es conservador el programa que tiene México para la Celac, para que fuera más propositivo necesitaría del concierto de más naciones latinoamericanas, en particular las fuerzas del Grupo Puebla, que son los grupos políticos que conformaron los gobiernos progresistas de la región, que deberán retornar al poder en sus respectivas naciones, de ahí las opiniones e interés de dos líderes importantes como Luiz Inácio Lula da Silva y Evo Morales”.

 La presencia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la región permite a Morales y a Silva aspirar a retomar el poder en sus respectivas naciones.

 “Están dispuestos a dotar de soberanía a Latinoamérica a través de la construcción de un bloque político-económico y restablecer las alianzas estratégicas con otros gobiernos en el mundo, que les permita alcanzar el desarrollo para la región”.

 

Tensiones mundiales e influencia de EUA

 

Sobre la influencia que tiene en la Celac la situación que tensa a Irán y a Estados Unidos, Javier Gámez opina que el imperialismo de Barack Obama y Donald Trump se ha preocupado por desincentivar alianzas estratégicas en el mundo que generen nuevos polos de influencia y desafíen la primacía de Estados Unidos.

 “Durante la ola progresista en Latinoamérica, a partir de 2003 y hasta hace un par de años, los gobiernos de Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia y Argentina entendieron que la constitución de un bloque económico y político en Latinoamérica no estaba exenta de la constitución de contactos y alianzas estratégicas fuera de la región”.

 “Por ejemplo, Brasil formó parte del proyecto de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), lo que le permitió al país sudamericano ocupar la presidencia del Consejo de seguridad de la ONU y oponerse a la unilateralidad de los países del norte, en particular los Estados Unidos y la comunidad europea ante distintas crisis que surgieron en el mundo”, indica Gámez.

 “Eso le permitió a Brasil tener una presencia importante a nivel mundial y apuntalar los intereses latinoamericanos en el orbe, así como desactivar una potencial intervención militar estadounidense en Venezuela”.

 Bajo el mandato de Hugo Chávez, Venezuela tejió alianzas políticas, económicas y militares con Rusia, China, Corea del Norte y países del Medio Oriente que son contrarios a las políticas imperialistas y depredadoras de Estados Unidos en esa región asiática, especialmente contra Siria e Irán.

 “En ese contexto se constituyeron alianzas políticas entre los gobiernos progresistas y algunos países que mantuvieron su independencia de los Estados Unidos y la Unión Europea, lo que los fortaleció en la región y en distintos instrumentos e instituciones internacionales, como la ONU”.

 “El nuevo imperialismo estadounidense, desde la presidencia de Obama y Trump, fue consciente y certero en sus estrategias para debilitar el objetivo de construir un mundo multipolar a partir de la conformación de naciones o regiones fuertes económica y políticamente, con el objeto de tener capacidad negociadora y ejercer un poder independiente de las naciones más desarrolladas”.

 “Estos objetivos se llevaron paralelamente en varias regiones del mundo por parte del gobierno de los Estados Unidos: mientras minaba, difamaba y combatía a los gobiernos progresistas latinoamericanos desde una estrategia de guerras de quinta generación, lo hacía contra Rusia o China con guerras económicas y con guerras directas en Medio Oriente a través del Estado Islámico”.

 Por eso, en el mundo de hoy la idea de una Latinoamérica integrada con ayuda de la Celac será muy difícil: únicamente México, Argentina y Venezuela pueden impulsar esa agenda, mientras el resto de países donde gobierna la derecha se pliegan a los intereses estadounidenses.

 Todo ello “en un contexto donde el conflicto bélico hace que países como Irán se interesen por sí mismos y organicen una defensa de su soberanía, o países como Siria e Irak concentren sus esfuerzos en su reconstrucción”, indica Gámez.

 

La Comunidad, muy débil y desarticulada ante la OEA

 

La Organización de los Estados Americanos (OEA), una institución internacional que responde a los intereses de EUA, sigue organizada y fuerte, asienta Javier Gámez, “como lo demostró en el golpe de estado en Bolivia”.

 “Y es una institución regional que goza de distintos instrumentos legales, políticos y, hasta cierto punto, económicos para su implementación en las crisis latinoamericanas, con todo y que es una institución nada democrática”.

 Por su falta de consolidación en sus 10 años de existencia, no se puede decir que la Celac esté configurándose hasta el momento como un contrapeso a la OEA. Más bien parece herida de muerte, y sin posibilidades sólidas e inmediatas de fortalecerse.

 



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