Opinión Columna


Levántate y anda, México


Publicación:26-04-2019
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Creo que no tenemos un mesías en México, tampoco vendrá Jesús a decirnos: Levántate y anda, México.

Salí a caminar en estos días desiertos por las vacaciones, me perdía a cada paso entre las calles y mis pensamientos; al pasar frente a las iglesias, pensaba en los misterios de la liturgia y en mis temores al perderme en mis reflexiones: de la muerte sólo como resurrección, de cómo nos salen alas de nuestras cenizas y nos damos cuenta que podemos volar al caer en los abismos o en el mismo infierno que vive hoy nuestro país por la violencia.

No podía callar mi mente, había tiempo para dialogar o discutir con ella; eran los “días santos”, vacaciones y yo me quedé en casa a leer, a escribir, a realizar algo de ejercicio. Sin embargo, al ver en las noticias la horrible matanza de Minatitlán, viene a mí el recuerdo de un infierno que quema a nuestra sociedad, a nuestro país, una violencia que no para ni en los “días santos”, ni en vacaciones; las cifras oficiales nos dicen que el primer trimestre del 2019 es el más violento en la historia del México moderno, con más de ocho mil asesinatos en forma violenta.

Lo sencillo será culpar al gobierno actual, a la famosa cuarta T, pero lo cierto es que este lastre lo venimos arrastrando como un ritual sangriento que repetimos sin darnos cuenta. Combatir al narco usando como táctica una guerra y no por medio de una estrategia o control financiero conlleva al uso de la fuerza militar, sin pensar que en medio de esta confrontación está una sociedad civil que en ocasiones puede sufrir los daños colaterales; personas que a pesar de esta violencia tenemos fe en el gobierno, en las instituciones. La pregunta cruel será: ¿Hasta dónde nos alcanzarán la fe y la esperanza en nuestro deseo de poder vislumbrar un cambio?

Con tanta muerte de inocentes, como la del pequeño niño de uno año en Minatitlán que nos indigna, a veces pareciera que lo ideal sería hacer un pacto con “los malos”, con los narcos, motivados por nuestro dolor. Sin embargo, ¿quién pacta con el dolor y el vacío que nos dejan nuestros muertos, nuestros desparecidos? Un diálogo o pacto con la delincuencia resulta impensable, para que nuestras esperanzas de cambio no se hagan cenizas y no se quemen nuestras alas de cambio, de paz.

¿Qué sigue? En verdad se necesita a un mesías o un mesiánico para un pueblo con temor, lleno de violencia, de desconfianza en el mañana por no saber si amanecemos o no; porque tal vez por ahí, en una calle, una bala nos lleva a una despedida rápida, cruel, del mundo, de nuestro México. O tal vez unos policías llegan a nuestro departamento con chantajes, amenazas… al final nos tiran al abismo desde el piso 14 y las alas ese día se las había llevado el diler, mientras las autoridades gubernamentales se culpan unas a otras.

La prioridad para el gobierno actual se ve que son los pobres, en un México tan necesitado y vulnerable es justo, con tantas diferencias sociales puede que sea lo correcto. ¿Pero nos afecta más la pobreza o que nos quiten la vida? El hambre, la pobreza y las desigualdades se corregirán si se aplican correctamente las políticas que impulsa nuestro Presidente, pero ¿Las balas se detendrán por un decreto? Los desparecidos, los muertos ¿resucitarán por nuevas leyes? ¿Habrá un domingo de resurrección?

Creo que no tenemos un mesías en México, tampoco vendrá Jesús a decirnos: Levántate y anda, México. Así que juntos a construir alas, la sociedad unida desafía los abismos y el infierno de la violencia.



« Redacción »