Opinión Editorial


Los marranos llegaron ya


Publicación:24-07-2020

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A medida que esta crisis de crisis sigue causando visiones inciertas, desánimos crecientes y profundos, no somos capaces de acertar en el juicio

I. La crisis de los excesos. No tenemos remedio. La crisis de los excesos nos tiene varados en estas islas o cuevas infames del mundo de hoy. Excesos en las economías que sacrificaron el bienestar y la salud por la ganancia salvaje, excesos en el consumo y el hedonismo de locura, excesos en la ineficacia de los gobiernos y la esfera pública, excesos en la forma en que saqueamos y deformamos a la naturaleza.

No tenemos remedio.

A medida que esta crisis de crisis sigue causando visiones inciertas, desánimos crecientes y profundos, no somos capaces de acertar en el juicio porque ante muchos casos, en no pocas situaciones, seguimos enfrentando con criterio noño y corto la complejidad y novedad de lo que pasa.

Cuando comenzó a activarse la máquina del exceso, un buen día se decidió que la humanidad era cosa aparte de la naturaleza, por eso, para explotarla hasta el fondo de los fondos, comenzamos a hablar de "medio ambiente".

Voraces y rapaces.

A un grado tal que, cuando la ristra de peligros se cierne sobre nosotros, nos ha dado por endosar las malas cuentas a los animales.

II. Los cazadores, ciudadanos heroicos. ¿Olvidaron ustedes la historia de las "vacas locas" inglesas de finales de la década de 1980, cuando la encefalopatía espongiforme bovina motivó que las loquitas lecheras fueran llevadas a juicio porque, tiempo después, se detectó en el inocente ser humanito la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob?

¿Y la gripe que en 2009 causó más de 20 mil muertos por culpa de los alcahuetes transmisores de los "cochinos marranos"?

¿Y la artritis viral y tenosinovitis, asociadas frecuentemente con reovirus en pollos?

No tenemos remedio.

Recuérdese que, en el colmo del más burdo y violento ejercicio de racismo, se asoció la aparición del virus de Wuchan con el consumo ancestral de la sopa de murciélago.

Hace 2 años, comenzó a hablarse de otro peligroso fenómeno surgido de los excesos en el "medio ambiente".

"El jabalí se acerca cada vez más al hombre -anunció el periódico El País, 08/12/18)- y vaga a sus anchas entre urbanizaciones y restos de basura, donde encuentra alimento y jardines frescos. Las quejas por este motivo y por los daños que provoca en la agricultura y la ganadería debido a problemas sanitarios, van a más. A todo ello hay que sumar los accidentes de tráfico que causa su presencia inesperada en la carretera."

A falta de censo, según el diario español, hay que recurrir a los reportes de la cruenta cacería (¡Ay, bendito y bien deslindado "medio ambiente"!) sobre los ejemplares cazados y los accidentes de tráfico que ocasionan. Año 2001: 117.305 ejemplares pasados por bala. 2016: 354.648, un incremento nada malo para los matones de campo y la transición ecológica aunque, hasta 2017, hubo 10.352 choques con vehículos en 2017, según la Dirección General de Tráfico española.

Catálogo de infecciones que comparten "los ejemplares" con el ganado y el hombre: tuberculosis, peste porcina africana, triquinosis, hepatitis E o fiebre hemorrágica Crimea-Congo.

III. ¡La Naturaleza ha muerto, Viva el exceso! Con el objeto de escandalizar, como suelen hacerlo un día y otro también los académicos o intelectuales franceses, un grupo de antropólogos y filósofos afirmaron, no hace mucho, que la naturaleza no existe más. (Resistér au désastre, Isabelle Stengers, Éditions des monde à faire, 380 p.)

Por razones muy distintas a las de la irracional y furiosa explotación de la naturaleza, los científicos que se aplican a diversos aspectos de eso que nombramos Natura han promovido, también, durante años, la separación entre Natura y Cultura, argumentando que la relación no es más que una ociosa construcción intelectual.

La Diplomacia Cultural de México ha incluido el binomio Cultura/Naturaleza, Natur-Kultur, como uno de los caminos clave para reinventar el mundo, a través de la economía y la política, en estos tiempos sin control del bicho viral y y la enloquecida proliferación de los jabalíes.



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Enrique Márquez

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