Opinión Editorial


Lactancia materna salva vidas


Publicación:04-08-2020

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Este año el tema central no sólo es proteger la salud de los amamantados, sino apoyar la lactancia materna porque contribuye a un planeta más saludable

     Desde la Declaración de Innocenti, formulada en agosto de 1990 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna en más de 170 países, entre ellos México. Este año el tema central no sólo es proteger la salud de los amamantados, sino apoyar la lactancia materna porque contribuye a un planeta más saludable.

     

     Esta celebración busca fomentar la alimentación infantil al seno materno, por contribuir al bienestar integral del recién nacido y ser una de las mejores inversiones para salvar vidas de niños y niñas. Aparte de ser uno de los fluidos corporales más valiosos y maravillosos, es también un recurso renovable que no contamina y sus características nutricionales ayudan a la salud infantil y de las madres que amamantan, siendo una práctica ecológica que impacta favorablemente al medio ambiente y al bienestar colectivo.

     

     La OMS recomienda alimentar a los bebés de manera exclusiva al seno materno los primeros seis meses de vida y hasta los dos años como mínimo, complementada con otros alimentos inocuos. Aunque los investigadores no terminan por descifrar la complejidad de las sustancias que componen la leche materna, es posible afirmar que los beneficios que aporta al bebé son irremplazables y bastante lejos de ser substituidos por ninguna fórmula.

     

     A simple vista la leche es una mezcla de grasas, proteínas y azúcares, mas es un alimento ´vivo´ que contiene células del sistema inmunológico de la madre, células madre regenerativas y miles de moléculas bioactivas, la cuales protegen de infecciones y alergias a lo largo de la vida. Es un alimento inteligente, ya que se transforma y adapta a las diferentes necesidades del bebé a medida que crece y se desarrolla. Es, por tanto, el alimento perfecto, ya que suministra de forma equilibrada la cantidad y calidad de nutrientes precisos.

     

     Además de ser un pilar para el sistema inmune, previene la obesidad infantil, fortalece el sistema respiratorio, disminuye la aparición de caries, mejora la digestión sin diarreas ni estreñimientos, favorece la visión al disminuir la incidencia de miopía y evita enfermedades degenerativas, tales como el cáncer, la diabetes, la osteoporosis y los problemas de piel.

     

     En cuanto al desarrollo de la inteligencia, los bebés alimentados al seno materno promedian coeficientes intelectuales más altos y presentan mejor desarrollo psicomotriz y del lenguaje. Por si esto fuera poco, beneficia el aspecto emocional, ya que niñas y niños amamantados desarrollan una personalidad más segura e independiente y son por demás sociables.

     

     Las bondades no son exclusivas para el bebé. La mujer que amamanta presenta menor incidencia de depresión postparto y obesidad, menos riesgo de padecer cáncer de mama, ovárico o cérvico-uterino y más baja prevalencia de osteoporosis y artritis, siendo fácil, práctico, higiénico y gratuito amamantar, al ahorrar dinero y tiempo en preparar fórmulas y limpiar biberones.

     

     Por ello, organismos públicos y privados trabajan y unen esfuerzos con la meta común de impulsar la práctica de la lactancia a través de guías, normas y leyes. Un ejemplo es Nuevo León, donde desde el 2016 está vigente la Ley de Protección, Apoyo y Promoción de la Lactancia Materna, impulsada por el Partido del Trabajo en conjunto con diferentes agrupaciones civiles, para la práctica adecuada de alimentación del lactante y así garantizar su salud, óptimo desarrollo y crecimiento con base en el interés superior de la niñez.

     

     En México, con base en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), el porcentaje de recién nacidos que en la primera hora de vida se les amamantó con calostro (leche rica en factores de protección), pasó de 38.3% en el 2012 a 47.7% en el 2018. En ese mismo lapso, el porcentaje de bebés alimentados exclusivamente con leche materna los primeros seis meses, aumentó de 14.4% a 38.6%. Y el porcentaje de infantes que continuaron lactando hasta los dos años, subió de 14.1% al 29%.

     

     Tenemos mucho trabajo para garantizar la alimentación del bebé al seno materno, como derecho fundamental para el desarrollo de sus potencialidades humanas. En la alimentación óptima está de por medio la salud y el bienestar de las próximas generaciones y más aún frente a la pandemia del Covid-19, que hace necesario proteger la lactancia materna como una estrategia efectiva que salva vidas, previene infecciones y fortalece la salud tanto de bebés como de mamás, además de impactar en la inteligencia cognitiva y psico-emocional, así como en el menor gasto de tiempo y dinero de las familias mexicanas.

     

     ¡Digamos sí a la lactancia materna!



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