Opinión Editorial


Repoblar el Centro


Publicación:04-02-2019
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Corría la década de los 60 cuando quien suscribe vio la luz primera. Los primeros años de mi amada infancia los viví feliz junto a mis padres y hermanos en una casa que rentábamos, en pleno Centro citadino, sobre la calle de Colegio Civil, entre Washington y Modesto Arreola.

Mis andanzas y paseos obligados, pues, eran la propia plaza de Colegio Civil, la Alameda, la plaza Zaragoza, el Mesón Estrella y un par de cines que ya no están en pie.

A menos de una cuadra de casa frecuenté el Aula Magna para disfrutar más de una vez obras de teatro infantil y en la plaza de Colegio Civil, corríamos, mis hermanos y yo, cada tarde hasta el agotamiento participando en juegos que no tenían nada que ver con tecnología de nueva generación.

En otras ocasiones, la plaza Zaragoza nos daba la bienvenida los domingos por la mañana con caballetes colocados para que niños y niñas como yo por aquella época, pudiéramos dar dienda suelta coloreando cuanto nos viniera en gana. Y gratis.

Aún con sus asegunes, andando por el Mesón aprendí a amar toda la gama de colores y olores que frutas y verduras nos prodigaban en la compra de cada día.

Ah y la Alameda ¡cuántos recuerdos y paseos dominicales!

Adrián de la Garza Santos declaró recientemente su intención de repoblar el centro citadino.

El primer cuadro de la ciudad de Monterrey se lo merece y quienes lo visitamos por compras, por estudio, por trabajo o porque vamos de tránsito, también.

Caray, después de todo Monterrey es la capital industrial de México y bien vale la pena cambiar la vocación de tanta construcción abandonada, grafiteada y en muchas ocasiones saturada por basura y fétidos olores.

Yo puedo sacar a la luz –y seguro usted también, tantos lindos recuerdos vividos en el primer cuadro regio. Extrañar, por ejemplo, la Refresquería Juárez, apenas una pequeña barra y un par de mesas donde la clientela podía sentarse a disfrutar un licuado o la comida del día.

O recordar y casi disfrutar el pastel “mechudo” que vendían en la panadería Monterrey, muy cerca de la Iglesia del Roble, en cada cumpleaños familiar.

Me queda claro que el progreso llega y los pequeños o los grandes negocios son devorados por las franquicias y grandes cadenas comerciales.

No se trata de mantener la imagen gris y vieja de la ciudad, pero desgraciadamente el gris sigue estando presente en espacios por aquí y por allá.

Adrián de la Garza va por el crecimiento vertical, por hacer de Monterrey una “ciudad más viva” y por promover desarrollos mixtos.

Quiero pensar que para que ese futuro sea posible, el presidente municipal y su equipo ya cuenta con un marco legal que permita la atracción de inversiones y sobretodo,  dé certidumbre para que estos empresarios puedan desarrollar la visión del alcalde.

Monterrey necesita una gran sacudida.

Es cierto, la fisonomía de la ciudad ha evolucionado en diferentes administraciones estatales y municipales con la Gran Plaza, el Parque Fundidora, el Metro y Santa Lucía, pero en el primer cuadro, poco o nada ha estado sucendiendo.

El comercio actual y el gobierno municipal siguen sin invertirle en banquetas que le apuesten a la movilidad; las calles que se reabrieron a la vialidad prevalecen “secuestradas” por los informales; hay desorden en materia de transporte, eso es lo que se puede encontrar quien visite o recorra el Centro.

Quizá en los tres años del segundo periodo del alcalde no se pueda ver la anhelada transformación, pero puede pasar a la historia por las acciones que realice encaminadas a este gran sueño.

Así, las nuevas generaciones tendrán recuerdos y anécdotas lindas para contar. La idea es buena y la ciudad y los regios, lo merecemos.

 

Comentarios: nelly.cepedagzz@gmail.com



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