Opinión Editorial


Lágrimas, risas y amor


Publicación:14-10-2020

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Dicen que, en tiempos de pandemia, quienes ríen son los vendedores de pañuelos

Es el título de una revista mexicana de historietas románticas, presumiblemente la más popular en su género en Hispanoamérica, cuya célebre autoría fue de Yolanda Vargas Dulché. Como rasgo particular de las novelas de la historietista, era que el villano principal, en vez de ser uno de los personajes, siempre sería el destino. El provocador título de la novela viene a colación por la dispar realidad social exacerbada por la pandemia donde, a diferencia de las novelas, obliga a aprender de ella y cambiar la mala estrella.

Dicen que, en tiempos de pandemia, quienes ríen son los vendedores de pañuelos. La semana pasada salió un apabullante estudio de la BBC de Londres afirmando que la fortuna de los 2,189 mayores multimillonarios se había incrementado 27.5% durante la pandemia.  A esos económicamente privilegiados les fue extraordinariamente bien con incrementos, en solo cuatro meses, del 44% en el valor de sus acciones. Algunos sonrientes empresarios fueron Jeff Bezos de Amazon y Elon Musk de Tesla, pero también los acaudalados empresarios chinos de empresas tecnológicas quienes han incrementado su fortuna en 1,146% en los últimos 11 años.

Del otro lado del puente están millones de personas llorando amargamente la quiebra de sus empresas y la extinción de oportunidades laborales.  Según un crudo reporte de la semana pasada del Banco Mundial, la pobreza extrema global se incrementará por primera vez en más de dos décadas.

Hablando solo de los 650 millones de latinoamericanos, la CEPAL estima que 52 millones podrían sumarse a la pobreza y 40 millones más perderán su fuente de empleo. La región verá cerrar sus puertas al 20% de las empresas y retrocederá monetariamente 15 años, alcanzando los niveles de pobreza que se tenían en 2005 y claro, no todo se debe a la pandemia. La altamente corrupta región tiene un 58% de su población económicamente activa trabajando en la informalidad y carece de sistemas fiscales confiables que permitan una justa redistribución de la concentrada riqueza. Más aún, considerando que solo el 12% de los trabajadores tienen derecho a un seguro por desempleo, comparado con el 44% en EE.UU. y Europa, Naciones Unidas predice que 16 millones de personas en la región podrían enfrentarse a una grave escasez de alimentos.  

La preocupante asimetría entre los pocos que ríen y los muchos que lloran podría romper el contrato social, hoy soportado por una endeble y menguante clase media, detonando un inmenso conflicto social. Parecería que el mundo capitalista está amenazado por una bomba de tiempo, una olla de presión social a punto de explotar y una voz que clama justicia. ¿Cómo es eso posible? Ya decía Winston Churchill que el capitalismo (democracia) era el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás inventados.  La libre competencia, la apertura de mercados y la ley de la oferta y la demanda, características del capitalismo, han generado el mayor crecimiento en la historia de la humanidad. Pues bien, la pandemia ha expuesto al desnudo el otro lado de la moneda, ha probado uno de los grandes defectos fundamentales del capitalismo y su hermana, la democracia; la avaricia y la mezquindad de los ricos, felizmente, no todos. Ahora bien, por lejano que parezca, al menos por el lado de la codicia humana, la situación se puede enmendar.

La solución ante la injusta y ofensiva brecha entre unos y otros, es la tercera palabra del título del artículo, amor, traducido en una auténtica responsabilidad social empresarial. Los líderes virtuosos de las grandes empresas, sin echar mano del politizado aparato redistributivo del Estado, podrían garantizar un equilibrio social contemplando la dignidad humana de sus trabajadores. Con caridad cristiana, con amor, los empresarios estarían en posibilidad de limar las asperezas de las clases sociales. Es pertinente recordar la frase de John F. Kennedy que reza: "Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos".

La carga de ayudar a los pobres no reside solo en los empresarios. Todos estamos convocados a una fraternidad abierta considerando que, aunque no estemos todos en el mismo barco, si surcamos los mismos mares y también tenemos, a veces sin reconocerlo, un mismo destino etéreo. No hay tiempo que perder. Debemos cambiar como sociedad pues el abismo que se vislumbra es muy profundo y tiene matices de resentimiento y revancha.  Afortunadamente, el ser humano es cocreador de su propio destino y, a través del amor, logra ser copartícipe en el diseño y construcción de un mundo mejor.

Para tal efecto Alejandro Magno decía: "Tras la conducta de uno depende el destino de todos". Como colofón cito la advertencia del Papa Francisco en su carta encíclica Fratelli Tutti: "Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites". En el fondo "no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar".



« Eugenio José Reyes Guzmán »