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Opinión Columna


Marie Kondo


Publicación:20-02-2019
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¿Qué tiene de encantadora la propuesta de Marie Kondo? Además de sus delicadas formas minimalistas en el hablar y vestir

“Aquí lo tenemos habiendo amontonado durante meses, piedra sobre piedra, guijarros vulgares que tienen para él el valor de un importante bien. Ahora, a fuerza de amontonar tantos sobre una tabla, ésta se quiebra, gran estrépito en la habitación, barren todo, y el personaje que parecía acordar tanta importancia a los guijarros, no presta la menor atención a lo que pasa, no hace oír la más mínima protesta ante la evacuación general de los objetos de sus deseos. Sencillamente, vuelve a empezar y a acumular otros […] eso hacemos todo el tiempo […] acumular multitud de cosas sin valor, tener que pasarlas de un día a otro por pérdidas y beneficios, y volver a empezar, es muy buena señal. Porque cuando el sujeto permanece apegado a lo que pierde, no puede soportar su frustración, es cuando podemos hablar realmente de sobrevaloración de los objetos” (Jacques Lacan, El seminario 3: las psicosis. [1956-57] Buenos Aires: Paidós, 2006, p. 34.)

Todos hemos visto a Marie Kondo (https://konmari.com/) Incluso quienes nunca la hayan visto, “saben” –pero no saben que saben- quien es. Es parte del efecto Netflix: cuando algo se viraliza ahí, automáticamente pasa a la cultura, a las formas en las que nos relacionamos, es decir, al lazo social.

Tidying up (EUA, 2019) es un programa que repite el formato de alguien especializado arribando a una casa o negocio para transformarlo. Extreme Makeover: home edition (EUA, 2003), Queer Eye for the Straight Guy (EUA, 2003) Bar rescue (EUA, 2011). Ya en otra serie (Desperate Housewives; EUA, 2004) se presentó a un personaje (Bree Van De Kamp) quien gustaba de ordenar y limpiar milimétricamente su casa. La trama presentaba ese rasgo como efecto de la muerte de su madre -la mancha roja de sangre que tuvo que limpiar en la calle- así como una forma de control de sí y de los demás. Muy diferente al planteamiento de Marie Kondo.

¿Qué tiene de encantadora la propuesta de Marie Kondo? Además de sus delicadas formas minimalistas en el hablar y vestir, les dice lo que siempre habían sabido: tienen muchas cosas, acumulan objetos que ya no sirven para nada, o más bien sirven para la función (representacional, emocional, afectiva…) que les adjudicaron. Ayuda a desechar, poniendo un punto de basta.

Con su delicada y a la vez contundente intervención no sólo ofrece nuevas formas de acomodo y administración de los objetos, sino desarrolla nuevas formas de relación con las cosas de las casas, colocando una pregunta eje: ¿Este objeto spark joy en tu vida? como punto de partida para dar gracias y dejar ir un objeto o mantener su posesión. Es como si deconstruyera la actividad promovida por el consumo: “Compra, compra y compra, que al comprar te sentirás bien”. A un cierto nivel, “abre los ojos” de los consumidores, diciéndoles: “Mira, esto lo compraste, lo tienes, pero no es algo que esté sparking joy en tu vida, quizás en algún momento lo hizo, pero ya no, así que dile gracias y déjalo ir” Hasta este punto, la gente discrimina lo que le hace feliz y lo que no, para decidir si desecha algo o lo mantiene. Dando paso a la segunda fase que es más práctica, la cual consiste en el acomodo de los objetos que se decidió conservar. Después de algunas semanas, ella vuelve siempre acompañada de su traductora. Ello la hace aún más enigmática: habla en japonés para los oyentes, quienes no entienden dicha lengua, escuchan un puro significante vacío en el cual colocar cualesquier sentido, que después les es simplificado en su lengua. Hasta aquí todo es simple y claro: alguien acumula cosas desacomodadas, alguien llega, les da una fórmula para decidir, doblar y acomodar. La vida de la gente ahora está llena exclusivamente de objetos y lugares que spark joy, no más cosas superfluas u objetos emocionales que no tienen una utilidad per se, pero son sumamente útiles, no más cuarto de triques, desvanes, sótanos o bodegas llenas de objetos que uno no se atreve a tirar. El reto posterior será cómo conservar lo ya logrado. Hasta aquí, si nadie objeta ni añade o quita algo, todo el sistema funcionaría, aportando principalmente, simplicidad con sentido a cada uno sobre lo que desea tener en su casa; más experiencias, menos objetos; replanteamiento del acto de consumir y poseer. Es decir, para ella lujo no necesariamente es poseer algo muy costo o en mucha cantidad, sino en el sentido que ofrezca a cada uno, una experiencia singular. Podemos en este punto acompañar la reflexión con el texto de Gilles Lipovetsky El lujo eterno: de la era de lo sagrado al tiempo de las marcas. Anagrama, 2012.

En fin, vayamos un paso más allá haciendo otro ejercicio ¿Y si leyéramos a Marie Kondo a través del planteamiento de Slavoj Zizek en su película “The pervert´s guide to ideology” (UK, 2012)? sobre el aspecto base del acto de consumir: al comprar no sólo se adquiere un objeto sino una ideología. En ese sentido, por más que suene en automático consenso la propuesta de Marie Kondo, disponer sólo de objetos que puedan sparking joy en nuestras vidas, el hecho de asociar joy a un objeto ya en sí se sirve de la multiple-significación que pueden tener las cosas, predominando una (joy). En este sentido, es una ideología que plantea un control más terrible (joy) decimos más terrible pues al estar basado ya no en el orden y la disciplina o en el consumo, como medio para obtener poder y estatus -algo de lo cual se puede disentir - el que se proponga que los objetos ahora son cosas que pueden sparking joy es un orden ideológico y de mercado más elemental, perverso –siguiendo a Zizek- que no solo te dice qué tienes que desear, sino cómo hay que desearlo. Desplazándose de la persona a la cosa, compartiendo una identidad con las cosas. ¿Y no refuerza ello aún más una cierta noción de consumo? ¿Qué efectivamente Marie Kondo confirmaría que las cosas realmente dan joy? ¿No sería mejor desterrar toda idea de emoción y sentido de las cosas, que estas están en otro lugar para el humano, en el interés y la creación, en las experiencias, más que en el consumo y la acumulación? Que más allá, por supuesto de la practicidad del modelo de Kondo, algo está ausente: ¿No sería ello una posición aún más emancipadora del consumismo, mostrar que las cosas son solo eso, cosas que nunca darán por sí mismas, ni alegría ni tristeza?

camilormz@gmail.com



« Redacción »
Camilo Ramírez Garza


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