Opinión Columna


Tragedia ambiental


Publicación:28-02-2017
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Las consecuencias del efecto invernadero es que habrá más sequías e inundaciones y seguirá el deshielo en los casquetes polares, con el doble de rapidez

Nuevo León se caracteriza por su clima cambiante y extremoso, el cual de intenso frío puede pasar a intenso calor en menos de 24 horas. Pero, lo que hemos estado viviendo en los últimos años son temperaturas cada vez más calurosas que en pleno invierno son un infierno en calles y casas de la gran plancha de concreto que es el Área Metropolitana de Monterrey.

Sin embargo, las altas temperaturas se han extendido a diferentes regiones del país como Sonora, Sinaloa, Tamaulipas, San Luis Potosí, Ciudad de México y muchos lugares más de la República Mexicana. Además, se están dejando sentir en España, India, China, Japón, Italia, Brasil, Argentina, Perú, Chile y en países del Medio Oriente y del Continente Africano, donde los termómetros registran temperaturas extremas.

Cada mes o cada temporada del año se registran marcas históricas más calurosas en nuestro planeta y esto es desde 1880, año en que las agencias del mundo iniciaron los registros sobre la temperatura.

Hoy vemos que el cambio climático está afectando cada vez más algunas regiones, con un mayor impacto en los polos Ártico y Antártico, presentando un descongelamiento acelerado de mal pronóstico para los ecosistemas y la vida económica y social del planeta en su conjunto.

Hay registros con los que se comprueba que desde el fenómeno cíclico de El Niño de 1997-98, el calentamiento global ha influido decisivamente para que, por primera vez, se incrementara en más de un centígrado la temperatura media del planeta de la etapa preindustrial, en el Siglo XVIII hasta la fecha.

Todo indica que a partir de marzo, aunque ya lo vivimos durante este febrero, sufriremos temperaturas más cálidas en los próximos seis o siete meses que los meses de los años anteriores.

Lo anterior, principalmente debido al incremento global de las temperaturas a causa de las altas concentraciones de dióxido de carbono, metano y protóxido de nitrógeno, los tres principales gases generados por la actividad industrial que provocan el efecto invernadero.

Las consecuencias del efecto invernadero es que habrá más sequías e inundaciones y seguirá el deshielo en los casquetes polares, con el doble de rapidez que en el resto del planeta y con el peligro que ello implica para la salud y la vida de la flora, de la fauna y de los seres humanos.

Aunado a la contaminación del aire por factores humanos, ya que a los cambiantes y extremosas temperaturas -propias de nuestro Estado-, se agregan los ventarrones que entran desde el noroeste y azotan la metrópoli, con grandes tolvaneras que aumentan la pésima calidad del aire que todos respiramos. Situación que podría ser más grave si no estuviéramos rodeados de montañas, desde la Sierra Madre Oriental hasta la Sierra Picachos.

Es lamentable que el Sistema de Monitoreo Ambiental (SIMA), cuente con estaciones de monitoreo descompuestas o medio funcionando algunas de ellas, para medir la mala calidad del aire que respiramos del nororiente al norponiente del área metropolitana; es decir, desde Apodaca hasta Santa Catarina, registrando al año más de 200 inversiones térmicas, causa de las elevadas temperaturas y de las falta de lluvias.

El problema de fondo no sólo es medir la calidad del aire con equipos de monitoreo confiables, sino poder llevar a cabo estrategias para revertir el calor y sanear el aire, empezando con una agresiva, pero ordenada reforestación en toda la zona metropolitana, que incluya a nuestras propias casas, escuelas y centros de trabajo, que motive a la población a crear áreas verdes en techos y jardines colgantes en las paredes, así como a reforestar plazas, parques y nuevos bosques urbanos con miles de árboles hasta llegar a la meta de más de un millón en los próximos años.

La acción más efectiva para disminuir el calor es que cada familia plante un árbol y lo cuide hasta que crezca sano y robusto.

Ante la tragedia ambiental de que nuestra ciudad capital de Monterrey es la metrópoli más contaminada de México y de América Latina, con graves índices de enfermedades respiratorias y de muertes, las autoridades ambientales deben responder de inmediato y poner en marcha una gran cruzada contra la contaminación, pero con base en el principio de transversalidad ambiental, mediante el cual todos contribuyamos en forma responsable y solidaria para rescatar un medio ambiente sano para vivir.



« Redacción »