Opinión Editorial


Nayib Bukele exhibe su rostro mesiánico


Publicación:14-02-2020

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Bukele ha exhibido su rostro mesiánico al amenazar al Congreso con el fin de obtener los fondos necesarios para un programa de seguridad

Auto promovido como un líder independiente ajeno a las estructuras políticas corruptas al estilo de otros populistas latinoamericanos, como Jair Bolsonaro, Abdalá Bucaram y Alberto Fujimori, el presidente salvadoreño Nayib Bukele ha exhibido su rostro mesiánico al amenazar al Congreso con el fin de obtener los fondos necesarios para un programa de seguridad, en un país devastado por la violencia de las bandas y la pobreza.

El domingo pasado, Bukele sorprendió a El Salvador y la comunidad internacional rodeando a la Asamblea Legislativa en el centro de San Salvador con miles de seguidores, policías, francotiradores y soldados del ejército, para obligarla a aprobar un crédito de USD $109 millones para la tercera fase de su Plan de Control Territorial, dando a los legisladores un plazo de una semana luego de que "habló" con Dios, quien le recomendó "paciencia".

Por fortuna, la reacción del liderazgo de la asamblea unicameral, donde Nuevas Ideas, el partido de Bukele y sus aliados son minoría, ha sido firme y decidida, al comparar la ocupación del Salón Azul de plenos con un "intento de golpe de Estado".

"Esa violencia con la que entraron no se justifica en un país que ha construido una democracia con sangre", declaró el lunes Mario Ponce, titular de la Asamblea Legislativa por el conservador Partido de Concertación Nacional, horas después de que el mandatario ocupara su curul y empezara a rezar, advirtiendo que podría disolver la asamblea si no aprueba el préstamo negociado con el Banco Centroamericano de Integración Económica.

Por su parte, la Suprema Corte ordenó al Ejecutivo no utilizar a las fuerzas de seguridad en "actividades contrarias a los fines constitucionales establecidos". También ordenó al ministro de Defensa y al jefe de la Policía Nacional no desplegar a sus unidades en actividades fuera de su jurisdicción, y exigió al Consejo de Ministros cesar los esfuerzos para convocar a una sesión extraordinaria del Congreso que considere la autorización del crédito.

La reacción inicial de Bukele fue tuitear que "el sistema se protege a sí mismo. Y así es como seguirán igual las cosas", aunque más tarde declaró que acatará la orden.

Desde noviembre, el ex publicista y ex alcalde de San Salvador de 38 años ha presionado a la Asamblea Legislativa para financiar su plan de seguridad. El domingo, invocó el Artículo 87 de la Constitución para convocar a una sesión de emergencia; sin embargo, el mismo otorga al pueblo el derecho a la insurrección, pero sólo para restablecer el orden constitucional.

Incluso para un dirigente latinoamericano que se ha alineado con las políticas de Estados Unidos en la región, rompiendo relaciones diplomáticas con Venezuela—el último país que lo ha hecho es Guatemala—y aceptando dócilmente las draconianas medidas migratorias de Washington, se trató de un paso demasiado largo. El embajador de Estados Unidos en El Salvador, Ronald Johnson, rechazó la presencia militar en el Congreso, y llamó a todas las partes al diálogo para solucionar la disputa.

Carrera meteórica

Miembro de la extensa comunidad de origen palestino en El Salvador, Bukele, quien ha definido su ideología como pragmática, empezó su carrera meteórica en la política ganando en 2012 la alcaldía de Nuevo Cuscatlán, en el departamento La Libertad, en representación de una alianza encabezada por el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), la ex guerrilla izquierdista durante la guerra civil de 1979-1992 que causó más de 75,000 muertos.

Tres años más tarde, repitió su victoria en las elecciones municipales de la capital salvadoreña. No obstante, Bukele fue expulsado del FMLN en 2017, al ser acusado por el Tribunal de Ética del partido de promover la división interna y realizar actos difamatorios en su contra.

Habiendo consolidado la imagen de un intruso, que por lo general se comunica directamente con sus simpatizantes mediante redes sociales, en la campaña electoral de 2019 Bukele comparó a su rival Carlos Calleja de la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) con el entonces presidente mexicano Enrique Peña Nieto, al afirmar que este último era un "imbécil" creado por los medios; añadió que el mandatario hondureño, Juan Orlando Hernández, "se robó" los comicios en el país vecino.

Es el primer candidato que gana la presidencia desde el fin del conflicto civil que no compitió por Arena o el FMLN, y hoy disfruta una popularidad de casi 90%, debido en parte a la aplicación de las primeras etapas del Plan de Control Territorial, que se enfoca en las áreas críticas para las bandas y ha incrementado ahí la presencia militar.

El pequeño país de 6.5 millones de habitantes, todavía uno de los más violentos del mundo al tocar un pico de más de 6,000 asesinatos en 2015 (una tasa por persona superior a la de México), experimentó una caída de 28% en los homicidios entre 2018 y 2019 (Bukele asumió en junio pasado), y en enero registró 119, la menor cifra mensual desde 1992.

De acuerdo con el gobierno, el control efectivo de las prisiones (17,000 integrantes de bandas están encarcelados y El Salvador ocupa el segundo puesto mundial tras Estados Unidos en las tasas respectivas, con 604 internos por cada mil personas) es otra de las razones que explican el éxito de su plan de seguridad.

Sin embargo, Jannete Aguilar, investigadora de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA) de El Salvador, señaló a AFP que la presión de las autoridades llevó a las principales bandas rivales, Barrio 18 y Mara Salvatrucha, mejor conocida como MS-13, a detener sus ataques mutuos.

Cabe destacar que hace diez años, el gobierno del presidente Mauricio Funes—un periodista de televisión seleccionado como candidato por el FMLN—también logró una notable reducción de los homicidios, al ayudar en secreto a negociar una tregua entre las bandas, que tomaron el control de las prisiones y ampliaron su influencia nacional.

Una vez que la tregua colapsó, el país sufrió una oleada de asesinatos, contrarrestada por las autoridades con tropas entrenadas en Estados Unidos que formaron grupos clandestinos de exterminio, similares a los escuadrones de la muerte responsables, junto a las fuerzas armadas, de más de 85% de las víctimas en la guerra civil.

Por lo tanto, el desafío a largo plazo de Bukele es mantener las tendencias positivas de seguridad disminuyendo la pobreza crónica, el desempleo y la desigualdad social que han impulsado a muchos a huir a Estados Unidos, en momentos en que la administración Trump está deportando a miles de inmigrantes al seguir la política establecida por el ex presidente Barack Obama.

Entre 2014 y 2018, Estados Unidos deportó casi 111,000 salvadoreños; entre tanto, el número de los que buscan asilo en ese país, muchos de ellos argumentando amenazas de las maras, creció casi 1,000% entre 2012 y 2017. Sólo se concede asilo a 18% al año.

Este mes, un estudio de Human Rights Watch reveló que al menos 138 personas deportadas a El Salvador por Estados Unidos fueron asesinadas posteriormente. La mayoría de las muertes ocurrió menos de un año después de que las víctimas regresaron al país y algunas en cuestión de días. El organismo también confirmó al menos 70 casos de agresión sexual u otras formas de violencia luego del arribo a El Salvador.

Bajo las nuevas reglas migratorias de Estados Unidos, los solicitantes de asilo del Triángulo del Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) de Centroamérica y de otras naciones son obligados a esperar en México mientras sus peticiones son evaluadas, o son repatriados si la petición es rechazada. Otros son enviados a Guatemala para buscar asilo ahí, pese que el país carece de medios para recibirlos y es una fuente neta de inmigrantes.

En una declaración, la UCA, organismo defensor de los derechos humanos en El Salvador reconocido a nivel mundial, subrayó que "la experiencia reciente de América Latina y la historia de nuestro país muestra que actuar con intolerancia, promoviendo el odio y la falta de respeto a las instituciones sólo conduce a la polarización y la confrontación entre hermanos".



« El Universal »