Opinión Columna


Repetición y diferencia


Publicación:29-05-2019
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Lo que se repite no es solo aquello que se hace, sino también lo que se escucha, considera y supone.

 

La experiencia más inmediata y cotidiana nos muestra que de un acto, de una conducta, aparentemente aislados y únicos, se va formando un cierto circuito que se repite, una y otra vez. Incluso, en algunos casos, alguien puede decir sentirse como “poseído” por alguna fuerza o voluntad que le rebasa. “¿No sé por qué no puedo dejar de…?” Sin poder explicar la razón o la lógica de tal repetición, sucediéndose a cada reiteración un silencio de sentido, solo se repite, pero no se sabe por qué, ni aquello que sustenta tal reincidencia.


La repetición a simple apreciación pareciera relacionada con las acciones estereotipadas (instintos) de los animales, declarar ¡Eso es genético! y listo, tapamos el pozo del asunto: ser un mecanismo que se posee por el hecho de pertenecer a una especie, encaminado a perpetuar funciones de suma importancia para el mantenimiento de la vida. Sin embargo, la repetición guarda una doble característica: ser justamente efecto de la pérdida de la regulación instintiva y por lo tanto muestra del orden exclusivamente cultural en el que nos constituimos los humanos. En ese sentido, la repetición y sus circuitos son construcciones simbólicas, la verdad de su lógica descansa en otro lugar fuera de la estricta biología. Es decir, es efecto de nuestra piel cultural, en tanto seres hablantes; cada repetición porta consigo una poética general y singular al mismo tiempo: se sirve de las leyes de la metáfora y metonimia, pero articula un ritmo y ritma singular para cada persona; marcas únicas en el cuerpo, productoras de sentido.


En su texto Recordar, repetir y reelaborar (1914) Sigmund Freud plantea que la repetición es repetición de algo no procesado, no elaborado conscientemente, que ha sustituido o tomado el relevo del recuerdo. Es decir, se repite para no recordar y se recuerda para no repetir. La repetición en ese sentido es una defensa, una forma de no tomar conciencia de algo considerado peligroso por su relación con una verdad íntima de cada uno, que se ha ido al fundamento, que se activa y actualiza bajo ciertas lógicas singulares. Con la salvedad de que dicha repetición como protección para no hacer consciente, no termina de ser tan eficaz en su objetivo, ya que termina dando pistas para que alguien se sospeche y se encamine a ello: ¿Por qué será que siempre repito…?”


Lo que se repite no es solo aquello que se hace, sino también lo que se escucha, considera y supone. Pues en toda suposición existe una posición singular, su-posición. Como cuando alguien exclama después de escuchar una canción, conferencia, ver una película o leer un libro: “Eso ya lo sabía”, “Eso no es nuevo”, “Eso ya lo habían dicho”, “Es lo mismo”. Advirtiéndose una posición de sentido que se repite, se mantiene fija, inamovible; que por más que alguien viva muchos años, su posición subjetiva, dadora de sentido, se mantiene inmodificable, sin ningún corte, reedición o cambio de sentido, sin ninguna reelaboración. Llevando a convertir la vida, el tiempo subjetivo de vida, en un único momento en un solo bloque o circuito, repitiéndose cual sinfonía que es tocada una y otra vez, hasta que alguien descifra su clave.


Realizar una experiencia psicoanalítica, puede permitir a alguien tomar conciencia de eso que insiste, a partir del cómo se presenta, qué función/significado cumplen en su vida dichos circuitos -cual estribillos de canción- que se activan una y otra vez con cierta lógica, lo que muestran y revelan, sus alcances y límites dadores de sentido a sí mismo y a la vida, como aquello que no logran capturar, ni describir. A fin de poder recuperar la sorpresa del encuentro, poder escuchar, vivir e inventar lo nuevo. No permanecer atados a un funcionamiento repetitivo en piloto automático que ejecuta una y otra vez el mismo circuito, haciendo del presente y futuro un pasado permanente, sino creando inéditas formas de respuesta ante las múltiples y muy variadas experiencias de vida, pues más que la repetición y el recuerdo, es aquello que se crea a partir de ellos, retomando la potencialidad creativa de la contingencia del instante, creando -como los artistas- un verdadero gesto, un trazo nuevo en cada situación, una diferencia absoluta.


camilormz@gmail.com

 



« Redacción »
Camilo Ramírez Garza


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