Opinión Editorial


Nos hace falta un líder


Publicación:29-07-2020

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El concepto de líder es amplio y diverso. Ha evolucionado significativamente incluyendo estilos, retos a futuro, perfiles y otras dimensiones interesantes

El concepto de líder es amplio y diverso. Ha evolucionado significativamente incluyendo estilos, retos a futuro, perfiles y otras dimensiones interesantes.

En cualquier enfoque, refiere a la persona que asume una función de dirección, toma de decisiones, integra un equipo de trabajo y define líneas de actuación. Siempre, se esperan resultados de su gestión. Para algunos especialistas, es en las crisis en donde se demuestra su verdadero valor al evidenciar qué tan bien la resolvió y el grado de satisfacción de la gente a quien sirve.

Si se analiza, por ejemplo, la forma en que los gobiernos han reaccionado ante el COVID, vemos que los países en donde se implementaron medidas exitosas para controlar y bajar la tasa de mortalidad de la pandemia fueron Alemania, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Nueva Zelanda y Taiwán. 

En el análisis se advierte que sus primeras ministras, escucharon a su equipo interdisciplinario, consultaron diversidad de fuentes de información, es decir, canales externos y no solamente a los especialistas de sus países; tomaron decisiones oportunas y cuentan con un alto nivel de confianza hacia sus instituciones; su liderazgo fue cauteloso y reflexivo. Además de contar con infraestructura sanitaria sólida, son países dirigidos por mujeres, dato relevante por el valor de la inclusión que esto representa que puede proyectar un pensamiento liberal.

En mayo pasado la revista FORTUNE hizo un análisis similar y publicó una lista de las figuras más importantes del mundo según sus acciones de respuesta al COVID-19 y entre las características señalaron: vinculación estratégica; compartir recursos e información; tener visión a futuro; proyectar y merecer confianza; honestidad; reconocer errores; y espíritu compasivo.

Otro análisis interesante de las características de un buen líder lo hacen Bernardo Kliksberg y Mario Puig, consultores internacionales, quienes coinciden en la vocación de servicio, en la separación de intereses personales por el bien común, en no pretender el poder para dominar, y crear espacios de diálogo para construir. Otros agregan la sencillez de vida, proyectar pasión por lo que hace, y hacer que las cosas sucedan; seleccionar bien a su equipo de colaboradores; así como su estilo de vida y de pensamiento que inspira a otros por la consistencia de pensamiento, palabras y conductas.

Son muchas cualidades, sí, pero no se trata de tenerlas todas, sino de ponderarlas de acuerdo a las circunstancias y necesidades por atender. 

Hagamos el ejercicio con AMLO. Evalúe la funcionalidad que representa: no reconocer la realidad e insistir en otros datos; subestimar a empresarios y a las personas profesionales; utilizar expresiones que dividen al país; nunca reconocer errores de su administración y culpar al neoliberalismo y administraciones pasadas de todo.

Algunas decisiones: quitar las estancias para hijos de padres trabajadores; bajar el presupuesto a educación y salud; asignaciones sin licitar para Dos Bocas o el Tren Maya; no tener acciones decisivas contra la violencia de género porque se soluciona con contar hasta 10; la construcción de un nuevo aeropuerto, por citar unas cuantas.

Cómo explicar los más de 41 mil muertos por el COVID, los 55 mil por violencia en México, las pérdidas millonarias de CFE y PEMEX, su tibio encuentro con TRUMP, la rifa y venta a la vez del avión presidencial, la pérdida de 12 millones de empleos, la fuga de 13 mil millones de dólares de capitales, la contracción del 11% del PIB. 

¿Cómo relacionamos estos hechos con las características del líder? 

Muy obvia la respuesta. Tenemos un líder sin vocación de servicio, sin empatía hacia el pueblo, sin visión futura más allá de su eterno clientelismo, que no escucha a su equipo ni a especialistas, que no comparte información, que no acepta la realidad y lo que es lamentable: sin resultados positivos para el país.  

No se puede ser mejor líder que persona.

México se merece un mejor líder, la esperanza está en las elecciones para el 2021 para empezar a corregir el gran error del 2018.

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com



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